Diario Vasco

Tan divididos como en la isla

Tan divididos como en la isla
  • Doce cubanos residentes en Euskadi hablan sobre la muerte de Fidel y sus juicios no pueden ser más diversos

Admiración y devoción por su líder desaparecido. O crítica dura, sin concesiones. Las visiones contrapuestas que tienen los cubanos sobre la figura de Fidel no se atenúan con la distancia. Doce ciudadanos de aquel país residentes en Euskadi juzgan su política y su legado, y el retrato es de un contraste absoluto.

Pablo Fernández Reyes. Hostelero. 30 años en Bilbao:
«No soy fidelista, pero no me gusta la fiesta de Miami»

Salvo diez meses que pasó en Madrid, el hostelero Pablo Fernández ha pasado todo el tiempo en Bilbao desde que llegó a España hace 31 años. Ahora lleva la coctelería Mojito Social Club. A la entrada del local de Colón de Larreátegui, luce la bandera de Cuba. «Lo primero es mi bandera y alrededor de ella debemos estar. Así debería haber sido antes, durante y después de la Revolución. No soy fidelista, pero he visto sus logros, y por eso tampoco me gusta el exceso de fiesta que montaron los grupos anticastristas en Miami», relata.

Fernández no cree que Cuba vaya a cambiar «mucho» a la muerte de Fidel. «Deberían haberse ocupado de hacer las cosas distintas, a partir de 1989, cuando se desmoronó el bloque del Este, no ahora. Nadie se atrevió a decirle entonces ‘comandante, así no, que se está equivocando’. Cuando la gente que tienes alrededor solo te halaga, pierdes la perspectiva. Y eso ha pasado con Cuba. Ahora es tarde, pero más vale tarde que nunca».

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Belki Morejón. Enfermera. Doce años en San Sebastián:
«Soy quien soy gracias a Fidel»

Belkin Morejón dejó atrás su isla y a su familia por amor. Cuando se enteró de la muerte de Fidel Castro una profunda tristeza la recorrió por dentro. «Tengo los mejores recuerdos del comandante», asegura. «Nací en 1977, soy enfermera y estudié gratis. Soy lo que soy gracias a él». Dice que el legado de Fidel Castro perdurará durante años. «Hizo cosas muy buenas. Consiguió que no existieran las clases sociales, logró la igualdad en los cubanos. Yo soy negra y he sentido la igualdad desde el primer momento». En cuanto al futuro, desea que todo continúe igual en la isla. «El camino que han trazado durante todos estos años va a seguir por el mismo camino». El país no se ha parado durante estos años». En cuanto a la relación que espera se vaya a crear en este nuevo escenario entre Cuba y Estados Unidos tiene muchas dudas: «La política es muy cochina y no sé lo que puede ocurrir».

Francisco Luis Hernández. Pedagogo. Cartorce años en Vitoria:
«La muerte de Castro es un suceso anecdótico»

Pese a que tenía un buen trabajo en la universidad y acababa de conseguir el doctorado en Ciencias Pedagógicas, «la vida en Cuba era terrible, insoportable. Había que salir de allí o al menos intentarlo». Así lo hizo Francisco Luis Hernández, que llegó a Vitoria en 2002. «Y con la ayuda de mis amigos Elena e Iñaki, me instalé», recuerda. Tres años después, pudo traer también a sus hijos Frank Luis y Luis Ángel, «y aquí está mi proyecto de vida, con todos ellos», relata este trabajador de un recurso tutelado del Ayuntamiento que atiende a personas en riesgo de exclusión social.

La muerte de Fidel Castro «no deja de ser para mí un suceso anecdótico, como la de Rita Barbera», asegura con claridad, la misma que emplea para sentenciar que «yo al comandante le derroté cuando me escapé de Cuba». Nada va a cambiar en su país, dice. «Las estructuras de poder y de vigilancia siguen instaladas en una dictadura injustificada».

Diansy Morales. Parada. Nueve meses en Vitoria:
«El legado del comandante va a perdurar siempre»

«Sabíamos que la muerte de Fidel Castro era algo que podía pasar pero nunca estás preparado», asegura la joven Diansy Morales. Dejó su Matanzas natal para acompañar a su novio Andoni, al que conoció en Cuba «porque él fue con una brigada solidaria». No descarta volver «porque allí están mis padres y mi familia, yo tenía dos trabajos y una vida feliz. Pero ahora hemos decidido estar aquí».

Y a más de 7.000 kilómetros ha conocido una noticia «muy triste». «Tuve la suerte y el honor de conocer a Fidel cuando yo tenía 12 años. Fue en una tribuna abierta organizada en Girón para apoyar al niño Elian» (el pequeño al que su madre se quiso llevar de Cuba a EE UU).

