Más allá de las banderas

Con iniciativas similares sobre nuevos impuestos a la banca, el PSOE y Podemos han iniciado ya una enconada disputa por la hegemonía de la izquierda

Alberto Surio
ALBERTO SURIO

Pablo Iglesias rompió ayer en el Consejo Ciudadano de Podemos su hermético silencio de las últimas semanas. Hizo una autocrítica a medias sobre su fracaso electoral en Cataluña. Volvió a exhibir un perfil de ruptura con el sistema político y obvió la ambigüedad de su formación ante la apuesta del Govern catalán por ejercer el derecho de autodeterminación al margen de la legalidad, que ha tenido un elevado coste de imagen en una sociedad muy polarizada en claves identitarias. Reiteró su contestación a la Monarquía y rescató la confrontación con el Partido Socialista «que no quiere una moción de censura a Rajoy». Podemos vuelve a ubicarse extramuros del edificio del consenso constitucional y recupera el relato del 15-M para reactivar a un electorado que se ha desmovilizado.

Tras estas palabras se esconde, para Iglesias, un paisaje desolador para la socialdemocracia como proyecto de cambio histórico en toda Europa. Le viene como anillo al dedo la posible gran coalición alemana entre la democracia cristiana y la socialdemocracia. Un previsible pacto que ha sido acogido como un saludable mensaje de estabilidad para Alemania y para el futuro de Europa pero que, a la vez, encierra riesgos para la supervivencia del SPD de Martin Schulz, que había tocado fondo en las últimas elecciones, con los peores resultados de su historia, que fueron interpretados como un duro castigo a su participación en la entente y que llevaron al líder socialdemócrata a rechazar de plano la alianza.

Cinco meses después, el peligro de colapso y de nuevas elecciones, con posibilidad de un descalabro en las urnas, ha llevado al SPD a ceder. Aparentemente, no consigue logros muy visibles, acepta la visión de la derecha sobre las cuotas de inmigración y tendrá que conformarse con más fondos económicos a políticas educativas y de ayuda a los dependientes, lejos de sus pretensiones iniciales. ¿Es suficiente ese giro? Los jóvenes socialdemócratas creen que no y por eso harán una activa campaña en contra del pacto.

La oposición de los jóvenes socialistas alemanes al acuerdo con Angela Merkel da idea de la fractura generacional abierta en el seno del centro-izquierda europeo. El mensaje de Iglesias hurgaba ayer en la herida, aunque Podemos sufre también una crisis de proyecto que tiene mucho que ver con su sobreexposición mediática y con la coctelera ideológica que representa. El malestar de Izquierda Unida con el funcionamiento de la coalición con Podemos es revelador a este respecto. El debate está abierto en canal.

La última propuesta del PSOE para crear un impuesto a la banca que contribuya a garantizar el futuro de las pensiones se enmarca en este convulso contexto ideológico. Es un guiño dirigido a recuperar una parte del electorado que en su momento se fue a Podemos. Pero refleja algo más profundo. Sánchez ganó las primarias con un mensaje de izquierda. Con su iniciativa, la dirección del socialismo español quiere rescatar señas de identidad de la socialdemocracia perdidas en los últimos años y superar la desafección de los jóvenes. Una pretensión bien difícil. De hecho, Podemos se ha apresurado a anunciar un proyecto legislativo en la misma dirección en los próximos días. Ese es el asunto de fondo que pone de manifiesto el inicio de una feroz batalla por la hegemonía de la izquierda.

La discusión sobre estas propuestas -que el PP y Ciudadanos rechazan de plano- tiene una virtualidad: colocar la cuestión de la justicia social y la desigualdad en el centro de gravedad después de comprobar los gravísimos destrozos provocados por la crisis financiera. El dato de que 77.000 millones de euros de las arcas públicas fueran destinados al rescate de los bancos -con efectos sobre su cuota de mercado, la mejor capitalización o la salud de sus balances- tiene la suficiente gravedad como para reabrir una reflexión en profundidad sobre lo que realmente significan palabras como populismo, demagogia y solidaridad. Y tiene una gran virtud. Demostrar que hay vida más allá de las banderas.

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