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«Biomagune es un ejemplo de captación de fondos europeos»

El investigador Luis Liz Marzán se estrenará en enero al frente del centro como sucesor de Manuel Martín Lomas

26.12.12 - 09:55 -
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Luis Liz Marzán llegó a la ciencia de rebote. Empezó a estudiar química pensando en hacer veterinaria, sin tener las cosas muy claras : «En mi casa los fondos no eran muy sobrantes, y lo que había cerca de casa era química», recuerda. Entonces descubrió que «pensando se podían entender mejor las cosas» y allí se quedó. «Esa es la pregunta que nunca quiero que me hagan porque yo no sabía qué quería ser. No soy un buen ejemplo».
Pues bien. Este ‘mal ejemplo’ se estrenará en enero como director de Biomagune –después de un periodo de cohabitación con su predecesor, Manuel Martín Lomas–, viene de crear un grupo de investigación de alto nivel en la Universidad de Vigo y ha traído consigo casi 2,5 millones de euros de financiación procedentes de una Advanced Grant concedida por el prestigioso European Research Council (ERC) para sus investigaciones relativas a la comunicación entre bacterias y su interacción con otros tipos de células, que se han convertido en el proyecto estrella del centro.
–¿Qué espera conseguir con su Advanced Grant?
–Ya llevamos tiempo trabajando en la síntesis de nanopartículas, fundamentalmente de oro y plata, y no por el capricho, sino por sus propiedades. Al irradiar esas partículas con luz visible o infrarroja, y dependiendo de su geometría, se crea un campo eléctrico en su superficie que facilita hacer distintos tipos de análisis –espectroscopía– para reconocer ciertas moléculas. La idea es que gracias a esos campos eléctricos, se puede detectar una molécula individual.
–¿Y las bacterias?
–En la comunicación entre bacterias hay un término llamado ‘quorum sensing’, es igual que el quórum de una reunión: las bacterias liberan ciertos tipos de moléculas y, cuando se alcanza un número determinado, indicado por cierta concentración de moléculas, toda la comunidad entiende que son suficientes, por ejemplo, para hacer una infección. Lo que necesitamos es tener un método fiable para detectar cuándo se alcanza ese quorum.
–¿Cuáles serían las aplicaciones de ese método de detección?
–Sabríamos manipular a las bacterias y podríamos estudiar, por ejemplo, si añadiendo otro tipo de moléculas es posible engañarlas o inducirlas a ejecutar cierta acción para utilizarlas como método terapéutico… Pero eso ya entra dentro de lo que saben hacer médicos y biólogos, y que tendríamos que coordinarnos para, aplicando nuestra técnica, poder avanzar en ese sentido.
–¿Esa coordinación le resulta más fácil aquí que en Vigo?
–Posiblemente, porque todo el conjunto de institutos biomédicos que hay a nuestro alrededor –incluyendo también Biogune, que está en Bilbao, pero se encuentra muy ligado a Biomagune– ofrece unas capacidades de diálogo que no son fáciles de conseguir.
–¿Qué importancia tiene esa capacidad de diálogo en la innovación?
–Un porcentaje muy alto, se dice que de alguna forma estamos volviendo al siglo XVII. Cada vez más, se busca romper la especialización y entrar en lo que se llama multidisciplinariedad, es decir, en saber un poco de muchas cosas para que aquello sobre lo que sabes más pueda llegar a aplicarse.
–¿Por eso se ha mudado a Miramón?
–En la Universidad de Vigo tenía un grupo muy establecido y bastante grande, y no me había planteado la posibilidad de moverme... Pero me llegó la oferta de este centro, dedicado exclusivamente a investigación, dotado con medios de primera clase y que ya tiene cierta relevancia internacional. Esto me permitirá imprimir un poco mi visión personal de hacia donde debe ir el campo y hacer gestión de la ciencia para consolidar y mejorar la visibilidad internacional del centro.
–¿En qué se concreta esa «visión personal»?
–Lo que yo creo es que Biomagune tiene que ser un centro de referencia, es decir, que hay que intentar que la investigación que se hace aquí sea del más alto nivel. Una vez que eso se consiga, el tema de interacción con industria y aplicaciones, debería, incluso, venir él solo. Estoy convencido de que, con el capital humano que tenemos ahora, eso se puede conseguir.
–Tal y como están las cosas, ¿esa responsabilidad es un honor o un problema?
–Es un reto. De alguna manera, dirigir un grupo de investigación y hacer que triunfe, es algo que ya había conseguido y espero que siga en la misma línea. Por eso es un reto mantener la trayectoria marcada por Manuel Martín Lomas y amplificarla hacia un nivel internacional y un reconocimiento mayor. Creo que la creación de estos centros de investigación en el País Vasco fue algo muy acertado. Es una apuesta por la investigación, el desarrollo y la innovación como motores de la industria local, y por eso me atrae mucho participar en esto.
–¿Qué hay de los medios?
–Bueno, haber iniciado el centro cuando había más dinero lo ha hecho más fácil. De todas formas, ahora hay que mantenerlo. La inversión puede bajar algo, pero no mucho, porque se perdería todo lo que se ha creado. Es cierto que la aportación de fondos externos ha aumentado una barbaridad desde la creación de Biomagune. De hecho, creo que este centro en concreto es un ejemplo de capacidad de captación de fondos europeos. Pero todavía hace falta apoyo institucional para que siga funcionando a ese nivel.
