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¿Quiénes son y por qué huyen los rohinyás?

La oficina de la ONU en Bangladés estima que más de 400.000 miembros de la minoría musulmana rohinyá han llegado al país. En tres semanas, se ha creado uno de los mayores campamentos de refugiados del mundo y ni las autoridades locales ni las oenegés dan abasto.

Beatriz Campuzano
BEATRIZ CAMPUZANO

En Bangladés, se ha creado uno de los mayores campamentos de refugiados del mundo y ni las autoridades locales ni las oenegés dan abasto. Los refugiados rohinyás que se hacinan en esos campos tienen un acceso muy limitado a atención médica, a agua potable, a letrinas y casi no disponen de alimentos. Pero en Birmania desde que se desatará hace tres semanas una ola de violencia por parte del Ejército no podían quedarse. Los rohinyás, considerados a menudo como «la minoría más perseguida del mundo», han vivido durante siglos en Birmania, país de mayoría budista, donde las autoridades no reconocen la ciudadanía a los miembros de esta etnia musulmana, al considerarlos inmigrantes bengalíes y les imponen múltiples restricciones, incluida la privación de movimientos. Son apátridas.

Más de 400.000 miembros de esta minoría musulmana han pasado a Bangladés desde finales de agosto, escapando de la represión del ejército birmano desencadenada tras los ataques de los rebeldes rohinyás. Han cruzado la frontera huyendo de violencia y han llegado a países donde sus vecinos no siempre les han recibido con las manos abiertas y donde las condiciones son muy precarias. No hay espacio suficiente en los campamentos existentes y las personas que van llegando se instalan donde pueden. Así, todas las colinas de la zona están recubiertas por un sinfín de lonas negras que apenas sirven para guarecerse de las lluvias monzónicas.

La ONU, así como varios grupos de derechos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, han denunciado sistemáticamente el trato de Myanmar y los países vecinos hacia los rohinyás. La ONU, por su parte, ha dicho que es «muy probable» que los militares hayan cometido graves abusos contra los derechos humanos en Rakhine, que pueden equivaler a crímenes de guerra, alegaciones que el gobierno niega. Durante estas medidas de represión, los refugiados rohinyás han informado a menudo de violaciones, torturas, incendios premeditados y asesinatos por las fuerzas de seguridad de Myanmar, según informó Acnur. Médicos Sin Fronteras (MSF) ha pedido que se permita a las organizaciones humanitarias penetrar «sin trabas» en el estado birmano de Rakhine para auxiliar a la población, cuyas necesidades son «masivas». La ONG asegura que «cientos de miles de personas permanecen aún en el norte de Rakhine y que carecen de cualquier tipo de asistencia humanitaria».

¿Qué opinan India y Bangladés?

Rohinyás en Bangladés

225.000
asentamientos espontáneos
161.000
campamentos preexistentes
29.000
comunidades de acogida
Fuente
MSF

Ante la llegada masiva de refugiados a Bangladesh, el Gobierno de este país ha evitado acrecentar la tensión con las autoridades birmanas y ha asegurado que la solución a la crisis será diplomática y no militar. No obstante, Bangladés ha intentado a menudo evitar que los refugiados rohinyás cruzen su frontera. El primer ministro de Bangladesh, Sheikh Hasina, ha pedido en reiteradas ocasiones a la ONU y a la comunidad internacional que presionen al gobierno de Myanmar para permitir el regreso de cientos de miles de refugiados rohinyás.

En India, donde se estima que hay unos 40.000 rohinyás, la situación es más tensa. Tanto es así que Delhi, para frenar la oleada de refugiados, ha reforzado su frontera con Birmania para impedir la entrada de más personas. ¿Por qué? Porque el Gobierno considera que la presencia de rohinyás en su territorio supone una «seria amenaza a la seguridad» del país. «La continuidad de la estancia de los rohinyás en la India, además de ser absolutamente ilegal, ha resultado tener consecuencias en la seguridad nacional y supone serias amenazas a la seguridad», ha indicado el Ejecutivo de Narendra Modi en una declaración jurada dirigida al Tribunal Supremo indio.

Imágenes de un campo de refugiados. / Agencias

¿Y Aung San Suu Kyi, la líder birmana?

Suu Kyi ha decidido romper este martes su silencio, pero no desde la tribuna de Naciones Unidas en Nueva York, sino desde Naypidaw, la capital administrativa de Birmania

La dirigente birmana Aung San Suu Kyi ha dicho que Birmania está lista para organizar el retorno de los 420.000 refugiados rohinyás que huyeron a Bangladés, pero sin anunciar medidas. «Estamos preparados a iniciar el proceso de verificación en cualquier momento», ha dicho dirigente de facto de Birmania, en referencia a quienes han huido hacia Bangladés en un éxodo sin precedentes. «Estamos preocupados tras haber escuchado sobre la cantidad de musulmanes que huyeron a Bangladé», ha apuntado en un discurso televisado, en el que ha condenado «las violaciones a los derechos humanos y la violencia ilegal» que puedan haber exacerbado la crisis. La dirigente también ha afirmado que las Fuerzas Armadas birmanas han recibido instrucciones para que «tomen todas las medidas para evitar daños colaterales y que los civiles resulten heridos» en su operación.

Lo cierto es que Suu Kyi se encuentra en una posición delicada, entre la comunidad internacional, que la critica con dureza, y la población birmana, mayoritariamente antimusulmana. Hasta ahora, la exdisidente y premio Nobel de la Paz ha apoyado al ejército, acusado de cometer abusos contra la población bajo pretexto de una operación antiterrorista.

La líder birmana tiene poco margen de maniobra. Muchos temen que estos refugiados se queden bloqueados durante años en Bangladés, ya que las autoridades birmanas han anunciado recientemente que no dejarían volver a los que huyeron, al considerarlos cómplices de los rebeldes rohinyás, vistos como «terroristas» por el gobierno. «Los que huyeron de sus pueblos fueron a otros países por miedo a ser detenidos porque están implicados en los ataques violentos», aseguraba la semana pasada Aung San Suu Kyi.

Precedentes:

Los rohinyás se han enfrentado a la persecución llevaba a cabo por los militares de Myanmar desde la independencia del país a finales de los años cuarenta. En dicho país no son considerados ciudadanos -no han sido nunca reconocidos como grupo étnico- y no tienen derecho a poseer propiedades. El origen de esta minoría musulmana no es clara. Por un lado, los propios rohinyás dicen que son indígenas descendientes de comerciantes árabes. Por otro lado, el Estado birmano les considera migrantes musulmanes venidos desde Bangladés durante la ocupación británica.

Sea como fuere, ante este éxodo masivo y si no se encuentra una solución, el número de refugiados en Bangladés podría duplicarse en las próximas semanas.

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