De las habaneras al día arrantzale

El cuerpo de baile actuando la noche del miércoles en el centro de la plaza Santiago durante una de las piezas de las Habaneras. / FOTOS ARIZMENDI

Un total de 26 cuadrillas sanjuandarras repartieron 650 kilos de sardinas asadas durante la tarde organizada en honor a San Pantaleón La representación celebrada la noche del miércoles atrajo a multitud de espectadores

ELENA VIÑAS PASAIA.

Había caído ya la noche, pero la calle empedrada era escenario de un ir y venir de vecinos nada habitual a esas horas. Las mujeres corrían a las puertas de la iglesia, mientras las largas faldas de alegres colores dejaban un frufrú que se sucedía como un eco. Ellos también aceleraban el paso, colocándose el chaleco, el fajín y la txapela que se resistía a quedarse en el lugar elegido.

«Ya son casi las diez y cuarto. Quedan dos minutos para salir», gritó alguien entre el grupo de niños y adultos. Todos se situaban en su posición para comenzar la marcha que abrían los farolillos encendidos. Coralistas, dantzaris y figurantes recorrían la calle que discurre paralela al mar de camino al corazón del casco antiguo, donde, bajo los balcones decorados con luces de colores, cientos de personas aguardaban ya impacientes su entrada.

La imagen tenía el poder de transportar a sus protagonistas y al público muchas décadas atrás, a un tiempo en el que los hombres cruzaban el Atlántico para regresar con mantones bordados y otros regalos para las esposas que cuidaban de la familia durante una ausencia que se prolongaba a lo largo de demasiados meses.

Algunos rincones de San Juan estrenaron puestos en los que se asaron sardinas

El silencio dio paso a las primeras notas musicales. La representación de las Habaneras, una tradición que se repite la noche de Santa Ana, daba comienzo de la mano de Marian Garmendia, Luisma Laboa, las hermanas Bego y Olga Soto, Idurre del Río, Josetxo Egaña, Jesús Etxeberria, Manolo Calvo, Santi Garbizu, Arantza Jauregi... La lista de nombres resultaba casi interminable, no en vano el número de sanjuandarras que de una forma u otra participa en el montaje supera el centenar.

«Todos intervenimos con muchas ganas e ilusión», aseguraba el elenco de artistas. El aplauso que les brindaron tras cada pieza quienes presenciaron su actuación fue el pago por meses de trabajo, de ensayos semanales para aprender nuevos pasos y canciones, de compromisos que han cumplido para lograr una noche mágica.

«Ha merecido la pena venir a estas horas», comentaba una mujer a sus amigas. «Cada año me gusta más», respondía una segunda, refiriéndose a la función de las Habaneras que acaban de presenciar.

San Pantaleón

La plaza Santiago parecía mudar de piel para, tras la velada vivida horas antes, dar paso a la celebración de San Pantaleón. Las cuadrillas tomaron el mando. «Este año se ha apuntado un total de 26, dos más que el pasado. Entre ellas se han repartido los 650 kilos de sardinas y los 750 kilos de carbón para asarlas», señalaba Miriam Cano, teniente alcalde de San Juan

Las cajas con el pescado estrella del día se despachaban en pocos minutos, comenzando a llegar a cada uno de los puestos. Según explicaban los organizadores, «esta vez se estrenan algunos puestos nuevos. Hay dos en la plaza de Meipi. Otros dos cerca de Arizabalo. También se ha colocado uno, como novedad, ante la tienda de Náutica Laboa. El resto se sitúan en los lugares de costumbre».

La Txaranga Pasai ponía banda sonora a la tarde, como también lo hizo durante la sobremesa de esa comida que la comisión de fiestas celebró en el restaurante Yola Berri para los mayores del pueblo. «Hemos venido cerca de un centenar de comensales. Este día es una tradición que nos inviten a los jubilados», apuntaba un arrantzale sanjuandarra ya retirado.

Los brindis se sucedían en las mesas, lo mismo que los bailes a muy poco metros de éstas. San Pantaleón invitaba a disfrutar bajo el sol de una jornada veraniega en la que sólo cabía la diversión.

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