El policía que descubrió que él mismo era el asesino

Playa de Le Havre donde tuvo lugar el crimen. /DV
Playa de Le Havre donde tuvo lugar el crimen. / DV

El detective Robert Ledru protagonizó un caso criminal que conmocionó a la sociedad francesa de finales del siglo XIX

Ion M. Taus
ION M. TAUS

Hay casos en la historia criminal de la humanidad que superan, por su inverosimilitud, a lo que el guionista más enrevesado sería capaz de escribir. Es el caso del detective Robert Ledru, que en 1887 conmocionó a la sociedad francesa con un delito que protagonizó como investigador y también como perpetrador, al más puro estilo ‘Shutter Island’ o ‘Memento’.

Ledru, de treinta y cinco años e inspector jefe de la Sûreté Nationale (antigua Police Nationale francesa), se encontraba en la localidad de Le Havre, en Normandia, para investigar la desaparición de unos marineros, sin embargo, la aparición de un cadáver con un disparo de bala en la playa obligó a todos los efectivos policiales disponibles a centrarse en este nuevo caso.

El nombre de la víctima era André Monet, un hombre que se encontraba en Normandía de vacaciones y el móvil del crimen no estaba nada claro, ya que no había sido atracado ni tenía ningún enemigo en Le Havre al ser forastero. El inspector Ledru, al investigar la escena del crimen, observó junto al cuerpo un conjunto de huellas que bien podrían ser del asesino. Al examinarlas con más detenimiento se dio cuenta de que las del pie derecho eran menos profundas, lo que podría indicar la ausencia del dedo pulgar en la extremidad diestra. Los policías presentes declararón despues que Ledru se quedó lívido en ese momento. Al recuperar la compostura, ordenó sacar moldes en yeso de las huellas y se negó a interrogar a un solo testigo más.

Robert Ledru.
Robert Ledru.

Cuando el yeso fraguó, Ledru examinó los moldes durante unos interminables minutos, y finalmente anunció al resto de policías que se podían marchar a comisaría porque ya había descubierto quién era el asesino.

Le faltaba una bala

No fue hasta el día siguiente cuando Ledru se presentó en la central de policía de Le Havre. Allí se reunió con el comisario, quien le enseño la bala usada para perpetrar el crimen. La respuesta del inspector fue coger la bala y seguidamente sacar su arma, un revólver de seis tiros en el que en su tambor había tan solo cinco balas del mismo calibre a la usada en el asesinato. El comisario no terminaba de entender, así que Ledru se descalzó y le mostró su pie derecho, al que le faltaba un pulgar. El caso estaba cerrado, él era el asesino.

El impacto en el comisario y sus hombres fue hondo, y es que Robert Ledru era un policía de reconocido prestigio, con un importante currículo de detenciones a su espalda; incluso dirigió el desmantelamiento de un golpe de estado organizado por la Hermandad del Orden Social, un grupo clandestino del que formaban parte banqueros, médicos, abogados, etc. Parece que en Le Havre no terminaron de creerse su historia, ya que poco después se presentó en París ante su superior junto a todas las pruebas recogidas para repetir su confesión. Además, añadió que la mañana del crimen encontró sus zapatos y calcetines mojados.

Ledru realizó la reconstrucción de los hechos, pero claro, todo era una hipotesis, porque no recordaba nada. Ledru llegó a la conclusión de que esa noche se despertó, se vistió y fue hasta la playa, donde encontró a André Monetpaseando. Por alguna razón comenzaron a discutir, se pelearon y el policía sacó su revólver y le disparó en el pecho. Seguidamente volvió a su habitación de hotel y se acostó. Ledru creía que había cometido el crimen en una especie de trance, por lo que no había intencionalidad, pero aún así, se consideraba un peligro para la ciudadanía, así que pidió que lo arrestaran.

Encerrado con una pistola

A sus superiores de la Policía les costó creer la versión de Ledru, pero tampoco tenían una explicación mejor, así que dieron cierta credibilidad a la posibilidad de que Ledru hubiese matado a Monet mientras se encontraba en un estado de sonambulismo. Para comprobarlo, lo encerraron en una celda mientras lo vigilaban y le dejaron una pistola con balas de fogueo, a ver qué pasaba. Una noche Ledru se incorporó sonámbulo, cogió el arma y disparó contra uno de los guardias que vigilaban sus reacciones nocturnas antes de tumbarse otra vez y seguir durmiendo.

Por lo visto, el celo con el que se dedicaba a su profesión tuvo mucho que ver con el crimen. Ledru había sido enviado a Le Havre para que descansase de su trabajo en París, ya que estaba agotado física y mentalmente. Además, padecía de sífilis desde hacía diez años. Ledru sufría también una fuerte depresión provocada por su lucha contra Hermandad del Orden Social, y es que al descubrir la conspiración y arrestar a gente aparentemente intachable, es decir, la misma sociedad que él creía defender, se desmoronó.

Finalmente, las autoridades policiales aceptaron que su hipótesis sobre el asesinato de Monet era cierta y fue recluido en una granja de las afueras de París, donde pasó el resto de su vida bajo control médico hasta su muerte en 1937.

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