Una vasca afectada por 'Harvey': «Me impresiona este país; estamos hundidos en el barro, pero no he visto a nadie llorar»

La ingeniera de Getxo Inma Espiñeira fotografíada en su barrio con la piragua que han usado para rescatar a varios vecinos. / DV

Una vasca residente en Houston relata el caos desatado por la devastadora tormenta 'Harvey' y la ola de solidaridad que ha despertado

JOSU GARCÍA

A la getxotarra Inma Espiñeira y su familia, la devastadora tormenta 'Harvey' les sorprendió mientras veían en casa de unos amigos el combate de boxeo entre Mayweather y McGregor. Era la madrugada del sábado en España. En el televisor de la vivienda, ubicada en el barrio Westchester de Houston, llovían los golpes entre los dos púgiles. En el exterior, comenzaba a arreciar un diluvio de proporciones casi bíblicas. La zona era ayer un mar salpicado de pequeñas islas con forma de tejados, copas de árboles y farolas. Por la carretera ya no se circulaba en coche sino en piragua.

Han pasado ya seis días desde que Mayweather derrotó a McGregor en Las Vegas, pero los habitantes de los Estados de Texas y Luisiana siguen achicando agua y enterrando a sus muertos (más de 30). «Lo peor parece haber pasado, pero aún seguimos en alerta máxima porque los embalses se encuentran desbordados y están desaguando con gran fuerza», explica Espiñeira. Esta mujer de 44 años lleva 24 meses viviendo en Houston. Nació en el barrio de Romo. Estudió ingeniería y consiguió un puesto en Petronor. Posteriormente hizo las maletas para seguir trabajando en la industria petrolera. Primero estuvo en Trinidad y Tobago. Luego se afincó en Perú y, finalmente, se instaló en el barrio Westchester de la ciudad tejana.

«Tenía el recuerdo de las inundaciones de Bilbao. El río Gobela se desbordó entonces, pero yo era pequeña y me lo tomé como una aventura», cuenta. «Es exactamente lo que está viviendo mi hija de 4 años. Los primeros días estaba en la calle jugando con el resto de niños, chapoteando o montando en piragua. Lo veía como algo divertido». Los pequeños no regresarán al colegio por ahora. «Nos han dicho que las clases se retomarán el martes, pero cada vez lo van retrasando más». Nadie acude a trabajar. Todo está cerrado y el «caos» es absoluto. «Ahora hay miedo al pillaje».

Rescates en kayak

«Mi barrio está lleno de rescatadores y miembros de los equipos de emergencia», relata la ingeniera getxotarra. «Mi casa, al estar en una zona más elevada que el resto, es la única que aún no se ha inundado y la está usando la Policía como cuartel general», explica. Espiñeira se considera afortunada, pese a que se ha tenido que instalar en el hogar de los padres de un conocido.

«Hay vecinos que lo han perdido todo. Varios amigos nos ayudaron a poner a salvo mis pertenencias más preciadas, muchas de ellas tienen un valor sentimental, no material», dice. A la segunda planta de su casa ha subido, por ejemplo, álbumes con fotografías familiares.

Espiñeira asegura que el diluvio ha sido «mucho peor de lo esperado: ha llovido a lo bestia». La familia se ha convertido en muy popular en la barriada. Muchos de los vecinos se refugiaron en su hogar y su marido rescató en un kayak a varias personas incomunicadas. «El peor momento tuvo lugar el martes. El agua subía y subía y nosotros no podíamos hacer nada para detener la inundación. Sientes angustia e impotencia».

La getxotarra destaca el carácter «positivo» de los estadounidenses. «Pese a estar hundidos en el barro, no he visto a nadie llorar. Es lo que más me ha impresionado: la fuerza para sobreponerse a la tragedia».

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