Diansy, hija de una familia revolucionaria y comunista, cree que «el legado del comandante va a permanecer siempre. Quizá la gente no sea consciente de lo que consiguió Fidel Castro y lo que ha hecho por nuestro país».

Valentina López García. Estudios superiores. Once años en Barakaldo:
«No habrá partidos porque seguirá sin haber libertad»

Valentina López García echó a llorar el viernes cuando se enteró del fallecimiento de Castro, pero no de pena, sino de «rabia y dolor». El régimen cubano arrebató a su familia «todas las propiedades» y, lo que es peor, «las ilusiones y la vida. Entraron en casa a punta de pistola y mi padre les tuvo que entregar todo. Lloraba como un niño y aún tengo ese dolor dentro». Por eso no alberga ningún tipo de esperanza en que la muerte de Fidel vaya a suponer un cambio político: «Ojalá, pero... Allí todo es un engranaje. En los centros de trabajo siguen teniendo a sus ‘informantes’. A nada que levantas la cabeza, ya estás en la cárcel y te apartan de todo». En los últimos años, Fidel, ya retirado, «públicamente quizás no pintaba mucho, pero seguía en la sombra». Con su muerte, advierte, utilizarán su figura «de bandera para enrocarse más y que aquello se vuelva a revolucionar».

Valentina duda hasta de la fecha del fallecimiento del dictador. Ahora, piensa que todo seguirá igual. «No habrá otros partidos que se puedan postular porque no hay libertad».

Ibis Rodríguez. Economista. Veintiún años en Oñati:
«Ha sido un ejemplo de lucha y entrega»

Tristeza, dolor e impotencia. Un cúmulo de sensaciones invadieron a Ibis Rodríguez el pasado sábado por la mañana nada más conocer el fallecimiento de Fidel Castro. Ella se define como «fidelista antes que comunista o socialista. Ha sido una persona importantísima para Cuba y vamos a seguir luchando por mantener su legado. Ha sido un ejemplo de entrega y de lucha por su país».

Cuando mira atrás, recuerda que estudió «de forma gratuita. Viendo la situación que vive la gente de los países de aquella región, hemos sido unos privilegiados». Rodríguez, que es secretaria de la Federación de Cubanos en España Patria José Martí, cree que el bloqueo de Estados Unidos sobre Cuba ha tenido gran parte de culpa del retroceso que ha vivido la isla. El futuro lo ve «con incertidumbre por la llegada de Trump». En cuanto a su propio país, sentencia: «Hemos cometido errores y creo que hemos cogido el buen camino para corregirlos pero sin perder nuestra esencia. Nunca seremos un país capitalista».

Greicy Echevarría. Camarera. Doce años en Legutiano:
«Estoy orgullosa de la educación recibida»

Se enteró de la noticia «porque una amiga me mandó un mensaje. No me lo creí y puse la tele. Como tampoco decían nada al principio, llamé a una tía». Ella le confirmó el fallecimiento de Fidel Castro. «La vida sigue, está claro. Pero sí que me ha dado pena», asegura esta habanera. Fue en la capital, donde conoció a su marido Antonio, «el motivo por el que en enero de 2004 me vine a Euskadi. Nos casamos y tenemos un niño de 11 años».

Es hija de un militar y «quizá por este motivo» en su casa siempre han tenido «muy presentes los mensajes del Gobierno y las políticas que llevaba adelante». Greicy está «orgullosa de los valores y la educación» que han recibido. Y aunque reconoce que se la dieron mis padres, por desgracia ya fallecidos, también han influido «los mensajes de la televisión».

Ahora trata de aplicar en su vida diaria «la ayuda al prójimo o la disciplina aprendida allí -bajo el mandato de Castro-, tanto en el trabajo como en las relaciones con la gente».

Reynier Cabado Alonso. Parado. Un año en San Sebastián:
«Cuba está dividida en dos»

«En algún momento tenía que fallecer, no me asombró», reconoce Reynier Cabado. «Salí de Cuba por temas económicos. Llevo trabajando desde los 16 años y no tengo nada, ni una bicicleta me pude comprar», explica.

Cabado es pesimista con el futuro de la isla. «No avanza, no vamos para adelante. La economía es el mayor problema que tiene el país, los salarios son muy bajos. Por ejemplo, un médico cobra 60 euros al mes, mientras que el salario medio son diez euros». Ha sido el ultimo de la familia en llegar a Gipuzkoa, donde trabajó en el sector de la limpieza pero ahora está en el paro. Pese a todo, se siente feliz. «Aquí en poco tiempo te puedes comprar un coche. Allí es imposible que alguien pueda contar con un vehículo. Solo lo consigues si lo has heredado o trabajas para el Gobierno». Eso sí, asegura que Fidel Castro era una persona «inteligentísima y quien le conoció decía que impresionaba».

