África requiem

De los cien mil inmigrantes que han atravesado el Mediterráneo desde enero, cuatro mil han perecido en el intento

ÁLVARO BERMEJO

En ocasiones, tendemos a olvidar que la barbarie terrorista no excluye la civilizada. Pocos días antes del atentado de Barcelona, una disposición del Gobierno libio forzaba a retirarse 80 millas mar adentro a las ONGs que operan en el Mediterráneo dedicadas al rescate de los inmigrantes que se juegan la vida por llegar a Europa. La medida supondrá la caza y captura de sus pateras por parte de la Guardia Costera libia para llevárselas de regreso a un país en estado de implosión. Ahora ya conoce usted la causa real por la que de pronto la Ruta del Estrecho vuelve a ser masiva.

El Gobierno italiano se muestra exultante. No en vano Roma ha sido la gran promotora del plan, hasta el punto de suministrar a Trípoli navíos como el que el pasado martes tiroteó al de una ONG española para que se mantuviera fuera de la zona de exclusión. Es la misma que alzamos nosotros cuando nos llueven datos incómodos.

De los cien mil inmigrantes que han atravesado el Mediterráneo desde enero, cuatro mil han perecido en el intento. Pero la culpa es de los africanos. Lo dijo Monsieur Macron: «El subdesarrollo de África se debe a los siete hijos por mujer». Lástima que olvidara incluir en la ecuación otras referencias. El mercado del uranio o el del cacao, cuyos precios no se tasan en los países productores sino en las bolsas europeas veinte veces por debajo de su valor real. Sumemos las medidas proteccionistas que vetan la entrada de productos africanos. Y añadamos un dato más: ni un solo país europeo ha cumplido sus compromisos de Ayuda al Desarrollo cifrados en un vergonzante 0,7% del PIB.

Incluso cuando nos lavamos la conciencia señalando que los gobiernos africanos tienen una responsabilidad manifiesta, tendemos a olvidar a quienes los sostienen desde Londres, París o Washington. En 1960 este continente tenía una renta equivalente al 38% de la media global. Medio siglo después apenas alcanza el 20%. Hasta el Banco Mundial reconoce que la caída se debe a los abusos de las multinacionales que controlan las materas primas.

La herida abierta que supone África para Europa no se atajará con más patrulleras libias. Tarde o temprano tendremos que afrontar el problema desde la raíz. Hace un siglo Europa hizo de la trata de negros una ciencia exacta. Hoy el reverso de la moneda es una generosidad de geometría variable, con una media anual de diez mil cadáveres flotando sobre el Mediterráneo. Su deriva es la nuestra. Sea en la playa o en el Parlamento, manda la ley del sálvese quien pueda.

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