La abeja antimasónica

Franco presumía en público de disponer de información directa sobre las logias masónicas

JUAN AGUIRRE

La obsesión de Franco por las conjuras judeo-masónicas fue sobrealimentada con informes que le llegaban sobre supuestos planes de las logias nacionales y extranjeras para debilitar a la catolicísima España. El volumen más importante de documentos de este tenor lo generó una única organización de espionaje a cuyo frente se encontraba una vasca, María Dolores de Naverán y Sáenz de Tejada.

Siguiendo los pasos de su padre, el maestro y escritor gernikarra Onofre de Naverán, María Dolores se formó como maestra superior hasta llegar a impartir en la Escuela Normal de Bilbao. Parece que también sirvió como profesora particular de Carmencita Franco. Miembro de la Institución Teresiana y militante carlista desde joven, entre 1937 y hasta poco antes de su fallecimiento en 1967 ocupó la secretaría general de APIS, red de información antimasónica integrada fundamentalmente por mujeres ('apis' significa abeja en latín, y es símbolo del trabajo concienzudo y femenino). En esta fuente secreta pensaba Franco, aunque no la mencionara, cuando presumía en público de disponer de «información directa sobre las logias masónicas».

Hoy, el trabajo de historiadores como Javier Domínguez Arribas ha desvelado la colosal superchería que había detrás. Pues si en origen los informes de APIS pudieron poseer algún vislumbre de verosimilitud, en su inmensa mayoría fueron escritos por la propia María Dolores, mujer de cualidades literarias conocidas, para orientar la conducta política del generalísimo en sentido antifalangista y antijuanista, y en defensa de su familia política, los tradicionalistas.

Así, por ejemplo, la Naverán hizo llegar hasta El Pardo documentos que señalaban a quien fuera Ministro de Educación Nacional en el primer gabinete franquista, Pedro Sainz Rodríguez, como gran maestre de una confederación de logias ibéricas y principal responsable de las maniobras masónicas contra el régimen. Franco se lo tragó y al político no le quedó otra que exiliarse a Portugal consumándose así la venganza de la teresiana, quien le odiaba desde que trabajó a sus órdenes en el Ministerio. Como él, otras figuras del entorno de Juan de Borbón fueron salpicadas por los artificios de APIS, lo que minaría las posibilidades del entonces pretendiente de cara a su designación como candidato a la corona de España. No parece que Dolores se mortificara con escrúpulos de conciencia por la multitud de falsificaciones calumniosas que urdió. «Sé que Dios me perdona aun si hago mal -afirmaría-, porque solo busco Su gloria y el bien de mi Patria y el acierto de nuestro Caudillo». Iluminada y salvapatrias, así era la abejita antimasónica.

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