De Oriente a la bahía a bordo del 'Gure Pasaia'

Los niños, esperando el desembarco de los de Oriente en el puerto./
Los niños, esperando el desembarco de los de Oriente en el puerto.

Las previsiones meteorológicas llevaron a suspender la cabalgata de Trintxerpe y a reducir el itinerario en San Juan, mientras las de San Pedro y Antxo se mantuvieron. Los Reyes Magos navegaron por el Cantábrico para desembarcar por la tarde en Trintxerpe

ELENA VIÑASPASAIA.

Con un ojo fijo en el cielo y otro, en las previsiones meteorológicas de Euskalmet. Así pasaron las horas previas a la llegada de los Reyes Magos a Pasaia quienes habían de ejercer de anfitriones de sus recorridos trazados por los cuatro distritos. Niños y mayores cruzaron los dedos para que los planes de sus majestades de Oriente no se vieran alterados, aunque no todos corrieron la misma suerte.

Mientras una fina lluvia caía minutos antes de las cinco de la tarde en Trintxerpe, Melchor salía a la proa de la embarcación 'Gure Pasaia' para saludar a cuantos le esperaban en el muelle del Hospitalillo. En el interior de esta nave de Itxas Zerbi, que capitaneaba Iñigo Alzua, también viajaban Gaspar, Baltasar y un grupo de pajes. Todos fueron recibidos con gritos y expresiones de alegría por los más pequeños de la casa.

Los de Oriente completaron la singladura sin marearse ni sufrir ningún contratiempo. Minutos más tarde tomaban la decisión de suspender la cabalgata que habrían de llevar a cabo por las calles trintxerpetarras como medida de precaución ante la alerta naranja por lluvia decretada en la costa de Gipuzkoa. Eso sí, tras atender durante dos horas a los chavales, salieron al balcón de la Tenencia de Alcaldía para saludar y lanzar caramelos.

En Donibane también redujeron considerablemente el recorrido inicial, que se llevó a cabo entre Bonanza y la plaza, mientras los antorcheros descendían por Santa Ana al corazón del casco antiguo.

En Antxo, Lore-Txorta mantuvo la salida de la cabalgata, haciendo disfrutar a los más txikis con el desfile de sus majestades a lomos de caballos, mientras la Kultur Etxea se llenaba de familias al completo que ansiaban presenciar la recepción real y hacerse fotos con su rey favorito.

Tampoco hubo alteraciones en San Pedro, donde se cumplió con la antigua tradición de acompañar a los recién llegados de Oriente en su paseo por el distrito antes de que acudieran a repartir regalos.

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