Trintxerpe estrenará un cabezudo arrantzale estos Cármenes

Casi a punto. Zigor García pinta en su taller de San Pedro, junto a su hija Irati, el cabezudo que representará a Trintxerpe. / FOTOGRAFÍAS VIÑAS

El escultor Zigor García y su hija Irati dan los últimos retoques a la figura inspirada en los viejos lobos de mar que navegaban a Terranova

ELENA VIÑAS PASAIA.

Hace apenas tres semanas estrenaba el cabezudo inspirado en una batelera, que se convertía en protagonista de las fiestas de San Juan de Donibane, el distrito al que representa. El escultor sanpedrotarra Zigor García se dispone a presentar ahora, en los Cármenes, su más reciente creación, una figura de similares características inspirada en un arrantzale de altura, como los que décadas atrás cruzaban el océano para pescar en las gélidas aguas de Terranova.

«Es todo lo contrario a la batelera. Si aquella era guapa y asimétrica, en este caso he querido hacer todo lo contrario», señala el artista, mientras da los últimos retoques al rostro grotesco en su taller de San Pedro. Con ayuda de su hija Irati, Zigor García se esfuerza por destacar las arrugas y cicatrices de un viejo lobo de mar como esos muchos que pasean a diario por las calles trintxerpetarras.

«Tiene la piel curtida por el frío, el sol y la sal del tiempo que ha pasado en la mar, con muchas marcas por la vejez y la mala vida. Tiene un gesto de cansancio e incluso de enfado. Es un estilo más libre que los anteriores que he hecho, un estilo más mío», asegura el autor, quien ha contado con la ayuda de los chavales de la comparsa municipal de gigantes y cabezudos, especialmente de Unai y Arkaitz.

Con esta figura, a la que sólo le faltan por añadir los ojos fabricados en cristal en Cataluña y algunas canas en sus cejas y en las patillas que asoman bajo el gorro impermeable pintado de amarillo, el escultor cierra una trilogía de cabezudos iniciada en 2015 con Blas de Lezo. «No están pensados para correr tras los niños, sino que son más de pasear. Son propios de Pasaia, auténticos, diferentes a cualquier otro cabezudo. Cada uno de los tres es distinto de los demás. He ido evolucionando al hacerlos. Son una mezcla a medio camino entre realistas y caricaturescos», señala sin césar de resaltar un gesto extrañamente familiar.

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