«No sabéis cuánto os queremos, neres»

Las Batelerak ondearon las cuatro banderas conquistadas en La Concha en la balconada de la antigua casa consistorial de Pasaia.
Las Batelerak ondearon las cuatro banderas conquistadas en La Concha en la balconada de la antigua casa consistorial de Pasaia. / ELENA VIÑAS

San Juan se tiñó del color de la victoria para celebrar la cuarta Bandera de La Concha de las Batelerak

ELENA VIÑAS PASAIA.

La palabra orgullo se queda corta para definir lo que los vecinos de San Juan sienten ahora mismo por las Batelerak. «No sabéis cuánto os queremos, neres», decía una mujer a las remeras de San Juan a su llegada la tarde del domingo a un pueblo vestido de rosa, el único color que parecía tener cabida en las calles de esa orilla de la bahía de Pasaia. De rosa se pintaban las banderas que ondeaban en balcones y ventanas; rosas eran también los banderines que cruzaban por encima de la calle empedrada; y de rosa se vestían quienes horas antes habían sufrido como nunca viendo a las deportistas entrenadas por Maialen Arrazola luchar contra olas que parecían sacadas de una película de terror.

«Me han mandado fotos y aún no me lo creo», confesaba la patrona Nerea Pérez, refiriéndose a las imágenes en las que su trainera parecía flotar en el aire a merced de un mar embravecido al que la embarcación supo adaptarse. «Las olas parecían paredes. Volviendo, en una me he dado cuenta por la cara de Irati de lo que se nos venía encima. He mirado hacia atrás y ya tenía la ola rota. Por suerte, mis compañeras han estado súper atentas para ayudarme», explicaba, al tiempo que reconocía haberlo pasado «muy mal».

Las olas estaban en boca de todos los remeros y de los aficionados que no quisieron perderse la regata más esperada del año. «Lo que han hecho las chicas es increíble. Como para que luego hablen de sexo débil. Las Batelerak han estado de diez», comentaban los seguidores rosas en la plaza Santiago, inundaba por la Marea Roxa.

«Lo que han hecho las chicas es increíble. Las Batelerak han estado de diez»

En ese movimiento ciudadano que desde hace siete años apoya incondicionalmente a sus remeros se encontraban muchos familiares, como Marga Rodríguez, madre de la gallega Andrea Oubiña, quien conversaba con Josetxo Egaña, padre del patrón del San Juan B, Ander. «He venido desde O Grove para ver a mi hija en La Concha», afirmaba, «orgullosa» por ver cómo el viaje había valido la pena.

Igual de emocionadas se mostraban las Batelerak ante las constantes muestras de cariño de los sanjuandarras. «La gente está un año más apoyándonos. Estamos muy contentas de los recibimientos que nos hacen», reconocían.

También los remeros de la Erreka se dejaban contagiar de felicidad. Ése era el caso, entre otros muchos, de Garikoitz Tolosa, Aritz Rial y Aitor Ugarte, cuyas plegarias a la Virgen de Guadalupe habían sido escuchadas, como reconocía mientras preparaba las banderas que sus compañeras de club se disponían a ondear: las logradas estos cuatro últimos años consecutivos en Donostia.

«Estuvimos ayer por la noche trayéndolas para el recibimiento si ganaban y menos mal que lo han hecho», bromeaba, al tiempo que las repartía para que, instantes después, ondearan al son de la música en el balcón del antiguo Ayuntamiento.

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