«Viniendo Te sientes más cerca del fallecido»

Quienes visitan casi a diario los camposantos dan paso hoy a quienes únicamente lo hacen el Día de Todos los Santos

Panteones del cementerio donostiarra de Polloe/Usoz
Panteones del cementerio donostiarra de Polloe / Usoz
IGNACIO VILLAMERIELSan Sebastián

«Pronto se dirá de vosotros lo que suele decirse ahora de nosotros: ¡murieron!». Esta inquietante frase, que preside una de las puertas del cementerio de Polloe, no parece disuadir a quienes regularmente visitan los restos de sus seres queridos en la mayor necrópolis de Gipuzkoa. Hoy es el día de Todos los Santos y las normalmente tranquilas calles de Polloe, y del resto de camposantos del territorio, se llenarán de vida por unas horas. Sin embargo, los fijos, los que van a diario «a pasar un ratito con los familiares que ya no están entre nosotros» afirman que precisamente hoy, es uno de los pocos días que no acuden a su cita habitual.

«Las personas que venimos a menudo nos sentimos unidas porque su dolor acompaña tu dolor»

«Las personas que venimos a menudo nos sentimos unidas porque su dolor acompaña tu dolor» Gloria Goikoetxea Salazar

Gloria Goikoetxea Salazar, por ejemplo, sube a Polloe «a menudo». Al menos una vez por semana desde hace cinco años que murió su madre. «Estábamos muy unidas», afirma. Siempre que Gloria tenía algún problema era su ama la que le escuchaba, le daba consejos y, de alguna manera, «me amparaba». A pesar de haberse ido hace ya un lustro, para esta vecina del barrio de Gros el sentimiento de unión con la autora de sus días es aún muy fuerte, «y cuando vengo aquí es como que respiro un poco y estoy más a gusto».

No habla con ella en voz alta, pero sí «con el pensamiento», asegura, antes de añadir que «el hecho de que yo no tenga hijos ha hecho que el amor que siento por mi madre sea aún más grande».

Gloria siempre va sola al cementerio, buscando refugiarse «en lo que más has querido». Mientras limpia el panteón y retira las hojas secas que caen de los árboles, coloca un ramo de flores sobre su tumba, «aunque ella no era muy de flores pero parece que le acompañan cuando yo me voy a casa», sostiene.

«Al irme me siento reconfortada. Me parece que he pasado un rato con ella y que me ha dado esa fuerza que tenía en vida, porque era una persona muy alegre y muy vital». Sin embargo, si hay un día del año en el que Gloria no acude a Polloe es precisamente el Día de Todos los Santos por considerarlo «poco íntimo». El «artificio» no le gusta y por eso no acude ningún primero de noviembre al camposanto «porque se ha convertido en algo más comercial que otra cosa», considera. De hecho, prefiere que pasen cuanto antes tanto este día como Navidad porque lo pasa mal. «Parece que estas fechas te recuerdan aún más a los que no están, aunque siempre los tienes en el pensamiento».

El resto de días, «las cuatro o cinco personas que venimos asiduamente nos sentimos unidas porque su dolor acompaña tu dolor, les escuchas y ellos te escuchan a ti, y al final te das cuenta de que sufrimos y amamos todos de manera muy parecida». Gloria reconoce no saber si los muertos «se enteran o no de nuestras visitas, porque no sé si hay otro mundo, pero vengo por la tranquilidad interior que siento cada vez que lo hago». Al principio lo de ir al cementerio le daba un poco de cosa, pero luego se dijo, «si esto es un jardín de paz». Y esa es la idea con la que concluye. «No me voy ni contenta ni triste, me voy en paz que eso es mucho».

«Limpio la lápida, quito cuatro hojas, rezo un par de Padrenuestros y me voy más tranquilo»

«Limpio la lápida, quito cuatro hojas, rezo un par de Padrenuestros y me voy más tranquilo» Bartolomé Expósito Peñagaritano

Bartolomé Expósito Peñagaritano tiene 81 años y visita «tres o cuatro veces por semana tranquilamente» el panteón en el que yacen sus abuelos y padres, una hija «que nació y murió al tercer día» y su hermano Iñaki, que falleció de un infarto en el campo de Anoeta durante el derbi contra el Athletic de Bilbao del año 97. «Limpio, quito cuatro hojas y rezo un poco: un par de Padrenuestros y me voy más tranquilo», afirma este altzatarra que normalmente viene y va desde su barrio andando: «Hago un recorrido de unas dos horas y echo la mañana».

