Atentar no es tan difícil

Operaciones terroristas como la de Niza o la de Nueva York no son apenas planeadas. No importándote morir, son sencillas y baratas. El único arma que necesitaban era un carné de conducir

INOCENCIO ARIASDiplomático

Un inglés muerto es noticia, cinco alemanes muertos son noticia y nunca ocurre nada en Afganistán». La frase campeaba en el despacho del director de un diario londinense hace décadas. Indicaba a sus redactores que una tragedia con una persona en Gran Bretaña podía ser noticia. Lo mismo con sesenta seres humanos en Afganistán tenía ínfimo interés para el lector.

Hoy no podemos decir que nunca ocurre nada en Afganistán, las peripecias de ese país que acogiera al canalla de Bin Laden, la guerra que siguió, etc… son una de las causas, no pensemos que la única, del crecimiento del terrorismo. Ahora bien, nos sigue llamando infinitamente más la atención, el suceso violento ocurrido en nuestras sociedades occidentales. El etnocentrismo continúa pujante. Finalmente, si el hecho luctuoso ocurre en Estados Unidos, el eco mundial es aún mucho mayor. Es la nación líder del mundo, la cabeza, para los islamistas, de los odiosos infieles, un lugar de gran eco mediático donde hay corresponsales de todos los periódicos del planeta.

Cualquier atrocidad allí obtiene repercusión mundial. Eso es lo que quieren los terroristas. Salir a todo trapo en la prensa. Nueva York resultaba el sitio ideal para la bestial acción del terrorista uzbeko. Celebraba el día de Halloween; hay un desfile al que asisten decenas o centenares de miles de personas.

Bastantes terroristas no escogen las fechas al azar. La masacre de Atocha, fueran quienes fueran sus mentores o autores, fue realizada con el evidente propósito de influir en las elecciones de aquellas fechas. Con éxito. Se apunta que el Gobierno de Aznar manejó torpemente el hecho y el votante le castigó. La deducción no es descartable pero sin el atentado no habría habido ninguna actuación, mala o buena, del Gobierno del PP. Las elecciones habrían ocurrido normalmente y todas las encuestas daban ganador a ese partido.

En otras ocasiones, los terroristas actúan para acrecentar la aparente división de un país, en Gran Bretaña al lanzarse el ‘Brexit’, en las Ramblas de Barcelona en medio del conato separatista, etc…El objetivo es fomentar la división, la inestabilidad. No siempre lo logran aunque algún detalle de los Mossos («no exagere señora magistrada») produjo, por su ingenuidad, aprensiones y críticas en otras fuerzas del orden. En cierto casos, los criminales escogen fechas de relumbrón, los 86 asesinados en Niza lo fueron justo en la fiesta nacional, en Boston el dia de su famosa maratón y ahora, en Nueva York, Halloween. Como recoge ‘Rumiyah’, la publicación en Internet de ISIS, el buen terrorista debe buscar aumentar el número de muertos: después de abandonar el camión con el «que se aplasta» a peatones hay que seguir matando con cualquier arma hasta «que seas martirizado».

Esta filosofía, machaconamente inoculada por el Internet, nos plantea un enorme problema. Es difícil detectar a cualquier joven que está dispuesto a morir convencido de que si se sacrifica ajusticiando a ‘infieles’ irá directamente al paraíso donde, entre otras cosas, tendrá 77 bellas vírgenes a su disposición.

Me asombro cuando oigo a comentaristas sensatos razonar que el atentado de la sala de fiestas Bataclan de Paris y el del paseo de Niza son operaciones muy bien planeadas. ¿Por qué? En mi opinión, no importándote morir, son sencillas y baratas. En Niza y Nueva York la única arma que necesitaban era un carnet de conducir. Alquilan un camión e irrumpen en una calle frecuentada. Que logren matar a ocho (Nueva York) u 86 (Niza) es irrelevante. Te han prometido la salvación y el goce de las vírgenes. En la sala parisina la tarea tampoco era muy complicada. Adquieres una ‘kalachnikof’( menos de mil euros en el mercado negro belga), abates al portero si lo hay, entras y comienzas a disparar indiscriminadamente. En un espacio atestado, en un santiamén has eliminado a treinta, cuarenta personas. La policía que acude acaba contigo pero, ¿qué importa? Entras, sin examen, en el paraíso.

La cosecha abundante de terroristas suicidas hace difícil acabar con el terrorismo. Hay que hacerse a la idea de que lo de Nueva York se va a repetir. La policía, la nuestra, por ejemplo, puede ser eficaz, puede infiltrarse hábilmente en ambientes donde se incuba esta plaga -no debemos ser cicateros dándoles medios para ello- pero es complicado adivinar donde va a surgir un lobo solitario, un hombre como el uzbeko que no ha mostrado ninguna veta extremista desde que llegó a Estados Unidos y se ha emborrachado funestamente, probablemente sin cómplices, a través de las redes sociales. El Isis, derrotado en Siria, debe, además, probar que está vivo

Los estadounidenses no se amilanan. Los neoyorquinos acudieron al desfile diciendo: «no voy a dejar que los terroristas condicionen mi vida». El atentado podría, con todo, incidir en la política restrictiva migratoria de Trump abortada por los tribunales. El uzbeko entró en el 2010 en Estados Unidos al amparo de «la lotería del visado», un programa por el que Washington sortea anualmente 50.000 visados entre peticionarios de todo el mundo. La idea es generosa aunque sus detractores denuncian que los consulados americanos no tienen medios para supervisar bien los antecedentes de los solicitantes. Lo del martes ayuda a los críticos.

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