«Oímos un estruendo y echamos a correr»

El desprendimiento afectó a la parte trasera del edificio de Azkuene, 48. /ARIZMENDI
El desprendimiento afectó a la parte trasera del edificio de Azkuene, 48. / ARIZMENDI

Los vecinos de Trintxerpe desalojados por un desprendimiento regresaron ayer a sus casas. Una filtración de agua habría provocado el corrimiento de tierra que echó abajo un muro de contención que tendrán que reponer los propietarios del edificio

ELENA VIÑAS PASAIA

. Visiblemente nerviosos y sin haberse recuperado aún del susto, los vecinos del número 48 de la calle Azkuene de Trintxerpe regresaban a lo largo de la mañana de ayer a sus casas para comprobar el estado en el que se hallaban. Apenas doce horas antes se habían visto obligados a desalojarlas como medida de precaución ante el riesgo de un posible derrumbe del edificio en el que residen, un inmueble de cuatro alturas erigido en una zona de monte, en las inmediaciones de Mendiola. Un corrimiento de tierra tiraba abajo la noche del domingo un muro de contención situado a muy pocos metros de sus viviendas.

«No sé qué me voy a encontrar cuando entre. Me da miedo. No he dormido nada en toda la noche pensando que no paraba de llover y que el monte podía seguir cayendo. De hecho, nos dijeron que había riesgo de que eso ocurriera», confesaba Pili García, vecina del primer piso. «El mío ha sido el más afectado. Veremos qué daños hay», añadía.

Pili y su familia se encontraban en casa cuando tuvo lugar el suceso. «Hubo un fuerte estruendo y echamos a correr mientras nos poníamos las batas, pensando que les había pasado algo a los vecinos, algún accidente. Los demás también salieron alertados por el ruido. El monte había caído de lleno sobre la fachada de la casa. Todo estaba oscuro, pero pudimos verlo alumbrando con linternas», recordaba.

Las piedras que conformaban el muro de contención de una terraza superior y gran cantidad de tierra se habían precipitado sobre el exterior de su propia vivienda sepultando buena parte de la ventana de una habitación. «Es en la que duerme mi hijo de catorce años. En ese momento se encontraba justo en ella, bajo la ventana, donde tiene una mesa de estudio. Salió pitando. Menos mal que antes habíamos bajado la persiana», suspiraba aliviada Pili, quien no ocultaba su preocupación por el estado del monte.

«Siempre que está diluviando, me da mucho miedo que se nos caiga encima», reconocía. Al igual que otros vecinos de las inmediaciones, afirmaba que en la zona alta de la calle Azkuene se sienten «bastante abandonados», porque el Ayuntamiento no responde a sus solicitudes de mejora alegando que la suya es «una zona privada». «Aquí no llega el gas, ni el alumbrado público ni nada», manifestaba, refiriéndose a las casas de poca altura y con varias décadas de antigüedad que se reparten de forma escalonada por la ladera del monte.

Sin riesgo de derrumbe

El arquitecto municipal y técnicos del departamento de Urbanismo del Ayuntamiento evaluaron tanto el desprendimiento como el estado de cada una de las viviendas del edificio afectado, determinando que no existía «ningún riesgo de derrumbe». Así lo manifestaba posteriormente la teniente alcalde de Trintxerpe, Lore Suárez, quien apuntaba como posible causa del suceso una filtración de agua. Serán los peritos de las compañías de seguros los que habrán de emitir un informe al respecto.

Los once vecinos que fueron desalojados la noche anterior pudieron regresar a sus hogares, aunque desde el consistorio se les realizó una serie de recomendaciones. «En primer lugar, tendrán que retirar las piedras que han caído y posteriormente, la propiedad tendrá que hacer una contención del muro que se ha venido abajo», explicó la teniente alcalde.

Los técnicos de Urbanismo recomendaron, eso sí, retirar «cuanto antes» las piedras que estarían haciendo presión sobre una de las fachadas de la casa. Afortunadamente, esta tendría el suficiente grosor para evitar que la estructura de la construcción se hubiera visto afectada. Si los vecinos no llegaran a un acuerdo en los próximos días, sería el Ayuntamiento el que se vería obligado a actuar de forma subsidiaria para evitar más daños. Los gastos derivados de esta actuación serían abonados por los propietarios.

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