Zaporeak busca nuevos lugares donde continuar trabajando

Alumnos del Basque Culinary Center preparan tortilla de patatas en el City Plaza de Atenas.
Alumnos del Basque Culinary Center preparan tortilla de patatas en el City Plaza de Atenas.

La mejora de la situación en Chíos ha llevado a la ONG a analizar varias alternativas en Atenas y Tesalónica para seguir dando de comer a los desplazados

TERESA FLAÑO SAN SEBASTIÁN.

Después de un impasse de varios meses, Zaporeak se planteaba regresar a Chíos para seguir colaborando en la alimentación de los refugiados que arribaban a la isla griega. Es más, varios miembros de esta ONG estuvieron en mayo testando cómo estaba la situación y constataron que no era nada favorable. Así que empezaron a trabajar para organizar su vuelta, prevista para finales de julio. Pero en ese tiempo la deriva de la población refugiada en la isla ha cambiado completamente y si el promotor de Zaporeak, Peio García Amiano, en su visita a principios de junio decía que «la situación está peor que nunca», con más de 3.000 refugiados y la llegada constante de nuevos habitantes a los campamentos, en un mes cambió notablemente.

Una expedición integrada por García Amiano, Javier Ruiz, Josi Echeverría y Miguel Vallet de Montano comprobó in situ que ahora los movimientos masivos de personas se están dirigiendo hacia Atenas y Turquía, del orden de unos 200 refugiados a la semana. El campamento de Sua, donde Zaporeak estuvo trabajando, se está desmantelando y quedan menos de 300 personas. Una de las razones principales de este cambio es que Turquía está controlando su costa frente a Chíos porque se trata de una zona bastante turística y los refugiados llegan ahora a Lesbos y Semos, otras dos islas cercanas.

Ahora, según explica Oraitz García, portavoz de Zaporeak, «van a quedar muy pocos en Chíos, la mayoría de familias se alojan en apartamentos, y están redirigiendo a gran parte de los refugiados al campo de Vial, a Atenas y a Turquía».

Turquía está controlando la costa frente a Chíos porque se trata de una zona bastante turística

Ante esta nueva situación, la ONG de Intxaurrondo entiende que no tiene mucho sentido volver a Chíos. «Seguimos enviando los palés con la comida y seguimos colaborando con las asociaciones locales, pero en principio parece que no tenemos cabida en la isla. Acnur nos ha comentado que tienen todo organizado y que para atender a los que se quedan van a seguir con el servicio de catering que llevan empleando desde que nosotros dejamos esas cocinas».

«Sigue muriendo gente»

Sin descartar volver a Chíos en caso de que la situación revirtiera, Zaporeak se está planteando nuevos destinos para seguir con su colaboración humanitaria. La misma expedición que estuvo en esa isla, se trasladó a Atenas y visitó algunos de los campamentos que hay en sus alrededores, así como las casas ocupadas, además de reunirse con varias asociaciones que están trabajando ahí. También analizaron la situación en otros campamentos como Patras, que está en la costa jónica griega frente a Italia, o Meakbala, en Tesalónica, donde trabaja acción Directa-Sierra Norte, y por último el campo Oinofyta. No les resultaron lugares desconocidos porque ya habían mandado en varias ocasiones palés con alimentos y medicinas. En sus visitas constataron que «los refugiados se cuentan por miles, la situación es bastante más crítica que en Chíos y está muriendo gente. Vieron que sí podríamos tener un espacio para seguir ayudando presencialmente».

Con el informe realizado por los miembros de la expedición de reconocimiento en la mano, los integrantes de Zaporeak van a analizar estos días las distintas alternativas, «siempre teniendo en cuenta dónde somos más necesarios, aunque el trabajo sea complicado». Uno de esos lugares puede ser el City Plaza de Atenas, un antiguo hotel de lujo -llegó a tener cinco estrellas-, que fue embargado debido a las deudas, y que fue ocupado hace algo más de un año por la iniciativa Refugee Accommodation and Solidarity Space. Da cobijo a unos cuatrocientos refugiados procedentes de países como Siria, Irán, Afganistán, Irak, Kurdistán, Palestina, Somalia, Eritrea o Pakistán. Varios alumnos del Basque Culinary Center han viajado a esas instalaciones para ayudar en la gestión de la cocina.

«La idea es montar algo nuevo de cara a 2018. La ventaja que tenemos es que contamos con un año de experiencia y sabemos cómo enfrentarnos a los problemas que surgen en situaciones tan precarias como las que se encuentran estas personas. Antes íbamos un poco más a salto de mata, solventándolos según se presentaban. Ahora podemos planificar mejor las cosas y en el momento en que tomemos una decisión nos podremos poner en marcha rápidamente», explica Oraitz García.

La reflexión también se va a extender a las recogidas puntuales de alimentos. Por ejemplo, la fiesta Koxk, que hasta ahora han realizado en septiembre, se va a celebrar un poco más tarde. «Tenemos que ver hacia dónde tiramos para ver qué vamos a necesitar». Y aunque, de momento, han frenado la ayuda directa, siguen aceptando el apoyo de los ciudadanos. Si se quiere colaborar no hay más que ponerse en contacto a través del correo proyectossabores@gmail.com.

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