¿'Brexit'? Ya veremos

Está por ver si con su salida Reino Unido va a poder conseguir independizarse de la UE para garantizarse un ejercicio pleno de soberanía. Les va a resultar peor el remedio que la enfermedad

GABINO REGALADOCORONEL. DOCTOR EN CIENCIAS POLÍTICAS. EXPERTO EN SEGURIDAD EUROPEA

El 23 de junio de 2016 Reino Unido votó su retirada de la Unión Europea (UE) y el 27 de marzo de 2017 notificó al Consejo Europeo su intención de abandonar la Unión. A partir de ahí se abre un período de negociación entre el Reino Unido y la UE para llegar a un acuerdo que establezca la forma de su retirada. Los tratados dejarán de aplicarse a Reino Unido a partir de la fecha de entrada en vigor de dicho acuerdo de retirada o, en caso de no alcanzar un acuerdo, a los dos años de la notificación (es decir, el 27 de marzo de 2019), «salvo si el Consejo Europeo, de acuerdo con dicho Estado, decide por unanimidad prorrogar dicho plazo de 2 años» (artículo 50 del Tratado de la UE).

Mi primera experiencia con británicos fue a mediados de los 90 en un curso en el Centre for Defense Studies del King's College (Universidad de Londres) y descubrí su dinamismo, pragmatismo y asertividad, pero también su rigidez y tozudez. Aprendí que en su lengua no se conjuga el verbo 'enrollarse'. Y lo he confirmado a lo largo de años que he trabajado junto a ellos en destinos y operaciones en el exterior. Pues bien, parece que el Consejo Europeo va a aplicarles la misma medicina pues en sus directrices para la negociación entre la Unión y Reino Unido ha decidido que sean los británicos quienes asuman, con toda su crudeza, las consecuencias de su decisión de abandonar la UE. No va a haber condescendencia tanto por coherencia (quien la hace la paga) como por pedagogía (aviso a navegantes)

Ciertamente, esta 'salida' de la UE parece que ha venido a corregir una anormalidad pues refleja la peculiar visión británica de sí mismos con respecto al mundo y a Europa ya expresada por W. Churchill en su famoso discurso (Universidad de Zurich, 19 septiembre 1946) en el que defendía la necesidad de construir los «Estados Unidos de Europa» con el apoyo, desde fuera, de Reino Unido y la Commonwealth, EE UU y la Rusia soviética.

Los británicos, fieles discípulos de Bacon o Newton, razonan a posteriori, es decir, parten de la experiencia. Así, Reino Unido rehusó integrarse en la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA) en 1951, en la Comunidad Europea de Defensa (CED) en 1952, en la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom) en 1957. Ahora bien, cuando fue evidente, que la CEE era un éxito, los británicos abandonaron su Asociación de Libre Comercio (EFTA) y solicitaron el ingreso.

Lo intentaron en 1961, pero el presidente francés De Gaulle lo vetó al considerar que Reino Unido no tenía ningún entusiasmo integrador ni creía en el método comunitario (soberanía compartida). La razón de su ingreso en las comunidades era para acercar el ascua a su sardina. Por ello, desde su ingreso en enero de 1973, Reino Unido ha mantenido una relación conflictiva con la construcción europea, arrogándose un estatus de relación especial con Bruselas caracterizado por las 'excepciones' respecto a los demás miembros.

Todo ello explica por qué Reino Unido ha optado por salir de la UE. Ahora bien, lo que está por ver es si realmente va a poder conseguir con ello independizarse de la UE para garantizarse un ejercicio pleno de su soberanía. Más bien, creo que les va a resultar peor el remedio que la enfermedad porque seguirán siendo dependientes de la UE solo que sin poder influir en el devenir de la construcción europea en beneficio propio. ¿Se puede uno independizar de algo de lo que ya es inevitablemente dependiente?

Los países fundadores, europeos continentales, influenciados por el pensamiento de Santo Tomás y los escolásticos, razonan a priori, es decir, de principios generales hacia la aplicación práctica. Así, las comunidades europeas surgieron como aplicación práctica de la teoría funcionalista que proponía la transferencia de funciones específicas desde los estados a organizaciones supranacionales, lo que comportaría de forma inevitable un incremento de las interdependencias entre los estados nacionales, con lo que se reducirían cada vez más las posibilidades de recurrir a la guerra para solucionar los conflictos.

Ahí está la cuestión fundamental, porque con el paso tiempo, ¡y Reino Unido lleva ya 44 años en la UE!, el nivel de interdependencia entre los estados miembros de la UE se ha ido incrementando, haciéndose más compacto, de forma que las partes integrantes nos vamos progresivamente fundiendo como un magma en un ente supranacional común. ¿Se pueden separar las aguas de un río de las del mar a las que han ido a desembocar? ¿Se puede revertir este proceso y replicar a nivel nacional todo lo creado hasta ahora a nivel europeo?

A todas luces es imposible en los dos años previstos en el Tratado, por lo que Reino Unido está obligado a alcanzar un acuerdo con la UE. Parte de una posición de desventaja en la negociación.

Por lo tanto, ya veremos. Lo más probable es que la salida sea más aparente que real: se oficializará su salida para que el Gobierno británico salve la cara ante su electorado, disponiendo de largos períodos de transición en todos aquellos aspectos en los que la dependencia de Reino Unido respecto a la UE hace inasumible su independencia. Ahora bien, Reino Unido perderá su capacidad de influir en el devenir de la construcción europea. Cuando sea oportuno e interesante, volverá a intentar ingresar en la Unión.

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