Islas Lofoten, el Caribe del Ártico

El archipiélago noruego, en el extremo norte de Europa, disfruta de un clima templado en verano que ilumina sus playas, fiordos y pueblos pesqueros

Miguel Villameriel
MIGUEL VILLAMERIEL

Las playas de arena blanca bañadas por aguas cristalinas y rodeadas de verdes colinas podrían recordar a una estampa tropical, pero estamos más allá del Círculo Polar Ártico. Las Islas Lofoten son un archipiélago noruego formado por cerca de 2.000 islas y peñascos que se sitúa en el extremo norte de Europa, aunque goza de unos veranos templados gracias a la corriente del Golfo de México que calienta sus aguas. Una peculiaridad que le ha llevado a convertirse en un atractivo turístico para viajeros que huyen de las aglomeraciones y buscan la belleza natural de unas islas bien comunicadas que ofrecen diversas alternativas según la época del año en que se visiten.

A pesar de ser un archipiélago, las Lofoten, que se alzan majestuosas frente a las costas del norte de Noruega, están unidas al continente europeo por una amplia red de puentes y túneles bajo los fiordos que permiten recorrerlas en coche de extremo a extremo. La carretera E-10, conocida como ‘La Ruta del Rey’, se convierte así en trayecto panorámico que sorprende al mismo tiempo por las curiosas obras de ingeniería que unen cientos de islas como por las indescriptibles vistas que se suceden desde la ventanilla del coche. Si miramos un mapa del archipiélago, contemplaremos formas imposibles horadadas durante siglos por fiordos de origen glaciar. Un vistazo sobre el terreno, mientras, permite vislumbrar cientos de montañas que se suceden a lo largo de los 60 kilómetros del archipiélago. Algunas se elevan 1.000 metros a escasa distancia del mar, por lo que los amantes de la montaña pueden disfrutar de unas vistas de ensueño después de un pequeño esfuerzo.

Las islas Lofoten son un paraje que ha llamado la atención del viajero desde hace décadas, y hoy se han convertido en un reclamo de primer orden en los países escandinavos, aunque su situación alejada, 150 kilómetros por encima del Círculo Polar Ártico, ha permitido que preserven sus encantos tradicionales. El archipiélago, consagrado durante siglos a la pesca del bacalao, apenas supera los 50.000 habitantes, mientras que su ciudad más importante, Svolvaer, no llega a los 4.000, aunque dispone de un pequeño aeropuerto. La mayoría de los pueblos de Lofoten son pequeños asentamientos de pescadores que, con el tiempo, se han ido adaptando también a la acogida de viajeros. Pero rara es la localidad que dispone de más de tres establecimientos hoteleros. Una circunstancia que frena cualquier riesgo de masificación. Por ello no es extraño que muchos de los viajeros opten por recorrer las islas en autocaravana, aprovechando que la ley noruega permite acampar en cualquier lugar sin requerir permisos.

M-Villameriel

Los meses de verano son perfectos para recorrer las islas porque el sol apenas se pone (de finales de mayo a mediados de julio el sol de medianoche se convierte en un imán para los curiosos) y las temperaturas pueden rondar los 20 grados. Cuando calienta el sol, los más valientes incluso se atreven a darse un chapuzón en las tranquilas playas del norte de las islas, donde el agua del mar puede estar a 6 o 7 grados. Al final del verano, con el descenso de las temperaturas y el acortamiento de los días, las Lofoten conservan algunos atractivos como las auroras boreales (cuando el cielo se tiñe de verdes figuras fantasmagóricas al amanecer, a partir de septiembre y durante todo el otoño) o las salidas en barco para avistar ballenas y orcas.

En invierno el archipiélago entra en un letargo de oscuridad en el que cada día el cielo apenas se ilumina dos horas, aunque la tradicional pesca de bacalao que se acomete en enero se convierte en un acontecimiento social para los lugareños, que honran de esta forma al pescado que fue el principal sustento de sus antepasados durante siglos. De hecho, el bacalao Skrei que se pesca en las Lofoten está considerado el de mayor calidad del mundo, porque la travesía que realizan los bancos de peces desde el helado mar de Barents hasta el archipiélago noruego les dota de una complexión fuerte que convierte su carne en la más firme y jugosa de cuantas existen. La adoración de los lugareños por el bacalao se deja ver en las calles de los principales pueblos pesqueros, donde aún hoy se mantienen los tendederos de madera donde se cuelga el pescado, previo revestimiento de sal, para que se seque en los meses cálidos de primavera y verano. De esta forma, los antiguos moradores de las islas podían disponer del bacalao pescado en invierno durante todo el año.

Ahora la actividad turística compite con la pesca como principal motor económico de Lofoten (donde por otro lado la vida es tan cara como en cualquier otra zona de Noruega, uno de los países europeos con mayor renta per cápita gracias a sus inmensas reservas de petróleo), pero estas islas han conseguido conservar su esencia.

Fotos

Vídeos