Visitantes que dejan huella en Gipuzkoa

Visitantes que dejan huella en Gipuzkoa

En las últimas décadas, hasta aguas de Gipuzkoa han llegado ballenas, tiburones, tortugas y hasta una morsa

Javier Peñalba
JAVIER PEÑALBA

Las aguas del Cantábrico que bañan Gipuzkoa están en la ruta de una gran variedad de especies de animales. Ballenas, delfines, focas, tortugas, halcones, tiburones y hasta una morsa, además de especies pelágicas o algas invasoras, son algunas de las que se han acercado hasta nosotros. La aparición en el litoral de seres marinos que podríamos calificar de exóticos o ‘raros’ depende de muy diversas circunstancias. En muchos casos, la presencia de determinadas especies puede ser estrictamente fortuita. En otros, existe una casualidad en tales fenómenos que a veces es muy difícil de descubrir.

Los ejemplares marinos más llamativos son, sin ningún género de dudas, los mamíferos, desde las focas a los delfines, pasando por las ballenas. El último cetáceo avistado en Gipuzkoa ha sido muy reciente. A finales de julio, los mutrikuarras recibieron la sorprendente e inesperada visita de un rorcual aliblanco, la ballena más pequeña. Meses atrás, en el mes de enero, un rorcual común permaneció varios días en aguas del puerto de Getaria.

Nadie olvida tampoco la aparición hace tres años de una yubarta de unos diez metros de longitud que se exhibió entre Mutriku y Ondarroa con saltos espectaculares.

Mucho más allá en el tiempo, en Orio se recuerda el último avistamiento de un gran cetáceo. Fue en 1898 cuando una ballena, tras pasearse frente a La Concha se escapó hacia alta mar. El 9 de febrero de 1878, entre Getaria y Zarautz, se produjo la captura de la ballena cuyo esqueleto se conserva en el Aquarium donostiarra. Sin embargo, la última captura se produjo en Orio, en 1901. Eran las nueve de la mañana. Hacía casi dos horas que el sol había salido. Los habitantes de Orio llevaban ya tiempo inmersos en sus quehaceres cotidianos. Era 14 de mayo. En la zona alta del pueblo, en Goiko Kale, algunas personas observaban la barra de la ría. Vislumbraban una mancha oscura en el agua. Algo sorprendidos, los hombres mantuvieron la mirada fija. No tardaron en descubrir que aquella masa negruzca y alargada no era sino el lomo oscuro de una ballena. Presurosos corrieron hasta el puerto y avisaron de la presencia del cetáceo. No había tiempo que perder, cinco traineras partieron hacia a la desembocadura. Patroneaban las embarcaciones Uranga, Atxaga, Manterola, Loidi y Olaizola. No tardaron en dar alcance al ejemplar. Era un animal poderoso. Nueve metros de largo y doce de perímetro en la zona ventral. Las traineras le rodearon y los arponeros, ayudados con dinamita, hicieron su trabajo.

Un niño con una tortuga laúd
Un niño con una tortuga laúd / DV

Los delfines y calderones son también ocasionales visitantes, si bien lo más frecuente es que aparezcan ejemplares muertos en la costa, principalmente en la zona de Las Landas, donde son transportados por las corrientes tras unos períodos de fuerte temporal.

También las focas han descendido hasta nuestras latitudes. Las últimas de las que hay constancia fueron rescatadas en un precario estado de salud y conducidas al centro de recuperación de animales Arrano Etxea, dependiente de la Diputación, donde los conocimientos y pericia del doctor Joxean Albisu permitieron su recuperación.

Pero no solo recalan en Gipuzkoa especies llegadas desde los hielos. Arrastrados por las corrientes del Golfo también lo hacen animales tropicales. El más espectacular de todos es la tortuga laúd, el mayor de los reptiles que vive hoy en día en el planeta. Puede alcanzar dos metros y medio de longitud y más de una tonelada de peso. Es la tortuga marina más antigua y la mejor adaptada a la vida oceánica.

Su presencia en la costa guipuzcoana ha sido detectada en varias ocasiones. En diciembre de 1986, una tortuga de dos metros se adentró en la bahía de la Concha. Días más tarde fue vista en Getaria. Precisamente un pesquero de esta localidad, el ‘Bizi Nahi’ capturó en septiembre de 1988 una tortuga de 400 kilos de peso entre Orio y Getaria. El animal se había quedado enganchando en las redes. Dos meses después, apareció otra en San Sebastián: es la que permanece disecada en el Aquarium.

También se han observado tortugas ‘Caretta caretta’, conocidas también como tortugas bobas, varias de las cuales han sido curadas en arrano Etxea.

Tampoco los tiburones han pasado inadvertidos. En abril de 1976 un kolayo, también conocido como tiburón-ballena, apareció muerto en la playa de Zarautz. Fue todo un espectáculo en la villa costera, donde decenas de niños bajaron a la arena para ver al escualo, que medía unos seis metros. Los arrantzales también han capturado algún ejemplar de tiburón martillo frente a nuestras costas. Otras especies como esturiones, pez luna o el pez globo se han adentrado en aguas guipuzcoanas, al igual que ejemplares de la fauna abisal o algas invasoras originarias de Japón, Australia o la India.

La joya de las visitas

Pero sin ningún género de dudas, la vista más exótica de todas fue la de una morsa que, por primera vez fue vista el 29 de enero de 1987 en la playa rocosa de Agiti, en Igeldo. Se trataba de un ejemplar macho adulto de unos dos metros y medio de longitud. El animal permanecía en la parte superior de la playa y ante la presencia de un grupo de chavales, así como de un fotógrafo y redactor de El Diario Vasco, se dirigió al agua, dejando tras de sí un pequeño reguero de sangre. Esta misma morsa fue vista días después en la playa de Getaria y en la ría de Orio. Previamente había sido avistada en la costa francesa.

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