La música como excusa para saber la historia

La iglesia de San Pedro con el mausoleo de la familia Ferrer adjunto a la misma. A la derecha, el Palacio de Salinas. Abajo, retrato de Ramón Seoane y Ferrer, Marqués de Seoane.
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La iglesia de San Pedro con el mausoleo de la familia Ferrer adjunto a la misma. A la derecha, el Palacio de Salinas. Abajo, retrato de Ramón Seoane y Ferrer, Marqués de Seoane.

La programación organizada por Ondartxo, que se prolongará hasta el día 24, incluye cuatro citas en dos escenarios diferentes La XXXII Semana Músico-Coral de Pasai San Pedro arrancará el jueves mirando al pasado

ELENA VIÑAS PASAIA.

San Pedro inaugurará este jueves su XXXII Semana Músico-Coral. La iglesia y el Udal Aretoa acogerán las cuatro citas incluidas dentro de la programación organizada por Ondartxo Abesbatza. Esta nueva edición pone el acento en la historia del distrito y en los principales nombres propios que contribuyeron a escribirla a lo largo de varios siglos.

Su legado será recordado a través del acto que tendrá lugar el jueves, a las 20.00, en el Udal Aretoa. A éste le seguirán tres conciertos, a la misma hora, en la parroquia. Bajo el título 'Lugar de Pasage llamado de Aquende', la sesión se centrará en la narración de los orígenes de San Pedro y sus primeros colonos. Las noticias más antiguas de este lugar datan de principios del siglo XIV. De ello da fe una carta del rey Alfonso XI de Castilla fechada en Dueñas, en la que exigía la colocación de dos fondeaderos en la ruta de San Sebastián; uno en la bahía de La Concha y el otro en el exterior del lugar denominado 'cod del mastel', situado en el canal de Oiartzun.

17 de noviembre
Aita Garayoa Abesbatza y Musikalis Abesbatza actuarán, a las 20.00, en la iglesia de San Pedro.
23 de noviembre
Araoz Abesbatza ofrecerá, a las 20.00, en la parroquia, un recital bajo la dirección de Gorka Miranda.
24 de noviembre
El txistulari Jose Ignazio Ansorena y la organista Ana Belén García actuarán, a las 20.00, en la parroquia.

«No obstante, podemos retrotraernos hasta los tiempos de los romanos que utilizaban este bellísimo enclave para embarcar los minerales extraídos de las minas de Arditurri. Siglos después, y durante mucho tiempo fue el principal puerto ballenero del Cantábrico, donde invernaban, con una parte de las naos balleneras guipuzcoanas, casi todas las de San Juan de Luz y Ziburu», señalan desde la coral Ondartxo.

Añaden que existió, así mismo, un importante astillero desde el siglo XV, donde eran armadas y artilladas las naves de gran porte, como la nao 'Santa Ana', de 1.200 toneladas, capitana de la escuadra de Gipuzkoa y cuyo general era Miguel de Oquendo.

Pasage de Aquende sería incluido dentro de la jurisdicción otorgada en su fuero a San Sebastián, que, para mejor gobernar el puerto, mostró un especial interés por poblar San Pedro. «Dadas sus posibilidades de abastecimiento, sus magníficas condiciones de fondeadero, el puerto fue adquiriendo notoriedad y su situación estratégica hizo necesario que contara con las defensas necesarias para su protección. Ya en el siglo XV, el 19 de octubre de 1495, los Reyes Católicos dieron el visto bueno a la propuesta de 'La Torre' enviada por el corregidor de Gipuzkoa, Álvaro Ruiz de Porras», recuerdan.

Para hacer valer sus derechos, San Sebastián nombraba un alcaide o guarda-puerto, más tarde conocido como regidor-torrero y cuyas funciones principales eran custodiar el puerto y recaudar impuestos. La Torre era un edificio circular, cimentado sobre el agua aprovechando alguna roca, levantado en piedra sillar y con piezas de artillería. Constaba de tres alturas: un calabozo, una sala pública y las dependencias privadas del torrero.

