Un zarauztarra en el ojo de Harvey

Un zarauztarra en el ojo de Harvey

Pablo Ibarbia llegó a Houston el 24 de agosto, cinco días después estaba en un refugio. El chaval de 15 años, que ha ido a EE UU a estudiar primero de Bachiller, destaca la solidaridad de los texanos ante el huracán

TERESA FLAÑOSAN SEBASTIÁN.

Pablo Ibarbia es de Zarautz. Con quince años ha vivido una de esas experiencias que no se olvidan nunca y que seguro que seguirá contando durante años: vivir en directo uno de los peores desastres de la naturaleza, el huracán Harvey, que se ha llevado la vida de al menos treinta personas y causado cuantiosos daños. Ayer, poco antes de salir del refugio donde ha estado los últimos días y de ver por primera vez el sol en Houston después de mucho tiempo, relataba sus sensaciones con una madurez poco frecuente en alguien de su edad.

Hace un año decidió «hacer primero de Bachiller en Estados Unidos, con ganas de vivir una experiencia distinta y volver con un nivel muy aceptable de inglés». Tras contactar con una agencia, Estudiar en USA, y después de varios meses de espera, le asignaron una familia en un pueblo llamado Port Arthur, a las afueras de Beaumont, una ciudad cercana a la capital de Texas, a donde se desplazó con muchas ganas el 24 de agosto. «Tenía la certeza de que iba a ser el año de mi vida», asegura, aunque no se imaginaba hasta qué punto su aterrizaje iba a ser tan impactante.

Su familia americana, los Comer, fue a recibirle al aeropuerto y le puso en antecedentes del parte meteorológico, del huracán que iba a llegar. También le relataron que en 2005 otro, el Rita, y en 2008, Ike, habían causado importantes daños, especialmente el último que había sido muy destructivo. «Richard y Shari, mis nuevos padres americanos, me comentaron que entonces en su casa el agua había entrado y alcanzado un metro de altura», recuerda. Tampoco le pudieron ofrecer muchos detalles más sobre lo que se podía avecinar porque entonces «Harvey estaba en el mar, no había tocado tierra; no se sabía qué magnitud podía tener».

Al llegar a su nuevo hogar, las cadenas de televisión no paraban de ofrecer información y las alertas de los teléfonos móviles sonaban constantemente con noticias sobre el huracán, tornados e inundaciones varias. Al día siguiente, a las 18.00 horas el telediario ya dio la noticia de que el huracán había tocado tierra. «Las imágenes que salían en televisión eran como estar en el cine, pero nosotros todavía teníamos sol».

Las lluvias comenzaron el sábado 26, hoy hace una semana, «pero como en Zarautz, algo normal. Eso sí, hacia mucho calor». La tormenta crecía por zonas, con imágenes espectaculares. «Nosotros, como muchos más, nos acercamos a ver cómo caía el agua. Te repito que parecía una película».

Pablo Ibarbia relata que «el domingo 27 la cosa se complicó y los habitantes de esa ciudad comenzaron a abandonar sus casas con destino a zonas más seguras». Al día siguiente, su familia americana, que tenía una embarcación, colaboró en el salvamento de amigos y vecinos, incluso alojaron a algunas familias que se encontraban en peor situación. «Las tablets y los teléfonos no paraban de enviar alertas, era tal locura que algunos tuvimos que desconectarlos».

«En el refugio se compartía todo. La comida, la ropa, la wi-fi. Me quedo con lo positivos que son»

Su familia americana, que tenía una embarcación, colaboró en el rescate de amigos y vecinos

«Los Comer van a vivir ahora en una caravana unos meses, por eso tengo que cambiarme de casa»

El zarauztarra recuerda que comenzó a darse cuenta de que la situación era muy seria el pasado martes, día 29, sobre todo cuando la madre de la familia «me empezó a dar consejos sobre qué tenía que hacer con mis cosas, sobre todo dejarlas en alto. Además, entraba agua en casa. Ellos estaban tranquilos, pero para mí era impresionante. Decidimos ir a la casa del vecino porque tenía dos plantas y en ese momento parecía mucho más segura».

Al final esa tampoco fue la solución y tuvieron que acudir a un refugio cercano, una iglesia. «La llegada fue increíble, era como estar en otra dimensión, gente totalmente desolada y preocupada. Pero también es cierto que no he visto nunca un ejemplo de tanta solidaridad. Todo el mundo se ayudaba, los que tenían comida la ofrecían a los que habían tenido que dejar su casa sin poder coger nada. Tenían una galleta y la compartían, lo mismo pasaba con las mantas, con la ropa y con la wi-fi para que se pudieran comunicar con sus familiares... Fue una sensación muy bonita. Me quedo con esa solidaridad, lo positivos que han sido. Miro a mi familia americana y les veo hasta de buen humor, a pesar de que ahora salimos para casa y saben que nos la vamos a encontrar totalmente inundada. Mi madre americana no para de decirme que una experiencia así, tan difícil, nos hará más fuertes. La verdad es que son muy prácticos. Solo puedo decir que 'bravo por la gente de Texas' por su forma de afrontar una situación tan dura. Venía con idea de madurar y creo que ya lo he hecho en estos pocos días. Todo lo vivido me recuerda a películas del estilo de 'Lo imposible'. He aprendido a apreciar lo que tengo en Zarautz».

Después de estar en el refugio, los Comer y Pablo han pasado algunas noches en una caravana grande que había junto a la iglesia: «Hemos sido unos afortunados porque nosotros, a diferencia de los que se quedaron en el refugio, hemos tenido agua caliente y podíamos cocinar. Ellos han dormido en el suelo y nosotros en camas, además teníamos ducha, frigorífico y microondas».

Confiesa que en los momentos más duros se ha acordado mucho «de mi cuadrilla de Zarautz, de mis aitas, mis abuelos. Mucha gente me ha mandado mensajes de apoyo. Veían las noticias y se preocupaban. He echado a gente de menos»

La experiencia de Pablo no tiene un final totalmente feliz. Su estancia con los Comer va a concluir porque su hogar está totalmente inundado -muchas de las gallinas que tenían han muerto o desaparecido- y destrozado, y calculan que recuperarlo va a llevar varios meses. La familia vivirá en una caravana que tiene en el exterior de su casa. Además el colegio donde iba a comenzar a estudiar permanecerá cerrado. «Dicen que no es justo para mí. Me da pena. La familia es maravillosa, me han tratado superbien y han estado pendientes de mí todo el rato, aunque han perdido mucho. Pero también entiendo que en la situación en la que van a estar, durmiendo en la caravana, voy a ser un estorbo. Iré a otra casa, aunque me han ofrecido volver con ellos el segundo semestre».

En Zarautz, la familia de Pablo ha vivido con preocupación todas las noticias que les llegaban, pero al mismo tiempo satisfechos con la madurez que ha demostrado su hijo. Dicen que en gran parte ha sido gracias al apoyo que ha tenido de la familia americana y la organización Estudiar en USA, con quien prepararon el viaje. «Han estado genial».

Más

Fotos

Vídeos