«Si vienes a por agua, bicarbonato o limones, que sepas que no hay»

La farmacia Amenabar vendió más suero de lo habitual. / MICHELENA
La farmacia Amenabar vendió más suero de lo habitual. / MICHELENA

La venta de artículos que ayudan a sobrellevar la gastroenteritis se ha multiplicado en un pueblo en el que no se habla de otra cosa

G. L. USURBIL.

«Si vienes a por agua, bicarbonato o limones, que sepas que no hay». La frase dirigida por una encargada del supermercado Día de Usurbil a una clienta habitual el miércoles refleja una situación cotidiana de un pueblo en el que no se habla de otra cosa que del dichoso brote. Mientras lo dice, la señora que acaba de pasar por la caja suelta: «Guárdame por favor esta compra que voy a ver si tienen limones en otra tienda».

El viejo antídoto ante la gastroenteritis ha pasado de ser un artículo complementario, casi residual, a convertirse en un producto codiciado en Usurbil. «Donde antes se vendía una caja, ahora salen cinco», desvelaba ayer Milagros, dueña de la frutería Txalaka. «El lunes ya nos dimos cuenta de que había mucha más demanda de lo habitual y pedimos más, de manera que no nos hemos quedado sin nada. Lo que casi se acaba también han sido los yougurtes naturales y los plátanos. En cambio, todo lo que son naranjas o mandarinas ha quedado parado totalmente».

Como en Txalaka, en Laurok, quiosco y punto neurálgico del casco urbano, no se habla estos días de otra cosa. Allí han vendido «diez veces más de Aquarius que lo habitual». Pero además de tratar de combatir unos síntomas incómodos que en ningún caso han llegado a ser graves, los ciudadanos se desahogan allí y tratan de encontrar respuestas. «Lo importante es saber de dónde viene esto, porque no es normal», reconoce Gloria.

Como ella, otras madres y padres socializaban ayer sus dudas sobre llevar a sus hijos a las actividades extraescolares o al mismo parque, más triste ayer que otro día cualquiera de buen tiempo. Para muestra un botón. En la ludoteca Bihurri del municipio el miércoles por la tarde solo jugaron dos niños, siendo este un concurrido centro en jornadas donde anochece pronto o hace frío.

Otro ejemplo lo ofrece el club de fútbol del Usurbil. El lunes, durante algún entrenamiento, más de un adolescente que había acudido aparentemente bien, acabó vomitando. Eran las primeras horas del brote. Hoy el pueblo espera que ya haya pasado lo peor y, sobre todo, desea despejar todo tipo de rumores sobre las posibles causas del brote.

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