La Torre fue incendiada en 1835, durante la Primera Guerra Carlista, y permaneció en ruinas, aunque arrasada, cerca de treinta años. Los sanpedrotarras denunciaron en 1865 el abandono en que se encontraba, amenazando ruina, hasta que es demolida en 1867 con la intervención del ingeniero Lafarga.

La organización de los nuevos colonos se refleja principalmente en la construcción de la Iglesia de San Pedro del Pasages, primitiva iglesia del pueblo que surgió como filial de las iglesias de Santa María y San Vicente de Donostia. La comunidad de San Pedro vivía bajo el yugo donostiarra hasta la Real Orden de 1 de Junio de 1805 por la que se une y funda la Villa de Pasaia.

Los sanpredotarras intentaron alguna reforma en la iglesia antigua, pero las obras no conseguirán salvar la que en 1721 está ya claramente en ruinas. Desde ese mismo año, comienzan a organizar la construcción de su actual parroquia, encargando el plano del edificio al ingeniero jefe Juan de Sobreville. Se manda llamar al maestro de obras y arquitecto Martín de Carrera, quien en 1763 toma la dirección de obra. Diecisiete meses más tarde, la iglesia necesita nuevamente de otro artífice, pues la muerte sobrevino al maestro Martín Carrera sin poder concluir la obra. Se hará cargo de la misma su hijo, Manuel Martín.

El 25 de febrero de 1774 la iglesia está casi finalizada. A los tres años de construirse, se lleva a cabo un bautizo, el de Joaquín María Ferrer, quien llegaría a ser presidente de las Cortes, vicepresidente de Gobierno y su presidente accidental. También vicepresidente de la Regencia de Isabel II, presidente del Senado, senador vitalicio, alcalde de Madrid y de Pasajes. Tras retirarse de la política, pasó a residir gran parte del tiempo en Pasaia, trabajando en la mejora de su puerto.

«Pero no es a partir de este momento cuando Ferrer se preocupa y trabaja por su pueblo. Ya desde 1805, al independizarse San Pedro de San Sebastián y unirse con San Juan, Joaquín María Ferrer desempeñó un papel fundamental como uno de los portavoces en todo el proceso de adecuación y desarrollo de esta villa y su puerto», declaran desde Ondartxo.

La segunda hija de Ferrer, María Aurora se casó con Juan Antonio Seoane y Bayón, Marqués de Seoane. Tuvieron dos hijos: Joaquín, fallecido en 1868, y Ramón, nacido en Madrid en 1857, pero residente en San Sebastián y Pasajes. Desde joven, a Ramón, su amor al país le hizo residir en Pasaia, desde donde llevaba a cabo sus actividades científicas. Ilustre investigador del arte y la historia guipuzcoanos, fue presidente de la Sociedad Oceanográfica de Gipuzkoa

Rebuscador incansable, logró reunir en su finca, Salinas de Pasages, una curiosa colección de cuadros y un archivo de documentos históricos. Formaban parte de la finca los caseríos Salinas-borda, Zamatete y Palacio Chiqui con sus tierras, y los terrenos de Zamatete Berria y erial de Zamatete, la huerta de Calapiyo y las tierras de Ametzagaña, Estrada aldia, Campicho Aldia, Errotazar, Sareta Berrueta y Achinez en Ulia.

Según explican los integrantes de Ondartxo Abesbatza, «estamos ante los hechos y protagonistas de una historia sanpedrotarra anterior a la actual, parte de una sociedad con otras características, distinta a la nuestra, con valores y ocupaciones diferentes. Sus huellas siguen estando entre nosotros. Forman parte de la historia de nuestras casas, calles y lugares, verdadera seña de identidad del Pasages de Aquende: San Pedro».

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