Los discapacitados que crearon un bosque de 10.000 árboles

Imagen de un reportaje de la televisión china.
Imagen de un reportaje de la televisión china.

Jia Haixia, ciego, y Jia Wenqi, sin brazos, han cambiado una llanura por un bosque gracias a su trabajo en equipo

R. C.

Jia Haixia vive en el pueblo de Yeli, en la provincia china de Sunzhuang. Alrededor de su casa todo era maleza y rocas, un terreno poco atractivo y que para él podría haber pasado desapercibido porque desde el año 2000 es completamente ciego. Pero es un hombre generoso y aunque no pueda ver el paisaje ha cambiado la vida de la zona. «Soy discapacitado y no quiero ser una carga para mi familia, así que planto árboles», explica a todo aquel que quiera escuchar su historia.

Junto a Haixia asiente el inseparable Jia Wenqi, un hombre que perdió sus dos brazos cuando era apenas un niño. Es la segunda parte de un equipo que ha logrado levantar un bosque de 10.000 árboles gracias a un trabajo de hormiga de dos señores de mediana edad.

Los dos, amigos dsede la infancia, suelen partir de madrugada con sus aperos hasta la zona que han transformado. «Él es mi ojos y yo soy sus brazos», repite invariablemente Haixia. Son las dos caras de un mismo espjo y viven tan compenetrados que pronuncian las mismas respuestas. «Trabajamos juntos, dos se convierten en uno», insisten.

Wenqi lleva a hombros a su compañero cuando hay que cruzar ríos, agarra las herramientas con los pies y con los dientes y aúpa a su amigo ciego para que trepe a los árboles que necesitan su cuidado. Con su voz y los brazos de su compañero redondean el trabajo en equipo.

Juntos han recorrido el sendero al norte de sus casas hacia una llanura que parecía yerma durante los últimos 15 años. «Plantamos estos árboles para mejorar el medio ambiente y para las futuras generaciones», señala Haxia. Pero su trabajo ha ido mucho más allá, ya que sus formaciones naturales han contribuido a controlar el caudaloso río en tiempos de inundaciones.

No obstante, lo que ahora es una historia de inspiración empezó con más obstáculos que sus discapacidades físicas. Wenqi aportó sus conocimientos de jardinería, pero no hubo ayuda de los vecinos. «No creían que fuéramos capaces de hacerlo. Toda la orilla había estado sin hojas durante años y apenas se veían árboles», recuerda Haixia.

Ambos compartieron los ahorros de sus pensiones para comprar semillas y herramientas y marcharon hacia la utopía cada día. «Puede ser difícil financiarlo, pero nuestro espíritu está contento», apunta Haixia a los reporteros que le preguntan, aunque añade un guiño: «Después de tantos años los árboles han crecido y conseguiré dinero». Su historia, difundida por las televisiones chinas, ha facilitado que reciban donaciones para extender el bosque de los 10.000 árboles que fueron capaces de crear dos discapacitados.

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