Las agresiones de hijos a padres repuntan en Gipuzkoa y se extienden a los abuelos

Las agresiones de hijos a padres repuntan en Gipuzkoa y se extienden a los abuelos

La Fiscalía registra 57 denuncias en 2016, un 23% más, entre ellas las de dos abuelas víctimas de violencia por parte de sus nietos

ARANTXA ALDAZ SAN SEBASTIÁN.

Los abuelos ejercen de padres como cuidadores de los nietos en muchos hogares y, por desgracia, también están adoptando un nuevo papel como víctimas de una de las peores tragedias familiares. Las agresiones de hijos a padres, la llamada violencia filioparental, repuntan en Gipuzkoa como uno de los delitos cometidos por menores más relevantes y lo hace además extendiendo el maltrato a otros miembros de la familia. Dos abuelas interpusieron sendas denuncias en la Fiscalía de Gipuzkoa por los malos tratos sufridos por sus nietos el año pasado. Uno de los casos se archivó porque la mujer no quiso continuar con el proceso judicial, una decisión habitual entre los progenitores ante la dureza de denunciar a su propio hijo. Con el otro expediente sí se llegó a juicio y al joven agresor se le impuso una medida de diez meses de internamiento en un centro, según recoge la memoria de la Fiscalía del País Vasco sobre su actividad en 2016 a la que ha tenido acceso este periódico.

El repaso a los asuntos que han pasado por las oficinas del Ministerio público en los tres territorios muestra todo el catálogo de delitos tipificados, desde robos, agresiones, abusos sexuales, acoso (también ciberacoso) o violencia de género, un compendio de la criminalidad que preocupa especialmente cuando es cometido por menores de edad. El capítulo referido a la delincuencia juvenil constata un aumento en prácticamente todos los tipos de delitos en Euskadi. Los pocos apuntes positivos se refieren al descenso de las agresiones por violencia de género entre menores, el descenso de hurtos y los delitos contra la salud pública, en el caso de Gipuzkoa.

Las cifras

777
menores fueron denunciados por diferentes tipos de delito en 2016 en Gipuzkoa. Supone un 10% más que el año anterior.
14-15 es la edad media
de los chicos y chicas que agreden a su familia, principalmente a sus padres, pero también a hermanos y abuelos.
56 diligencias previas:
se archivaron en la Fiscalía de Gipuzkoa al tener el menor denunciado menos de 14 años y ser inimputable.
12 casos de acoso escolar
se denunciaron en 2016. Solo hubo un caso relevante que llegó a juicio. El menor fue internado diez meses.

En total, en el territorio se incoaron diligencias o expediente de reforma a 777 menores, chicos y cada vez más chicas, lo que supone un 10% más de jóvenes implicados que hace un año. En Bizkaia, 2016 también se cerró con un alza de casos protagonizados por menores (86 diligencias preliminares más). «En todos los casos nos encontramos con que el menor infractor tiene una clara y elevada impulsividad, que unida a su baja tolerancia a la frustración y a su desconocimiento, querido o no, de resolver sus conflictos por vías socialmente adecuadas, conduce inexorablemente a la violencia como la vía apropiada para la satisfacción de sus deseos frustrados o para resolver los conflictos que la vida diaria inexorablemente producen», reflexiona la Fiscalía alavesa.

«Empujones, puñetazos...»

Con especial detenimiento repasan las tres Fiscalías los casos de violencia ejercida de hijos a padres. Casas convertidas en verdaderos infiernos familiares, donde la convivencia se rompe y acaba sometida a «empujones, puñetazos, mordiscos, amenazas e insultos», una actitud violenta «casi siempre idéntica» en los casos que llegan hasta los juzgados, describe la memoria. El año pasado la Fiscalía guipuzcoana tuvo conocimiento de 57 denuncias, once más que un año antes, lo que significa un salto del 23%. «Quienes sufren este tipo de violencia ya no se avergüenzan y nos congratulamos. El ambiente asfixiante de un hogar sometido a la violencia de uno de sus miembros debe salir a la luz, a través de las múltiples soluciones que la ley pone a su disposición», subraya el informe.

Pero, pese a que se denuncia más, todavía solo una pequeña parte de ese drama familiar trasciende de puertas para afuera. La memoria fiscal constata que «es importante el número de casos en los que los padres no han querido presentar denuncia». En 2016, en Gipuzkoa 16 dieron un paso atrás en pleno proceso, frente a los 12 supuestos del año anterior. La violencia se extiende tanto a la madre como al padre, y en ocasiones también alcanza a los hermanos. «Deja de ser el padre, por lo tanto, una figura de autoridad en el hogar familiar», apuntan desde la Fiscalía guipuzcoana.

Cuando los casos sí cruzan la puerta del juzgado, la respuesta judicial casi siempre es la libertad vigilada. Sin embargo, en tres expedientes sí se impuso la medida de internamiento en centro cerrado en régimen semiabierto, precisa la memoria. En otro, la medida de asistencia a un centro de día. Si el menor es menor de 14 años, los casos se archivan, porque ante la ley son inimputables, como ocurrió en dos expedientes de violencia filioparental. Además, la Fiscalía territorial archivó 56 diligencias preliminares por hechos cometidos por chavales sin responsabilidad penal ante la ley. La mayoría de estos delitos tienen que ver con el acoso escolar, un delito que motivó 12 denuncias, la mayoría por vejaciones leves, insultos y amenazas. «Solo existe un caso particularmente relevante que haya llegado a juicio». Los hechos suceden en un centro de acogida. «El menor -condenado a diez meses de internamiento- orinó en el suelo y en la cama de un joven que era homosexual, jactándose al día siguiente de haber cometido el incidente».

Quejas de los padres

Existe un caso en que los seis jóvenes denunciados tenían solo 9 años. El archivo del expediente suele provocar las quejas tanto de los padres de los denunciados como de las víctimas. Sobre todo en los casos de acoso escolar, «los padres quieren que se les dé vista de todo lo actuado y que se les indique quién es el denunciante. Muchas veces protestan alegando indefensión ante la falta de información», recoge la memoria. El procedimiento es informarles de la denuncia sin dejarles ver el expediente, y se les proporciona la identidad de los padres de la víctima o se les remite al colegio.

La Fiscalía destaca «la implicación de los centros escolares» contra el acoso escolar. Los educadores tampoco se libran. En 2016 se registraron dos denuncias por agresiones a profesores y al menos 11 agresiones a educadores de centros de acogida forales, así como 2 denuncias en el centro de reforma Ibaiondo, dependiente del Gobierno Vasco. La Fiscalía resalta que los supuestos de agresiones a educadores de Ibaiondo se están calificando como delito de atentado, «y la idea es extender tal calificación jurídica también a las agresiones en centros forales con el fin de reforzar su protección».

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