«Dar vida es algo precioso»

Hoy se celebra el Día del Donante recordando a aquellos que han permitido, después de fallecer, que otras personas sigan viviendo Trasplantados guipuzcoanos agradecen la solidaridad de los donantes y de sus familias

El grupo de trasplantados que ayer se reunió en la sede de Alcer-Gipuzkoa mira con optimismo el futuro./PEDRO MARTÍNEZ
El grupo de trasplantados que ayer se reunió en la sede de Alcer-Gipuzkoa mira con optimismo el futuro. / PEDRO MARTÍNEZ
Teresa Flaño
TERESA FLAÑO

Ignacio Arizala recibió hasta cinco veces la alarma para que acudiera a Cruces. En la cuarta, cuando estaba a punto de entrar en el quirófano, le comunicaron que el riñón que iba a recibir se había estropeado. Fue entonces cuando realmente se hundió. Afortunadamente, a las 24 horas recibió una nueva llamada, que fue la definitiva. Han pasado 25 años desde esa pesadilla, pero sigue teniendo claro que todo se lo debe a esas personas que decidieron ser donantes y a sus familias que, en el momento de la muerte de ese ser querido, respetaron su deseo. Y qué mejor fecha que la de hoy, el Día del Donante de Órganos, para recordar y agradecer a aquellos que al fallecer salvan vidas.

Hace unos días, Ignacio entró en una tienda de una conocida y comenzaron a hablar de su caso. En el mostrador había una dependienta nueva que intervino en la conversación. «Mi hijo murió con 18 años y donamos todos sus órganos», le dijo. Fueron momentos de emoción por ambas partes: «Ella estaba triste por la muerte de su hijo, pero contenta porque vio a una persona que estaba viva gracias a un acto de generosidad como el que realizaron ellos. Por mi parte no pude más que sentir agradecimiento. Lo pasé bien y mal al mismo tiempo».

El relato de Arizala se suma al de varias personas que ayer contaron su experiencia en el local social de Alcer-Gipuzkoa, asociación de enfermos renales fundada en 1976 y que desde dos años después lleva un registro de donantes de órganos humanos -el 31 de diciembre del año pasado tenía registradas a 65.895 personas-. Superados sus graves problemas de salud, aunque medicados de por vida, todos coinciden en reconocer una y otra vez, «sin cansarnos», a esos donantes anónimos, y esperan que al mismo tiempo su mensaje sirva para animar a más personas a sumarse a ese acto de solidaridad necesaria porque, como recuerda la presidenta de Alcer-Gipuzkoa, Koro Aldaz, a pesar de que Euskadi se encuentra a la cabeza de donaciones «somos conscientes de que hemos tocado techo, pero hacen falta más».

Ayer, durante el encuentro, muchas de las miradas de los trasplantados se posaban sobre Ane, una bebé de 16 meses, hija de la enferma renal Miren Josune Martija. Con 30 años entró en diálisis y nueve meses después «fui una privilegiada por el poco tiempo que pasó», recibió un riñón que no rechazó. Eso sucedió hace siete años y ahora «tengo una niña que es lo mejor del mundo». Ser madre es algo que, aunque no excepcional, no es frecuente porque «piensas que puedes llegar a perder el injerto».

La cifra

65.895 personas
estaban registradas el 31 de diciembre de 2017 en la base de datos de Alcer-Gipuzkoa como donantes de órganos humanos, un servicio que la asociación presta desde 1978. Son personas que han manifestado por escrito su voluntad de donar en caso de fallecer en condiciones adecuadas.

Cuando habla de su experiencia, Miren no puede dejar de emocionarse e incluso se le saltan las lágrimas, después de que «tu vida se queda en 'stand by'» porque la diálisis lo marca todo: los estudios, el trabajo, tus relaciones sociales... «El hospital se convierte en tu segunda casa». Por eso, cuando recibió el trasplante, la vida le cambió de tal forma que quiso «organizar un bodorrio» y se planteó seriamente tener familia, «algo que siempre había deseado».

Lucía Elósegui es la coordinadora de trasplantes de Gipuzkoa. Muchos de los receptores de órganos se preguntaban ayer cómo se transmitía a las familias de los fallecidos la posibilidad de que se convirtieran en donantes. La explicación no por sencilla deja de emocionar: «Les decimos que van a hacer algo muy bonito». Miren apunta rotunda «que dar vida es algo precioso». El mensaje llega y se entiende perfectamente porque solo el 10% de las familias se niegan. «Nos suelen comentar que pasado un tiempo del fallecimiento se sienten reconfortados con la idea de haber ayudado», recuerda Elósegui.

Una carta en DV

«Estimado donante: aunque ya no estás entre nosotros, quiero agradecerte a ti y a tus familiares la donación de ese órgano que tu llevabas en tu cuerpo y ahora lo llevo yo. Darte de nuevo las gracias y que Dios premie tu generosidad. Como trasplantado renal, quiero animar a todas las personas a donar esos órganos que tanta gente necesita y que en un futuro podemos ser cualquiera de nosotros los necesitados». Este texto apareció el pasado 6 de abril en las Cartas al director de este periódico. Estaba escrito por Jorge Albes, quien ayer rememoraba su caso: «Me llamaron una medianoche y ese día cambió mi vida», por eso «hay que agradecer constantemente a los donantes, pero también al personal coordinador, a los médicos y a todos los profesionales implicados». Entre ellos está Kolde Navarlaz, responsable del Servicio de Atención Psicosocial de Alcer-Gipuzkoa, a quien los trasplantados reconocen como una pieza fundamental tanto en la atención como en el asesoramiento y la compañía.

Ayer María Jesús Geijó se reía al recordar cómo fue la llamada que recibió cuando hace 28 años había un riñón que estaba destinado a sacarle de la diálisis. Pero entonces hubo una gran preocupación entre sus allegados, especialmente en el caso de su madre. «Como en casa no tenía teléfono había dado un montón de números de contacto para que me pudieran localizar, pero ese día no me encontraban. Al final vino la Guardia Municipal a buscarme al lugar donde trabajaba».

Los trasplantados señalan que el optimismo es tan importante como cualquier otra medicina

Hace 16 meses Miren Josune Martija dio a luz a su hija Ane, seis años después de recibir un riñón

Aunque todos lo pasaron mal antes y en ocasiones después del trasplante, con el tiempo han aprendido a relativizar su situación porque consideran que el optimismo es tan importante en su recuperación como los inmunodepresores, la EPO o la cortisona. Pero cuando hablan de sus vivencias, en muchas ocasiones, estremecen a los oyentes. Uno de esos casos es el de José Antonio Capilla, que se ha sometido a dos trasplantes. El primero, después de siete años de diálisis, tuvo complicaciones, lograron recuperarlo aunque finalmente lo rechazó. «Fue muy duro volver a estar enganchado a una máquina». El segundo se lo practicaron en 2006 y ahora hace una vida relativamente normal con sus dos hijos. «En los dos trasplantes casi me quedo, me desangré por dentro, pero las cosas malas las olvido».

En el encuentro de ayer la 'rara avis' era Jesús María Alkain, porque en su caso el órgano que recibió fue un hígado. «Los enfermos renales tienen alguna 'ventaja', como contar con dos riñones o poder 'aguantar' con una máquina. Mi familia me ha visto casi muerto cuatro veces, pero yo en el momento de despertarme en la UVI ya sabía que me había cambiado la vida, aunque también es verdad que soy pensionista y que vivo como dios», a pesar de que después padeció un cáncer de vejiga.

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