Noche negra a ambos lados de la bahía

Niños y adultos desfilaron por el casco antiguo de San Pedro./
Niños y adultos desfilaron por el casco antiguo de San Pedro.

San Pedro y San Juan festejaron simultáneamente la denominada 'Gau beltza'. Calabazas de risa fantasmagórica, brujas, esqueletos y catrinas reinaron la víspera de Todos los Santos

ELENA VIÑASPASAIA.

La de este martes estaba llamada a ser una noche mágica y sin duda, no defraudó. Los vecinos de ambos lados de la bahía de Pasaia se aliaron para recuperar antiguas tradiciones que desde tiempo inmemorial se celebran la víspera de Todos los Santos.

La iniciativa ya contaba con experiencia en San Pedro, donde la denominada 'Gau beltza' se organiza de la mano del Txoko de familias de Proisa, el movimiento popular Proisa y la comisión de fiestas. Niños y adultos se dieron cita a media tarde en las inmediaciones del frontón dispuestas a confeccionar amuletos con forma de eguzkilore, instrumentos musicales utilizando botellas de plástico y disfraces ideados a partir de sábanas viejas.

A la misma hora, pero en Donibane, las instalaciones de la nueva biblioteca municipal se abrían para recibir a sanjuandarras de todas las edades que por primera vez se sumaban a esa 'noche negra' que tanto interés despertaba. Los aitonas y amonas del pueblo les recibían para ayudar, sobre todo a los más txikis, a preparar calabazas con sonrisa grotesca que se iluminaban desde el interior.

Fueron muchos los que disfrutaron de las historias que les narraron los mayores del pueblo a la luz de las velas, mientras otros se dejaban maquillar para lucir como las catrinas que reinan en México.

Cuando la luna casi llena se reflejaba en las aguas de ese brazo de mar que divide a Pasaia, los sanpedrotarras iniciaban una marcha por la calle vieja del casco antiguo. Lo hacían iluminando el camino con antorchas, haciendo sonar sus instrumentos musicales para espantar a las ánimas y portando de su cuello un potente talismán que les abría paso entre las tinieblas.

La noche no había hecho más que comenzar. Esqueletos, brujas, payasos provistos de motosierra y una horda de fantasmas se concentraban en la plaza Morales Oliver, donde se asaban castañas y una cueva les invitaba a perderse en su interior. El miedo dejaba paso a las risas y a momentos de diversión.

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