El 2% de los vuelos se desviaron o cancelaron en 2016

Aena entiende que la ampliación de la pista es ahora inviable por cuestiones ambientales y urbanísticas, pero no cierra la puerta a futuro

A. C. /I. V. SAN SEBASTIÁN.

La meteorología es uno de los factores que más trastoca la operatividad en un aeródromo. Y más cuando la infraestructura tiene importantes limitaciones para el despegue y el aterrizaje como la de San Sebastián. Aún y todo, y pese a que por estos lares llueve y sopla el viento muy a menudo, las cifras de fiabilidad del aeropuerto, es decir, de que los vuelos van a despegar o aterrizar en la pista son bastante elevadas. Según datos de Aena, el pasado año solo el 2% de los vuelos fueron cancelados o desviados a otra terminal próxima. Y no en todas esas ocasiones, la razón fue el mal tiempo.

De hecho, desde el operador aeroportuario estatal matizan que los datos ofrecidos no están diferenciados por meteorología u otras razones «operativas de las compañías», como la falta de demanda, por ejemplo. Pero sí recalcan que las condiciones atmosféricas son determinantes en la mayoría de casos, y que un 'mal año' con más días de lluvia o viento puede provocar el incremento de ese porcentaje de desviaciones o cancelaciones. En 2016, solo un 2% de vuelos de línea regular no llegaron a su destino, a Hondarribia. El dato supone en números absolutos 25 vuelos desviados o cancelados de los 1.085 que se operaron en el aeródromo por parte de Vueling o de Air Nostrum, las dos compañías con vuelos regulares a Barcelona y Madrid durante todo el año.

En esa contabilidad, no están los trayectos que resultaron afectados por retrasos de varios minutos u horas, por razones meteorológicas en destino o en origen, o bien por causas ajenas al aeródromo guipuzcoano como la congestión de tráfico en otros aeropuertos. Circunstancia que sí afecta a un porcentaje mayor de vuelos, según el relato diario que realizan desde 'donosti.air', colectivo que sigue de cerca cualquier novedad en torno a Hondarribia.

Una de las soluciones que Afodesa, la asociación de fomento del aeropuerto, promueve para que el futuro del aeropuerto no se ponga en entredicho es la ampliación de la pista. Una vía que las instituciones, a través de Ortzibia, por razones ambientales y urbanísticas descartan, aunque hayan propuesto una reforma alternativa que evita el recorte de 300 metros, y deja 150 metros más de espacio para aterrizar. «Una vez certificado el aeropuerto por parte de Europa, que tiene que estar listo antes de final de año con las longitudes que ha propuesto Aena, se podrían modificar las medidas», han asegurado fuentes de la sociedad promotora del aeropuerto. Así, las instituciones vascas aseguran que el aeródromo podría seguir operando con una longitud de 1.574 metros para el aterrizaje y 1.634 para el despegue.

Pero de momento, ninguna de esas alternativas se ha barajado firmemente ni tampoco se ha descartado. Aena, según las fuentes consultadas, deja una puerta abierta a la ampliación. Y esgrime que «en estos momentos no es posible realizarla» por «falta de autorización ambiental» para atravesar Txingudi, por la «oposición de las autoridades locales, regionales y autonómicas», por la «imposibilidad» de extender metros hacia Francia, y por «desarrollos urbanísticos» ya autorizados por Irun.

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