Albert Rivera en Euskadi

La posición de Ciudadanos en torno al Concierto económico recuerda el rechazo de los liberales progresistas del siglo XIX a los fueros vascos

PEDRO JOSÉ CHACÓN DELGADOPROFESOR DE HISTORIA DEL PENSAMIENTO POLÍTICO DE LA UPV-EHU

Si algo me recuerda la posición de Albert Rivera y Ciudadanos a propósito de la aprobación de la ley que acaba de actualizar el régimen de Concierto Económico y el Cupo es al liberalismo progresista en Euskadi. Una posición histórica complicada, difícil de explicar y más aún de sostener e incluso marcada en algún caso por la tragedia, como ocurrió por ejemplo con Gregorio Balparda, representante egregio de ese sector ideológico vasco. Lo que hay que descartar es que Ciudadanos, por su posicionamiento contra el Cupo -como se ha oído estos días-, sea de extrema derecha. ¿O es que además de asimilar erróneamente foralidad con nacionalismo vamos a convertir a este último en el fiel de la balanza para clasificar a los partidos de ámbito estatal?

El partido de Albert Rivera es liberal y además -respecto de su rechazo a la foralidad vasca- de estirpe progresista. En efecto, durante los primeros compases del régimen foral tras la primera guerra carlista, y quitando la figura del tradicionalista Pedro Novia de Salcedo, todos los demás actores políticos principales fueron liberales, y entre estos hubo una minoría de progresistas que rechazaron los fueros vascos como residuo del Antiguo Régimen. Entre ellos tenemos a personajes que culminaron su trayectoria fuera de tierra vasca, como Martín de los Heros o Joaquín María Ferrer, y otros que operaron aquí, como Gaminde o Lemonauria. Pues bien, entre estos últimos lo que se produjo, con el tiempo, fue un progresivo acercamiento a las posiciones más foralistas mayoritarias de los moderados, porque veían que el régimen foral era más eficaz para cumplir sus ideales que las políticas centralistas defendidas por sus homólogos desde Madrid.

Ahí es donde debería colocarse la posición liberal de Ciudadanos en Euskadi, respecto de la moderada o más foralista del actual PP. Y es por eso que hay que lamentar ese posicionamiento tan frontal -y sí, oportunista- de Rivera en esta cuestión clave para la política vasca. ¿Es consciente el líder de Ciudadanos de lo que supone su posición respecto de Euskadi si la abstraemos de la coyuntura catalana que tanto le está condicionando ahora? Para ello le pondría delante de una ciudadanía vasca a la que él le está diciendo: oigan, que ustedes tienen una situación privilegiada dentro del Estado y eso no puede continuar así. ¿A esto cómo se le puede llamar, suicidio político? ¿Es que Albert Rivera y su partido se quieren sentenciar de por vida para la política vasca?

Porque cualquiera que viva aquí sabe que del Concierto depende nuestro bienestar, que es tanto como decir nuestra atención sanitaria, nuestro nivel educativo, la protección para nuestros mayores, nuestras infraestructuras asistenciales y, en definitiva, nuestra calidad de vida. Que todo eso lo pagamos con nuestros impuestos, que los gestionan nuestras diputaciones y que es a ellas y al Gobierno Vasco a quienes les tenemos que pedir cuentas. Solo un partido que no forma parte de una comunidad -ni aspira a ello- puede espetarle a esta que recibe más de lo que da y que no tiene derecho a eso porque hay otros que están peor.

Pero lo que añade más confusión y sobre todo preocupación al asunto es que, si desde Euskadi se le ha motejado a Rivera de extrema derecha, desde Madrid se le elogia como adalid de la modernidad política, por ser capaz de lo que ningún otro hizo desde 1978: atreverse contra el régimen del Concierto Económico vasco calificándolo de privilegio injusto y basado en distinciones étnicas impresentables. Y lo que hay que recordar las veces que haga falta es que dicho régimen surgió un siglo antes -1878- de un arreglo entre liberales, los de Madrid con Cánovas y los de Euskadi, llamados entonces transigentes: los otros, los intransigentes se opusieron a cualquier otra salida que no fuera la plena restitución foral. Los liberales vascos se negaban a perder sus fueros tras una guerra carlista que ellos habían padecido y encima al final habían ganado. Fidel de Sagarmínaga, líder de los liberales fueristas intransigentes, no aceptó nunca la solución traumática ideada por su amigo Cánovas y para colmo tuvo que sufrir en sus últimos años -falleció en 1894- las acerbas invectivas del primer Sabino Arana, que no entendía -y menos soportaba- que la foralidad estuviera íntimamente ligada a la idea de España.

¿Moderno Rivera por oponerse al Concierto? Pero si en 1864, en el Senado, ya se registró un debate famoso contra los 'privilegios forales' vascos a cargo de un liberal progresista como Manuel Sánchez Silva, él solo frente a todo el liberalismo moderado representado por los vascos Pedro Egaña y Joaquín Barroeta-Aldamar. O sea que de moderno Rivera nada de nada, todo lo contrario: lo que el Congreso nos acaba de revivir es otra disputa entre liberales del siglo XIX en torno a los fueros vascos, de cuando socialistas y nacionalistas todavía ni existían.

Por eso cabe apelar a Ciudadanos a que reflexione y deje de lado la antipolítica en Euskadi, para aspirar a captar así a su electorado vasco que, por pequeño que sea, haberlo haylo. Y para moderno, lo que hoy se considera moderno, o sea líquido, Gregorio Balparda: un político que conoció a fondo los fueros y el Concierto Económico, que exprimió lo que de liberal y progresista encontró en ellos y que se enfrentó al nacionalismo, pero al que, tras ser ejecutado por los republicanos al inicio de la Guerra Civil, el franquismo se lo acabó apropiando. Ese sí que fue moderno.

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