Acabemos con la violencia hacia la infancia

Acabemos con la violencia hacia la infancia
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JOSÉ IGNACIO ALONSOSave the Children en Euskadi

Los últimos acontecimientos ocurridos en Bilbao nos han colocado frente a una realidad que, a menudo, permanece invisible: la violencia que rodea a los menores. Ya sea porque la ejercen o porque la sufren, en cualquier sociedad, los niños, niñas y adolescentes se enfrentan a diferentes formas de violencia. Ocurre en los hogares, en las escuelas, en las instituciones y, en definitiva, cualquier ámbito en el que se mueven es susceptible de registrar episodios de esta índole.

Durante las pasadas semanas hemos reflexionado, más si cabe, sobre esta realidad. Lo sucedido nos lleva a concluir que cuando el derecho penal entra en juego, todas las demás medidas han fracasado. Hay que actuar con anterioridad. Pero sin pretender obviar la gravedad de los hechos mencionados, condenables por sus consecuencias tan terribles, queremos poner el foco en la infancia víctima de la violencia, en esos niños y niñas a quienes la furia, la venganza, incluso el ensañamiento, les arrebató la vida cuando la tenían casi entera por delante.

La campaña ‘Los últimos 100’, de Save the Children, recuerda que al menos 100 niños y niñas han muerto en España por causas violentas en los últimos años, tres de ellos en Euskadi. Las muertes representan la consecuencia más descarnada y visible de la violencia contra la infancia. Ser conscientes de las últimas 100 víctimas mortales debe hacernos despertar como ciudadanos y como sociedad, pero sobre todo, debe hacernos conscientes de que son la punta del iceberg, conscientes de que miles de niños y niñas sufren en silencio daño físico, mental o emocional. ¿Cómo prevenimos y atendemos las profundas consecuencias y limitaciones en su desarrollo?

Es urgente una ley estatal que ponga fin a todos los tipos de violencia contra la infancia; conectada con la realidad, que incida en la prevención, la concienciación, la formación de profesionales para detectar el menor indicio de agresión y medidas de apoyo a las familias para educar y resolver conflictos de forma pacífica. Todavía no somos conscientes de que ciertos hábitos sociales y educacionales, como gritos, insultos y golpes, son formas normalizadas de violencia que pueden tener graves consecuencias de carácter físico y emocional en los niños.

Todas las propuestas que se hagan en Euskadi en este ámbito deben enmarcarse en una concepción global, incluir políticas públicas integrales a nivel autonómico que sean coherentes con una futura ley para la erradicación de la violencia contra la infancia. La invisibilidad de esta realidad hace que la sociedad vasca no haya mostrado aún un rechazo absoluto a todas las formas de violencia hacia la infancia. Por ello, es fundamental la creación de un Plan Integral de prevención y atención a niños y niñas víctimas de violencia, consensuado por las principales instituciones públicas y organizaciones sociales presentes en Euskadi.

Con frecuencia, concluimos que los casos visibilizados son la punta del iceberg de una realidad que atropella los derechos de la infancia. Sin embargo, a pesar de la magnitud de las cifras, la mayoría de los casos de violencia no salen a la luz ni llegan a ser denunciados. Los niños no saben cómo hacerlo, les da miedo o, a veces, desconocen que están siendo agredidos. Faltan mecanismos que les ayuden a revelar con garantías lo que les ocurre. Por este motivo, concluimos que este es un problema oculto, silenciado e impune, pese a que deja secuelas de por vida.

La palabra ‘invisibilidad’ resulta neutral, limitada y poco contundente para describir una vulneración tan grave de los derechos de la infancia en nuestro país. La violencia contra la infancia es una realidad oculta y ocultada. Se requiere, por lo tanto, de otras palabras para describir fielmente lo que supone la violencia contra la infancia, un fenómeno poco documentado y denunciado que, hasta ahora, no se ha percibido como un problema social de enormes proporciones que es urgente abordar, no solo por parte de las administraciones públicas, sino por la sociedad en su conjunto. La violencia contra la infancia es una cuestión ocultada para que no sea advertida por los demás, que puede adoptar múltiples y cambiantes formas. En nuestro país, cada día, niños y niñas sufren maltrato familiar, abuso sexual, violencia de género y acoso. Sufren en silencio y este se impone, marcando el principio de la violencia, su desarrollo y, muchas veces, su desenlace.

Toda violencia es prevenible y, por lo tanto, ningún acto de este tipo es justificable. Estamos en el momento adecuado para alzar la voz y romper el silencio que rodea a la violencia contra la infancia. Los poderes públicos deben reconocer expresamente la importancia social de proteger a los niños, niñas y sus familias para asegurar su bienestar. El Gobierno Vasco debe atender la realidad de la violencia contra la infancia mediante la Estrategia Vasca de Inversión en las Familias y en la Infancia, pero todas las personas podemos contribuir. ¡Hagámoslo!

Se lo debemos a los últimos 100 niños y niñas que han muerto a consecuencia de la violencia, pero, sobre todo, a las miles de víctimas a quienes hemos negado el derecho a contar lo que les ocurre.

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