Diario Vasco
Para el recuerdo. Los niños, fotografiándose con las calabazas.
Para el recuerdo. Los niños, fotografiándose con las calabazas.

San Pedro celebró su noche más negra

  • Niños y adultos disfrutaron de una velada con la que se pretendía recuperar una vieja tradición

Calabazas iluminadas desde sus entrañas que sonreían a los vecinos con muecas grotescas, una horda de muertos vivientes, salpicaduras de sangre e historias de miedo relatadas al calor de una fogata. La víspera de Todos los Santos se convirtió en San Pedro en una velada muy especial, provista de todos los ingredientes para hacerla tan terrorífica como memorable.

Así fue la primera 'Gau beltza' o, lo que es lo mismo, 'Noche negra', organizada por el denominado 'Txoko de familias de Proisa', la plataforma Proisa y la comisión de fiestas. A la hora de presentarla ante el resto de vecinos, sus responsables señalaban que «se trata de una sencilla fiesta que tiene tres objetivos; el primero es transmitir a los niños y niñas y jóvenes del pueblo la importancia de mantener y recuperar viejas tradiciones populares; el segundo objetivo es ofrecer una alternativa al modelo de ocio ajeno y consumista que les transmite la tele; y por último, la intención de pasar una tarde agradable en torno al fuego y comiendo castañas asadas».

Y sin duda, sus intenciones se vieron cumplidas con creces. Fueron muchos niños y padres los que acudieron a media tarde al frontón para participar en los talleres que sirvieron de preparativos para este festejo. Los chavales confeccionaron sus propios disfraces con ayuda de sábanas viejas e instrumentos musicales recurriendo a botellas de agua vacías. También tuvieron oportunidad de crear potentes talismanes con forma de eguzkilores.

Como muertos vivientes

Pasadas las siete de la tarde, los adultos iluminaban con antorchas el desfile que discurrió por la calle vieja. Las llamas abrían el camino a quienes simulaban ser muertos vivientes, maquillados para la ocasión o con el rostro oculto tras telas agujereadas. Sus pasos se encaminaron hasta unos metros antes de la fuente, donde las calabazas encendidas les aguardaban para tomarse multitud de fotografías.

Otras calabazas sonrientes les acompañaron en su regreso a la plaza, donde los menores tomaron asiento alrededor de una hoguera. Era el momento de disfrutar de las castañas asadas allí mismo y a continuación, guardar silencio para disfrutar de los cuentos que les narraron los actores del grupo de teatro infantil Patata Tropikala.

Los niños escuchaban atentamente los relatos, mientras también los mayores se dejaban llevar por la magia de una noche que, a buen seguro, volverá a repetirse dentro de doce meses.

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