Diario Vasco

Una capa de hielo cubrió el agua de la bahía

El mar congelado en la orilla de San Juan. A la derecha, el agua helada convertida en espejo. Abajo, un vehículo cubierto de hielo.
El mar congelado en la orilla de San Juan. A la derecha, el agua helada convertida en espejo. Abajo, un vehículo cubierto de hielo. / FOTOGRAFÍAS ITXAS ZERBI Y ELENA VIÑAS
  • Los pasaitarras desafiaron a las bajas temperaturas protagonizando la primera kantujira del año

  • El mar se congeló al amanecer en las inmediaciones de los astilleros Zamakona

La escena sorprendió a Aitor Salaberria, uno de los responsables de Itxas Zerbi, la empresa encargada del servicio de motora que comunica San Pedro y San Juan. Cuando, pasados pocos minutos de las 10 de la mañana, se disponía a coger una de las embarcaciones amarradas en las inmediaciones de los astilleros de Zamakona, descubría que la superficie de las aguas de la bahía se había cubierto de una consistente capa de hielo.

El mar se convertía en un espejo capaz de reflejar la imagen de las grúas que operan en la zona y de los edificios que se erigen en el barrio de Meipi. Las temperaturas que descendían por debajo de los cero grados habían transformado todo a su alrededor en un paisaje literalmente helador. Prueba de ello eran los vehículos estacionados en la vía pública y también las marquesinas de autobuses teñidas de blanco. El hielo se extendía, una mañana más, por los jardines y todo aquello que estuviera a la intemperie.

«Por la mañana, el termómetro marcaba, en el balcón de casa, menos seis grados», comentaba una sanjuandarra, mientras otra confesaba haberse sorprendido con el color blanco que conquistaba el pueblo. «Todo estaba helado», insistía.

Hacia el mediodía, los mercurios se plantaban en cero grados y los pasaitarras salían a la calle dispuestos a desafiar al frío para tomar parte en la primera kantujira popular del año. Abrigados y sin apenas detener su paso, saludaban a los vecinos con un repertorio de canciones, entre las que se incluían algunos temas de corte navideño.

Los txistularis acompañaron su ruta y, afortunadamente, también el sol, haciendo más llevadero el itinerario hasta Erreka. Su actuación fue seguida por niños y mayores, como las hermanas Garazi y Aitziber, quienes no quisieron perderse los sones musicales.

Con algo más de frío, concretamente menos tres grados, entrenaron los remeros que hoy tienen una cita, a las 11.00, en el Bidasoa con el campeonato de Gipuzkoa de banco móvil en larga distancia.

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