¿Hasta cuándo almacenará Garoña sus residuos?

JOSÉ ANTONIO ABASOLO

Se ha sabido ahora, al hacerse firme su cierre, que Garoña tiene dificultades para desprenderse de su basura atómica. Tendrá que almacenarla en la misma central, pero ¿hasta cuándo? ¿Hasta los 50 años de vida de su Almacén Temporal (ATI), o hasta los cien que habrá que esperar hasta que exista un Almacén Geológico Profundo?

El pasado 3 de agosto, al día siguiente del anuncio oficial del cierre definitivo de la central de Santa María de Garoña, una mujer de un pueblo de Tobalina, el valle en el que se alza la instalación, relativizaba, ante una cámara de ETB, las consecuencias de la noticia con la siguiente frase: «A mí me parece bien que se pare ya, pero lo que me tiene preocupada es lo que nos vayan a dejar dentro». La inquietud de la clarividente mujer ya tiene una respuesta. Lo que nos dejan son 218 toneladas de combustible gastado (uranio irradiado) que no pueden estar en contacto con la atmósfera. Los átomos de uranio se inestabilizan (al bombardearse su núcleo con neutrones) en el interior del reactor nuclear y para volver al equilibrio emiten, durante milenios, una serie de partículas o de ondas electromagnéticas que, aunque no se ven a simple vista, pueden ser nocivas, e incluso mortales, si penetran en el organismo humano. El combustible 'quemado' de Garoña está sumergido ahora en una piscina dentro del complejo energético, pues el agua neutraliza sus emisiones, pero en cuanto se inicie el desmantelamiento de la planta, tendrá que ser extraído e introducido en unos contenedores herméticos de acero y hormigón. El plan existente en 2011 era trasladarlos al Almacén Temporal Centralizado que entonces se comenzaba a construir en Villar de Cañas (Cuenca), pero la obra del ATC está parada, por lo que la Empresa Nacional de Residuos Nucleares (Enresa) admite que tendrán que depositarse, de manera provisional, en un Almacén Temporal Individual (ATI) que ya se está habilitando en Garoña. Lo que no se concreta, y esa es la duda de la vecina de Tobalina que no está aclarada; hasta cuándo durará esa provisionalidad.

El Consejo de Seguridad Nuclear dice que un ATI alberga combustible irradiado de la central en la que esté «hasta su traslado, bien a una instalación de reproceso, a un ATC, o bien a un Almacén Geológico Profundo (AGP)». De este enunciado se desprende que en caso de desistirse del reproceso, como se ha decidido implícitamente, o de no existir un ATC hecho o previsto para dentro de un plazo razonable, el consejo deja abierta la posibilidad de que los residuos permanezcan en los ATI de cada planta, se supone que con la aplicación de las mejoras que sean precisas, más allá del plazo de 50 años de actividad para el que han sido diseñados. Incluso hasta los 100 que habrá que esperar, según las previsiones más optimistas, para que exista un AGP en España. Y es que de no reactivarse la obra del ATC de Villar de Cañas no cabe otra alternativa, y esa posibilidad cada vez se ve como más lejana en la medida en que todas las centrales atómicas españolas tienen almacenes individuales ya construidos, en obra o en trámites de autorización. Si esta situación llega a consolidarse, todas las nucleares tendrían que almacenar sus residuos de uranio irradiado, y otros de peligrosidad similar, dentro de sus recintos durante un siglo. Es decir, decenios después de ser desmanteladas. Eso ya está ocurriendo en la planta José Cabrera de Zorita de los Canes (Guadalajara), que paró en 2006 y está a punto de culminar su desmontaje sin que existan perspectivas de la retirada de sus residuos más peligrosos.

Los Almacenes Temporales Individuales (ATI) se basan fundamentalmente en una gruesa plataforma de hormigón diseñada para prevenir el efecto de terremotos. Sobre esta peana, que en algunos casos es techada y en otros a cielo abierto, se colocan los contenedores que contienen las barras con uranio irradiado. Se trata de unos depósitos cilíndricos de unos cuatro metros de alto por dos y medio de ancho. La totalidad del ATI de Garoña podría costar en torno a 100 millones. Es una cantidad que habrá que sumar a los 200 en que se estima el presupuesto del desmantelamiento de la central, de los que Enresa asumirá la mitad. Las operadoras de cada planta han aceptado repartirse con Enresa (a pesar de que los ATI son una inversión a cubrir por la empresa estatal de residuos), parte del coste de esos almacenes individuales. Lo hacen a sabiendas de que su coste puede duplicar los 700 millones de presupuesto que tenía la planta de Villar de Cañas en 2010.

Y todo ello, a pesar de que la protección ante un escape radioactivo de estos ATI será inferior a la de un almacén temporal centralizado. Hay empresas eléctricas que prefieren seguir adelante con esta opción al estar convencidas de que el Gobierno les permitirá prolongar, más allá de sus 40 años de vida útil, el funcionamiento de sus plantas, y que acabará recortando o anulando los fuertes impuestos ambientales que aprobó en 2012. Esos años que una de ellas (Iberdrola) estima que convierten las plantas en económicamente inviables. Las que apuestan por seguir adelante necesitarán, si consiguen prórrogas sin esos altos impuestos, tener almacenes individuales en sus plantas porque sus piscinas de barras irradiadas agotarán su capacidad en un plazo de dos o tres años. El ministro de Industria no cuestiona sus expectativas, pues ya declaró que lo decidido para Garoña no predetermina lo que se acuerde para otras centrales.

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