Bartolomé tiene claro que prefiere enterrar antes que incinerar «Sin embargo, mi mujer tiene fe en la Virgen de Arantzazu y nos dice que el día que falte quiere que le incineremos y aventemos sus cenizas junto al santuario. Pero mis hijos y yo le decimos que haremos lo que nos parezca porque somos contrarios a incinerar».

«Aunque también es verdad que una vez que nos muramos los mayores aquí no va a venir nadie, y eso me da pena», reflexiona. «Yo tengo tres hijos y seguro que si les pones en Polloe ninguno sabe dónde está nuestro panteón», se lamenta. «Ya les suelo decir que me acompañen pero me dicen: ‘Aita, esos son rollos’... pero yo no lo hago tanto por religión como por la familia», concluye este jubilado que afirma que uno de los pocos días que nunca visita el camposanto donostiarra es el de hoy.

«Salvo que esté enfermo vengo todos los días del año, pero en Todos los Santos hay mucha gente»

«Salvo que esté enfermo vengo todos los días del año, pero en Todos los Santos hay mucha gente» Gabriel Aristizabal

Otro de los que acude a diario a la cita con sus familiares que disfrutan del descanso eterno es Gabriel Aristizabal. «Salvo que esté enfermo, vengo todos los días del año», asegura este vecino del barrio de Egia que prefiere la tranquilidad del cementerio «cuando no hay tanta gente», razón por la cual el día de Todos los Santos no suele ir a Polloe.

«A mi marido le suelo decir muchas veces: vaya faena que me has hecho dejándome aquí sola...»

«A mi marido le suelo decir muchas veces: vaya faena que me has hecho dejándome aquí sola...» Feli García Zapiain

Feli García Zapiain tiene enterrados a su marido y su hijo en un panteón y a sus padres y un hermano en otro. «Me quedó más tranquila viniendo, qué quieres que te diga, parece que hablo un poco con ellos y me voy más a gusto. A mi marido le digo muchas veces, qué faena me has hecho dejándome aquí sola», exclama medio en serio medio en broma.

«Mi hijo se puso malo de la noche a la mañana y duró unos meses. Vivía en Madrid y allí estuve con él hasta que falleció. Luego le trajimos aquí y eso sí que fue duro», asegura Feli García, que añade que «lo de que se te muera un hijo es una puñalada trapera». Han pasado doce años de esa pérdida y su madre procura mantener su tumba bonita. «En lugar de flores, que se marchitan, procuro poner plantas sencillas pero muy verdes». Cuando se le ponen feas las quita y las sustituye por otras. «Si traigo rosas a los cuatro días están mustia, así que esto dura más».

«Aunque los años van cayendo procuramos mantener esta bonita tradición»

«Aunque los años van cayendo procuramos mantener esta bonita tradición» Coro y María Dolores Gastón

Las hermanas Gastón, Coro y María Dolores, también visitan muy a menudo el cementerio «aunque los años van cayendo procuramos cuidar y mantener esta tradición», afirman.

«Viniendo parece que te sientes más cerca del que ha fallecido y que estás haciendo algo» Conchi Sáez de Arregui

Por su parte, Conchi Sáez de Arregui afirma que «viniendo, parece que te sientes un poco más cerca del que ha fallecido y que estás haciendo algo, aunque no puedes hacer nada», reconoce pragmática esta egiatarra que tiene en Polloe a sus padres y un hermano y «le gusta tener esto en orden, hacerles una visita de vez en cuando, teniendo presente , eso sí, que «aquí no hay nada, que esto no quiere decir nada», reitera.

Aún así, Conchi afirma que va al cementerio con regularidad «porque me lo pide el cuerpo», aunque no les gustan las aglomeraciones propias del día de Todos los Santos. Sostiene que tras sus visitas a Polloe «me voy igual que como he venido, con el deber cumplido, pero nada más. No es que piense que mis seres queridos estén más cerca, simplemente me siento un poco mejor porque hago algo. Limpio un poco, les pongo unas flores y me voy», concluye.

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