ETA ante su final, el pueblo como excusa

Leídas las misivas, salvo por el exquisito tono de urbanidad y un guiño al feminismo, resulta aburrido reconocer los mismos intentos vanos de justificación y la misma retórica vacía

JESÚS PRIETO MENDAZAAntropólogo y escritor

No resulta fácil escribir sobre las últimas declaraciones de la organización terrorista ETA, o quizás debiéramos ya decir organización exterrorista. Por un lado, la carta enviada, en circunstancias un tanto extrañas, el miércoles día 2 de mayo y sobre la declaración final, supuestamente leída por Josu Ternera (quien fuera parlamentario vasco gracias a la generosidad de nuestro vilipendiado sistema democrático) conocida ayer jueves día 3. Y no lo es puesto que en cualquier momento puede surgir una nueva sorpresa y, además, porque está por ver cómo se desarrolla la representación simbólica de ese final hoy en Canbo-les-Bains, ante la cual muchos sentimos simplemente tedio y una más que urgente necesidad de que pase cuanto antes. Y es que leídas una y otra vez las misivas, salvo por el exquisito tono de urbanidad con el que comienzan (se atribuye a Winston Churchill la terrible frase que dice que «hasta para asesinar a un hombre se debe ser cortés») y un guiño al feminismo, resulta aburrido reconocer los mismos intentos vanos de justificación y la misma retórica vacía: «...nuestra referencia definitiva fue la Conferencia de Aiete, los estados español y francés perpetúan el conflicto, deseamos cerrar un ciclo de conflicto, ETA nació porque Euskal Herria agonizaba y gracias a nosotros ahora existe un pueblo vivo, queremos hacer una aportación al camino de la paz, reconocemos el sufrimiento de todas las partes, ofrecemos nuestra responsabilidad y honestidad de siempre, los estados tienen miedo a la democracia, nosotros no…»

«…ETA se formó del pueblo y al pueblo vuelve…» nos dicen en su epístola los hasta hace poco terroristas. Es probable que piensen, en su enseñoreada ficción, que resulta novedosa esa alusión al pueblo. No lo es, y su empeño en justificar la sangre vertida en nombre de un pueblo ya ha sido utilizado por todas las ideologías totalitarias del mundo. En nombre del pueblo alemán hizo Hitler lo que hizo con millones de judíos; igualmente utilizó el terror Mussolini en nombre del pueblo italiano; nuestro dictador, Franco, justificó los asesinatos y los muertos en las cunetas para salvar al pueblo español; Ante Pavelic, apoyado por sus ustachas, aliados del nazismo, luchó por la independencia del pueblo croata utilizando el asesinato para conseguirlo; la libertad del pueblo flamenco fue esgrimida por De Clerq, líder del Partido Nacionalista Flamenco (VNV) para colaborar con la Wehrmacht; por el bien del pueblo soviético Joseph Stalin utilizó el GULAG, masacrando en sus campos de concentración a miles de ciudadanos; en nombre del pueblo de Camboya, Pol Pot y sus Jemeres Rojos asesinaron sin piedad a hombres, ancianos, mujeres y niños; en nombre del pueblo argentino ciertos militares torturaron y desaparecieron a miles de personas en la Escuela Mecánica de la Armada; en nombre del pueblo español también asesinaron el BVE y los GAL y la lista podría ser interminable. ETA y su cohorte de ayudantes no han sido una excepción, aunque estos días pretendan, de forma más patética que heroica, justificar su pasado. Escribía Miguel Hernández en su poemario 'Viento del pueblo': «Hombres veo que de hombres/ sólo tienen, sólo gastan/ el parecer y el cigarro, / el pantalón y la barba. Valientemente se esconden, /gallardamente se escapan/ del campo de los peligros/ estas fugitivas cacas, / que me duelen hace tiempo/ en los cojones del alma. / Para salvar vuestra piel/ las madrigueras no os bastan».

Es probable, representaciones anteriores así lo han confirmado, que el acto de hoy viernes en Cambó sea una liturgia que pretenda otorgar una pátina de dignidad a la indignidad de décadas. La propia ETA insiste en que ha decidido cesar en su actividad por decisión propia, es decir, como gesto de buena voluntad, y como consecuencia del cambio estratégico de la Izquierda Abertzale (clarificadora confesión de las relaciones existentes, tantas veces negadas, entre los pistoleros y quienes les daban apoyo logístico, además de justificación política. ¡Si Baltasar Garzón hubiera tenido esta declaración en su día!). Sería realmente interesante para la ciudadanía leer el Informe Nº 3 del Centro Memorial de las Victimas del Terrorismo, firmado por Florencio Domínguez, sin duda uno de los mayores estudiosos del terrorismo de ETA, en el que desmonta esta teoría para desarrollar, punto por punto, todas las actuaciones policiales, políticas, de inteligencia y de colaboración franco-española que forzaron a la banda a anunciar su renuncia al terrorismo el 20 de octubre de 2011 y a recurrir, mediante la intercesión de la Izquierda Abertzale y Lokarri, a los grupos de mediación internacional GIC y CIV. Resulta también ciertamente curioso que el lugar elegido sea Villa Arnaga, la mansión construida por Edmond Rostand, dramaturgo y furibundo patriota francés, en una época de profundo dolor identitario por la pérdida de Alsacia-Lorena en 1870, y poseedor de la Legión de Honor. En ese entorno, el viernes veremos, si en ese deseo de lavar el pasado, como a Cyrano de Bergerac, a algunos les crece de forma exagerada la nariz.

Aun así, no podemos olvidar la buena nueva, y la buena noticia es que ETA se va, aunque no se nos aclare, cuestió n ésta inquietante, cómo van a luchar sus ex militantes por la independencia y consecución de un Estado Vasco. Y ante este final, dejemos ya de hablar de los victimarios y su intento de lavar la infamia. Es justo que nos fijemos en quienes no podrán asistir a Cambó por estar bajo tierra. En estos momentos deseo recuperar la memoria de las víctimas; y por ellas, con proyección de futuro, sin amnesia, bueno sería recordar de nuevo a Miguel Hernández en su poema 'Las manos': «¿Quién lavará estas manos fangosas que se extienden al agua y la deshonran, enrojecen y estragan? Nadie lavará manos que en el puñal se encienden y en el amor se apagan».

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