Eduardo Camino. Fotógrafo. Quince años en Erandio.
«Nuestro futuro está en manos del Gobierno de EE UU»

Eduardo Camino, de 56 años, se «emocionó» la noche del pasado sábado ante la gran cantidad de personas que dice que salieron a la calles de Bilbao y luego se concentraron frente al Arriaga para «brindar un homenaje» a Fidel Castro. «Además de cubanos, habían muchos vascos, ecuatorianos, bolivianos, venezolanos, saharahuis y de muchos otros países».

Camino tiene una rabia. Dice que en su país falta «memoria histórica. Los niños de Cuba no han visto lo que yo viví. Estamos como estamos por cómo nos ha golpeado EE UU». Frente a estos «ataques», alaba la reacción del líder cubano. «Nunca fue el bucrócrata que se quedaba en la silla. Fidel era el primero en salir a la calle para dar ejemplo y no tirar de demagogia. Lo mismo para hacer deporte que cortar caña de azúcar». ¿Qué deparará el futuro?«No puedo hacer una premonición. No está en nuestras manos, sino en el nuevo Gobierno de EE UU. Veremos, pero Obama no hizo nada por Cuba».

Julián Despaigne. Educador social. Dieciséis años en Getxo:
«Fidel está muerto pero sus ideas seguirán vivas»

Julián Despaigne Larduet llegó a Bizkaia para cursar un máster de Cooperación Internacional en la UPV. Vino también enamorado de una burgalesa. Ayer se sentía triste y «apenado. De una forma u otra, tengo un profundo sentimiento de dolor, como sentiría por la muerte de cualquier ser humano». Despaignese define como un «incondicional fidelista. Castro es un político de talla universal que pasará a la historia por sus ideales y su incansable lucha por la causa de los desposeídos y la clase proletaria».

«La raza negra tiene mucho que agradecerle por lo que hizo en Cuba y por su papel decisivo contra el colonialismo en África». Entre las «luces y las sombras» del revolucionario cubano, Despaigne se queda con las primeras. «Entiendo que algunos hayan podido salir perjudicados y otros beneficiados. Yo soy de los beneficiados», subraya para mostrar sus dudas hacia dónde girará la isla: «Él puede estar muerto físicamente, pero sus ideas siempre van a estar vivas».

Arturo Pulido. Tornero. Dieciséis años en Villabona:
«Deseo que el pueblo cubano se reconcilie»

«Hace diez años que en Cuba gobierna Raúl Castro y no ha cambiado nada». «Yo no buscaba salir de Cuba, aunque allí el problema es la economía. Pero surgió la oportunidad de venir a Gipuzkoa y la acepté». Primero vivió solo pero a los tres años consiguió reunir a su mujer Marta y a su hija junto a él.

A pesar de que confirma que la situación en Cuba es «mala», Pulido no niega que Fidel Castro ha sido una figura «muy importante a nivel mundial. Ha sido un hombre sabio e inteligente». Ahora, su gran deseo es que «Cuba se reconcilie y haya paz. Cada país tienen sus problemas y la política es así. Al final lo único que queremos todos es poder sacar adelante a nuestra familia y vivir tranquilos». Por eso, confiesa que emigrar le ha servido «para dar un futuro» a su familia. «Si siguiéramos allí, no podría hacerlo. Eso es lo que verdaderamente me reconforta».

Roberto Lastre. Escritor y editor. Dieciocho años en Vitoria:
«Todos lloran por ellos mismos, por la vida perdida»

Roberto Lastre luchaba por reformar el sistema desde dentro. Y por sacar adelante una vocación literaria cuya calidad ya era conocida en la isla. Pero este abogado, que durante 16 años ejerció en La Habana como fiscal anticorrupción y antidroga, se sentía vigilado y controlado. «Vine a hacer un doctorado, y me quedé», recuerda Lastre.

«La muerte, que Fidel Castro quería posponer con encuentros científicos anuales para la prolongación de la existencia, llegó quién sabe cómo a él, una sombra que también supo lo que es morir de sed junto a la fuente, como dijo el poeta francés. Muchos murieron antes que él y sin ver el fracaso de su revolución», recuerda Lastre.

«Hoy se alegran los frustrados que no pudieron cambiar nada en casi sesenta años. Y lloran los que se conformaron, temiendo un mal peor. Pero todos lloran por ellos mismos, por su tiempo muerto, por la vida perdida», apunta el escritor.

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