La fiesta de la espuma se alía con el motor

Las joyas de American Crazy Cars en Viteri. A la derecha, las motos estacionadas en el frontón. Abajo, Marcos Novo sirviendo unas cervezas. / FOTOGRAFÍAS ELENA VIÑAS
Las joyas de American Crazy Cars en Viteri. A la derecha, las motos estacionadas en el frontón. Abajo, Marcos Novo sirviendo unas cervezas. / FOTOGRAFÍAS ELENA VIÑAS

La Antxoberfest se despidió ayer hasta el próximo año con una jornada repleta de actos | El mal tiempo no ha puesto freno a la celebración de la última edición de la Feria de la Cerveza de Pasai Antxo

ELENA VIÑAS PASAIA.

La Antxoberfest es el único escenario conocido en el que alcohol y motores logran una combinación tan sugerente como el cartel con más de una docena de marcas de cerveza que este año se han servido sin tregua en la carpa habilitada en la Alameda Gure Zumardia. Los cañeros atrajeron a tantos visitantes como los modelos de coches clásicos norteamericanos y motos estacionados ayer en sus inmediaciones.

La Fiesta de la Cerveza de Pasai Antxo ponía punto y final a su séptima edición con una jornada en la que hubo tiempo para todo menos de aburrirse. Sus puertas se abrían a las doce del mediodía y a penas una hora más tarde desembarcaban en el centro urbano de este distrito cerca de una decena de motos que despertaban la admiración de niños y adultos. El rugido de motores encontró su eco pocos minutos más tarde en las calles próximas a la plaza Viteri, donde finalmente estacionaban auténticas joyas de coleccionista con los miembros de la asociación American Crazy Cars al volante.

«¡Mira! Es un coche fúnebre», comentaba una joven al paso de un vehículo pintado de negro, en cuyos cristales tintados podía leerse la frase «Están de muerte», junto al logotipo de frutas Amatriain.

A pesar de que la lluvia deslució la despedida de la Antxoberfest, ésta no fue impedimento para disfrutar minuto a minuto de la fiesta de la espuma. Unas veces entre brindis. Otras, con un plato de paella en la mano. Pero, eso sí, siempre a cubierto en la carpa que ha recibido centenares de personas desde su apertura el pasado jueves.

«El primer día tuvimos más gente que cualquier otro año en su arranque», confesaba Marcos Novo, uno de los organizadores de esta cita anual que cuenta con más de un centenar de voluntarios. Antes de poner el punto y final, todos ellos rendían homenaje a la sociedad gastronómica La Armonía, convirtiéndola en cofrade de honor para conmemorar el 125 aniversario de su fundación.

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