Donostiarras testigos del terremoto de México: «De repente todo se movía; lo único que queríamos era salir»

De izquierda a derecha, Maialen, Silvia e Itziar, en el hospital

Itziar González, Maialen Martínez y la vitoriana Silvia Bravo estaban en el hospital de Ciudad de México en el que realizan prácticas de Medicina cuando ocurrió el terremoto

GARAZI REZABALSAN SEBASTIÁN

Tres jóvenes vascas han vivido en primera persona el terremoto que anoche azotó el centro de México causando centenares de muertos. Las donostiarras Itziar González y Maialen Martínez, y la vitoriana Silvia Bravo, estudiantes de último curso de Medicina, se encontraban en el Hospital Obregón, en la colonia Roma Norte de Ciudad de México, donde realizan sus prácticas, cuando la tierra y el edificio empezaron a temblar.

Testimonios

«Estaba en urgencias, y de repente todo se movía. Enseguida nos dimos cuenta de que era un terremoto y de que era potente. Lo único que quería era salir del hospital», cuenta Itziar, de 22 años. «Primero hemos salido a la calle médicos y estudiantes, y a los 20 minutos, una vez que la policía nos ha permitido entrar en el edificio, hemos desalojado el centro», explica aún con el susto en el cuerpo.

Maialen, de 22 años, y Silvia, de 23, estaban en otra parte del centro sanitario. «Nosotras justo habíamos terminado una cesárea», cuenta Silvia. «Hemos ido al quinto piso a descansar, y cuando hemos notado que las paredes comenzaban a temblar, hemos bajado rápidamente al cuarto piso. No nos ha dado tiempo a salir», explica la alavesa. «Todo se movía, era casi imposible tenerse en pie. Y no podíamos salir. Hemos pasado mucho miedo».

Más información

Itziar, al estar en la planta baja, sí ha podido salir del edificio, siendo testigo de que «había mucha gente queriendo salir, y las paredes se movían tanto que todo se caía: goteros, estanterías...».

Sala de urgencias colapsada

«Una vez desalojado el edificio hemos montado un hospital de campaña improvisado», narran las jóvenes. «Hemos dividido a los pacientes por enfermedad y gravedad, e improvisado un quirófano para los casos más graves», explican. Asimismo, las jóvenes y el equipo hospitalario realizaron dos censos, uno para comprobar que todos los pacientes habían sido rescatados, y otro para contabilizar los heridos por el terremoto que se acercaban a las instalaciones hospitalarias.

«Hemos estado entre 5 y 6 horas en la calle. Después hemos podido entrar a la primera planta de las cinco que tiene el hospital y han habilitado un par de quirófanos», cuenta Silvia. Aún así, Itziar informa de que «ahora mismo no tenemos suministro eléctrico, y estamos funcionando con un generador que funciona con gasolina de manera interrumpida. Por este motivo, los pacientes de más gravedad han sido trasladados a otros hospitales mejor abastecidos».

Añaden que se ha dado de alta a todos los pacientes posibles, ya que en la sala de urgencias, habilitada para ocho personas, está abarrotada ahora mismo con 20 pacientes. Aun así la ciudad se ha implicado e Itziar asegura que «todos están ayudando, tanto a los pacientes como a los trabajadores. Hay niños repartiendo comida, café y agua por los barrios. Todo el mundo se han involucrado por la causa».

La familia, tranquila

Las familias, en un primer momento preocupada por la situación de las futuras médicos, ya respiran tranquilas. «Hemos tenido la suerte de poder hablar con nuestros padres», dice Silvia, que explica que su padre ya había llamado a la Embajada, que se puso en contacto con el hospital para asegurarse de que las tres estudiantes estaban bien e informar a las familias.

Las tres jóvenes, con el susto aún en el cuerpo, están trabajando duro para atender a todos los pacientes que se acercan a su hospital para ser atendidos tras el terremoto. «Los casos que más atendemos son heridos por rotura de huesos y brechas en la cabeza. Es de madrugada, y llega mucha gente al hospital. En nuestro barrio, colonia Condesa, incluso después de más de 20 horas del terremoto, sigue habiendo rescates».

Joseba Gutiérrez: «No me olvidaré de esa sensación de miedo y angustia»

Joseba Gutiérrez de 29 años, donostiarra residente en México desde hace 3 años, también ha relatado para El Diario Vasco cómo ha vivido estas trágicas horas. "Trabajo para una empresa de importación y distribución de alimentos españoles aquí en México y venía en el coche de una reunión por una zona residencial. De repente la carretera se empezó a mover, me di cuenta de que no era normal porque los cables de la calle se movían de arriba a abajo y los semáforos se movían también de lado a lado. La gente salía despavorida de sus casas y de los edificios mientras sonaba la alarma sísmica. Nos quedamos dentro del coche alejados de los edificios por lo que pudiera ocurrir. Esa sensación de miedo y angustia será muy difícil de poder borrarla de mi mente. De hecho, al llegar a mi piso observé unas enormes grietas en la pared y detrás del armario. Tienen que pasar los peritos a revisar en el día de hoy, aunque al parecer no hay daños estructurales en el edificio".

Temas

Mexico

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos