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Boston, capital inglesa de la inmigración

Imagen panorámica del casco antiguo de la ciudad de Boston, en la región británica de Lincolnshire.
Imagen panorámica del casco antiguo de la ciudad de Boston, en la región británica de Lincolnshire. / DV
  • DV comienza un viaje por el Reino Unido del 'Brexit' en la cuna del aventurero británico John Smith, convertida hoy en una de las regiones con más extranjeros del país

Un aventurero llamado John Smith fue el jefe de una reducida expedición inglesa que asentó la primera colonia británica en América, en Jamestown, en el actual estado de Virginia. Guió y sometió a los otros para sobrevivir en los dos primeros y muy duros inviernos, y logró establecer una economía de subsistencia que sería germen del Imperio Británico.

Pero, según la leyenda que propagó en sus memorias el propio Smith, un día fue capturado por una tribu indígena y en el instante de su ejecución fue salvado por la intercesión de una muchacha, Pocahontas, hija del jefe tribal. La joven powhatan viajó más tarde a Londres, donde vivió como Lady Rebecca. Una bella historia contada por Walt Disney, aunque tiene poco que ver con la realidad.

Ahora que los británicos son apelados a desgajarse de la Unión Europea para reavivar su espíritu bucanero y a abrirse de nuevo a todo mundo, y en los que la inmigración causa el malestar que incita al aislamiento, hemos emprendido un viaje entre el lugar de nacimiento de John Smith y aquel en el que Pocahontas fue enterrada, explorando cómo son las vísperas del dilema británico, sí o no al 'Brexit'.

Smith nació en Willoughby, que era en 1580 una villa de cuatro o cinco casas en torno a la iglesia de Santa Elena. Su biógrafo, Peter Frisbook, lo retrata como hijo mayor de una familia relativamente acomodada, que ocho años después del nacimiento del primogénito oyó las campanas de la iglesia repicando por la derrota de la Armada española de Felipe II.

Se llega al Willoughby de hoy, en la región de Lincolnshire, por carreteras con bordes florecidos con margaritas y saúcos. El pueblo ha crecido pero está desierto. Un cartel junto al césped comunal, donde ondea la bandera británica en un mástil, menciona entre los atributos de la villa el de ser patria chica de Smith, cuya reputación no ha sobrevivido a los historiadores modernos. La iglesia está cerrada.

Por la vía costera hacia el sur, hacia Boston, destino de esta primera etapa, se llega a Skegness, una ciudad que vive del turismo y donde las concejalías eran repartidas entre conservadores y laboristas hasta la irrupción del eurófobo Partido por la Independencia de Reino Unido (UKIP). Ha ocurrido también en otros centros turísticos, en declive económico desde la invención del paquete de vacaciones a las costas españolas.

Paul Theroux, escritor de viajes americano, es cruel con Skegness en 'El reino junto al mar', donde recorre el perímetro británico. «Era un 'resort' bajo, ruidoso y gastado. Carecía absolutamente de alegría. Su vulgaridad no tenía interés. Era dolorosamente feo. Hacía que los ingleses pareciesen peligrosos», escribió en 1983. Había entonces más de tres millones de desempleados en Reino Unido.

En julio de 2008 aún duraba la euforia financiera cuando el entonces alcalde de Londres y actual líder de la campaña del 'Brexit', Boris Johnson, justificó en su artículo semana en 'The Daily Telegraph' sus inminentes vacaciones en el Mediterráneo, con un titular como un puñetazo: «Al carajo Skegness, mi traje de baño y yo nos vamos al sol».

Quedan atrás, despreciadas por ilustres y ricos, las canchas de bolos, quioscos de 'fish and chips', hamburguesas y chuches, tragaperras y la noria, una playa extensa y áspera. Quedan atrás abuelos con sus nietos, parejas jóvenes viviendo su primer romance con lecho de temporada baja, despedidas de soltero regadas con alcohol. Queda también atrás la reserva natural de Gibraltar Point, camino de la ciudad con más inmigrantes en Reino Unido.

«No te sientes en tu país»

Paseando por sus calles en el anochecer de un domingo, nadie diría que una cuarta parte de la población de Boston no nació en Reino Unido. Parece más bien que son la inmensa mayoría. Pero en la mañana las cifras oficiales sí reflejan la demografía del centro comercial. Esta ciudad está rodeada de la tierra más fértil del país, fue puerto comercial de la Liga Hanseática en la Edad Medieval.

El museo de la ciudad está cerrado, pero la mansión contigua está abierta al público. La abandonan un grupo de estudiantes y llegan al hall dos hombres en edad de jubilación, uno de Boston y el otro de Nottingham, que entablan una conversación que aconseja no sacar la libreta de notas para que fluya sincera.

-Son muchos más que el 25%. No te sientes en tu propio país. Yo no me atrevería a ir a West Street por la noche-, dice el de Boston.

En una agencia de empleo, a cincuenta metros de la mansión, en la misma acera, había ofertas para empaquetadores, conductores, para gente sin cualificar...

-Esto es una zona agrícola, es la que más alimentos produce para el resto del país. Y los extranjeros hacen los trabajos que hace diez o veinte años los ingleses decidieron no hacer más-, dice el de Nottingham. Que si es demasiado duro, que pagan poco, que yo no trabajo el sábado... Hay familias en las que no trabaja nadie. Y algunos extranjeros cobran el desempleo.

-Nos hemos convertido además en la capital del crimen, por navajazos entre polacos, lituanos... Los autores de los dos asesinatos que hubo el pasado año ya habían sido condenados en su país.

-Yo expulsaría inmediatamente a los que han cometido un crimen, nada de gastar dinero con ellos en la cárcel.

-¿Cómo votará Boston en el referéndum?

-Aquí ganará el voto contra... El voto por marcharse-, dice el de Boston.

-¿Por la inmigración?

-Sí.

-¿Pero los líderes del 'Brexit' han dicho que no expulsarán a los ahora residentes que han venido de la UE?

- Es muy difícil, porque no puedes expulsarlos, claro.

El hombre de Nottingham tiene una propuesta: «El Ayuntamiento podría ayudar más con la vivienda a los jóvenes de aquí que quieren trabajar».

-El país está sobrepoblado. Es el más sobrepoblado de Europa.

-Quizás con Holanda-, apunta el de Nottingham.

Holanda tiene una densidad de población de 501 personas por kilómetro cuadrado. En Inglaterra es de 413.

En West Street, la noche anterior, había hombres, quizás rumanos, sentados en la calle, descalzos, charlando. Había movimiento en torno a los restaurantes de comida para llevar. Algunos coches más estridentes que lujosos circulaban con excesiva velocidad. Pero la calle no causaba sensación de peligro. En el día se aprecian las tiendas de alimentos bálticos, los tradicionales restaurantes indios junto a otros polacos.

Comprobar antecedentes

Y en las oficinas del 'Boston Express', un periódico en polaco sobre la vida local, una mujer lituana, que solo quiere identificarse como Ilona, de 32 años, licenciada en sociología, relata su itinerario. Vino como estudiante en 2006, regresó tras terminar sus estudios en Vilnius, se casó con su marido letón, ambos trabajan, tiene dos hijos, una casa con hipoteca, ahorros, seguros contratados... No pueden expulsarlos, ¿quién lo pagaría?

-Inglaterra debería comprobar el historial delictivo de la gente que viene y no dejar que entre gente criminal-, dice nada más comenzar la conversación.

En el diario local, 'Boston Target', dan la noticia de la detención de un hombre lituano acusado de matar a su expareja, también lituana.

Ilona dice que no hay problema de inmigración en Boston, que sus hijos hablan inglés sin acento y se convertirán en ingleses, que los recién llegados deben aprender el idioma para integrarse, porque cuando te comunicas puedes resolver todos los problemas. Dice también que nunca ha sufrido trato discriminatorio o ha sido insultada en esta Inglaterra agitada por el número de extranjeros.

John Smith se embarcó en King's Lynn para luchar como mercenario en las guerras de Flandes contra el Imperio español. Y esa ciudad es el próximo destino en este itinerario.