–¿Cómo valora la gestión de Manuel Martín Lomas?
–El tuvo un reto más difícil que el mío, porque empezó de cero. Tuvo que convencer a investigadores de valía para unirse a aquella apuesta de futuro. Creo que, con unas condiciones complicadas, lo ha hecho muy bien. Ha traído a grupos que han funcionado a muy alto nivel y ha implementado una unidad de imagen que es prácticamente única en Europa y que es también el foco de captación de algunos de los fondos europeos.
–¿Que aporta esa unidad de imagen?
–Permite hacer ensayos de nanomateriales in vivo, con animales. En unos pocos metros de distancia, están integrados el animalario, el ciclotrón que permite la creación de isótopos radioactivos, los reactores para trasladar esos isótopos a moléculas que queramos estudiar y los equipos para hacer tomografía basada en radioquímica, rayos X y resonancia magnética. Es decir, es una combinación de técnicas que permiten hacer estudios in vivo que están directamente integradas en el centro donde se producen los materiales que vamos a investigar.
–¿Y si hubiera querido hacer algo parecido en Vigo?
–Pues habría tenido que hablar con algún investigador de aquí para traer los materiales desde allí.
–¿Las exigencias del centro son compatibles con la incorporación de jóvenes investigadores?
–La carrera investigadora tiene ciertas etapas: estudios, tesis doctoral, estancia post-doctoral en otros centros de investigación... El centro las contiene todas a partir del doctorado, aunque tenemos hueco escaso porque contamos con poco espacio hacia donde expandirnos. La posibilidad de incorporar nuevos grupos dependerá de si se mantienen los apoyos, de los tiempos de jubilaciones o de que haya grupos que reciban una oferta de fuera y decidan marcharse.
–¿Qué pasa cuando se va un investigador?
–Eso forma parte de la vida de estos centros. Si nosotros perdemos a un buen investigador, es una lástima porque no contribuye aquí, pero también es un logro, porque implica que el desarrollo inicial de su carrera ha tenido éxito.
–¿Cuáles son los ingredientes de una carrera exitosa dentro de este campo?
–Lo más importante es la propia actitud. También existe una etapa en la que hay que salir fuera, creo yo. Pero fuera no tiene por qué ser el extranjero: hay posibilidades de hacer estancias postdoctorales en España de mucho éxito. Por ejemplo, yo creo que hacer una estancia postdoctoral en mi grupo es algo que da valor a una carrera investigadora, de hecho, en las contrataciones que estoy haciendo ahora he tenido muchas solicitudes de muy distinta procedencia.
–¿Qué se busca en los aspirantes?
–Por una parte, la adecuación de la experiencia del investigador al tema del proyecto, capacidad de investigación demostrada en el currículum científico, se piden las opiniones de los anteriores jefes de investigación y se les entrevista. La actitud personal de cara a tener ideas propias, a tener cierta independencia en la investigación es algo que yo valoro mucho.
–Usted la tuvo, entonces…
–Bueno, yo me marché de ‘postdoc’ a Holanda en el año 1993 y –no porque no me gustase el tema que me habían ofrecido– me di cuenta de que no funcionaban algunas de las cosas que tenían que funcionar y tuve la capacidad de modificar el tema de investigación y empezar un tema que no existía en el grupo al que me había incorporado. Por eso creo que sí, que he tenido la capacidad de imponer mi propio criterio a la hora de decidir qué era lo interesante y creo que me ha salido bastante bien.
–¿Cómo valora el panorama que están encontrando los jóvenes investigadores?
–Es mucho más difícil. Primero, el número de grupos de investigación ha aumentado enormemente. Las universidades, en concreto, están cerca de estar colapsadas, porque ha entrado ya mucha gente y porque se les ha impedido hacer mayores contrataciones. Además, el que haya entrado tanta gente implica que hay muy poco espacio disponible para empezar de cero. De todas formas yo creo que es posible, es cuestión de voluntad.
–¿Voluntad para qué?
–El problema es que hay muchos grupos de investigación en España que cuentan con espacios que están infrautilizados. Creo que eso se podría reorganizar y de esa manera sería posible dar oportunidades a gente joven.
–¿Cuál es el fallo?
–Quizás la organización desde arriba. En España hay muchísima gente que tiene muy buena actitud hacia la investigación, pero también hay parte del personal que tiene que cambiar un poco el ‘chip’ y adecuarse a los tiempos y el funcionamiento de la investigación. Muchos siguen haciendo la investigación de toda la vida sin preocuparse de buscar donde está realmente la frontera de la ciencia, que es lo que define la investigación de calidad.
–¿Cómo se busca «la frontera de la ciencia»?
–Si yo siguiera empeñado en cambiar la composición de mi nanopartícula para ver qué pasa, buscando cómo afectan ciertos reactivos a su formación, simplemente por hacer algo diferente, probablemente podría seguir publicando en revistas científicas, pero mis descubrimientos le iban a interesar a muy poca gente... Por eso creo que hay que ir un poco más allá, pensar en nuevos conceptos, hacerse preguntas diferentes y buscar cosas nuevas que permitan el avance significativo del conocimiento.
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