2017, año de la mujer en lucha por su dignidad

2017, año de la mujer en lucha por su dignidad
JOSÉ LUIS GÓMEZ LLANOS

El acontecimiento más singular de 2017 ha sido la lucha de la mujer denunciando las agresiones sexuales de las que es víctima. Sin embargo, para encontrar a estas víctimas no ha sido necesario ir a buscarlas a países carentes de garantías democráticas, o a zonas en guerra donde la violaciones son armas estratégicas, sino que estas denuncias se dan en los países de los derechos del hombre, del imperio de la ley, donde reina -en teoría- plenamente la democracia, en el primer mundo, en el corazón de Occidente. En efecto, este año pasado ha estado marcado por las revelaciones que acusaban a importantes responsables de la industria cinematográfica norteamericana de acoso sexual, agresiones que parecían ser el peaje para poder trabajar en Hollywood. El efecto avalancha se desencadenó instantáneamente y en numerosos países han surgido denuncias de mujeres que han decidido no callarse más. Y como un reguero de pólvora han saltado denuncias que demuestran que esta práctica indecente se producía en la más estricta impunidad y escandaliza el número de testigos silenciosos y cómplices que lo hicieron posible.

Estas revelaciones han puesto en la agenda de 2017 la causa de la mujer como no se venía haciendo desde hace muchos años, y hemos visto emerger un empoderamiento de nuevo cuño a través de una manera sin precedentes de denuncia de los acosos sexuales de las que son víctimas, un proceso de cambio en el que aumentan su acceso al poder denunciar y, como consecuencia, se transforman las relaciones entre los géneros.

Pese a ello, seguimos pensando que los dispositivos institucionales puestos al servicio de la causa de la mujer y sus resultados son desconocidos tanto para la sociedad como para la administración. Las campañas de sensibilización no parecen alcanzar las metas que se proponen, o no son siempre, y no sabemos si son las herramientas adecuadas, porque no evaluamos correctamente su impacto. Se da la circunstancia de que estas campañas por la igualdad y contra la violencia de género se despliegan con cierta ingenuidad, al mismo tiempo que en nuestras televisiones aparecen películas con escenas atribuidas a la mujer desvaluadas, cuando no son de violencia sexual en toda regla. Se puede decir que no hay verdadera voluntad de dar una imagen de la mujer dignificada y positiva, de lo contrario, no se permitiría tanta publicidad o películas financiadas con dinero público en las que el cuerpo de la mujer sigue siendo el principal cebo para vender cualquier cosa.

También llama la atención, la ausencia casi total de España, como país donde este fenómeno no ha tenido repercusión. Es extraño que en un país donde las relaciones machistas de poder imperan, donde la lucha entre géneros, aunque clandestina es intensa, no se hayan dado casos de denuncias por acoso sexual desde las bambalinas. Seguramente el miedo y el chantaje en que se ven envueltas estas mujeres sea la causa de ese silencio, ya que se sabe que esas agresiones y chantajes sexuales existen también en el mundo del espectáculo, y donde, como vulgarmente se dice, «pasar por la piedra» para obtener trabajo es una práctica habitual de la que cuesta hablar.

Aun hoy muchas mujeres se callan, viven enterradas bajo el peso de la tensión, el miedo y la angustia, lo que acarrea diferentes tipos y grados de perturbaciones psíquicas. Muchas mujeres víctimas de violencia conyugal presentan síntomas de un síndrome postraumático. Pueden incluso llegar a instalarse estados de confusión mental en ellas, con ribetes paranoicos. Sienten vergüenza. Denunciar a su pareja violenta, significa al mismo tiempo reconocer su error sobre esa persona, lo que supone también cuestionarse, y perder aún más su autoestima y caer en una contradicción sentida por momentos como insalvable, etapa justo anterior en ciertos casos, a la del suicido.

Tampoco podemos olvidar una de las conclusiones a la que llegan diferentes estudios de campo realizados al respecto, que relacionan los delitos de violencia conyugal con la precariedad y baja calidad de los alojamientos. El confinamiento en la vivienda, una de las principales muestras de la desigualdad social, es el caldo de cultivo de la violencia conyugal, por carecer estos espacios de suficiente margen para la serenidad en la familia.

Ni tampoco queremos dejar pasar la ocasión de precisar que la fórmula que ha dado la vuelta al mundo: «El miedo tiene que cambiar de bando» no nos satisface del todo, aunque mediáticamente pueda parecer atractiva, porque reduce sin quererlo estas situaciones dramáticas a un simple resentir emocional, cuando resulta que se trata de mucho más que esto.

Tenemos que pensar que el acoso a las actrices no solo ocurre en lugares como Hollywood, que en nuestros estudios es una realidad y que es de desear que este año 2018, las víctimas en España rompan su silencio y griten alto y fuerte: «Ni una sola mujer más acosada o violada bajo la tapadera de la Cultura, del Arte o del Deporte en nuestro país en 2018».

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