La vida de los ‘Handia’ de Gipuzkoa

Estos tres talla XXL relatan las ventajas e inconvenientes de manejarse en el día a día desde ‘las alturas’

Josu, Félix y Arantxa ponen a prueba a la periodista con su altura, en el paseo de la Concha de San Sebastián./USOZ
Josu, Félix y Arantxa ponen a prueba a la periodista con su altura, en el paseo de la Concha de San Sebastián. / USOZ
JUDITH URQUIJO

«Nunca había tenido que mirar hacia arriba para hablar con alguien». Así de sorprendido se quedó Josu Azanza, un donostiarra de 35 años con nada menos que 2,04 metros de altura, al ver que Félix Aguilar, también vecino de San Sebastián, era más alto que él. Tan alto que estuvo a punto de protagonizar la película Handia, la premiada cinta que aborda la conmovedora historia del gigante de Altzo y que sirve de excusa para reunir a estos tres guipuzcoanos y hablar de su día a día en el siglo XXI. Nada que ver -recalcan- con la película, que aún tienen pendiente de ver. La cinta habla, desde un personaje que sufre el trastorno del gigantismo, de la capacidad para adaptarse a los cambios, del conformismo, de la necesidad de ser aceptado por los demás o de la indiferencia. Pero estos tres guipuzcoanos viven con absoluta normalidad sus centímetros extra.

Nacido en San Sebastián, con 2,13 metros de altura y 40 años a sus espaldas, Félix estuvo a punto de pasearse por la alfombra roja de los premios Goya. «Me presenté al casting de la película Handia y fui seleccionado como finalista. Casi lo consigo pero finalmente encontraron a un argelino de 2,32 metros, por lo que era evidente que se quedarían con él», relata orgulloso .

«Casi no hay tiendas con nuestras tallas de ropa y las pocas prendas que hay son espantosas» Félix Aguilar, Donostiarra, 2.13 metros

Lo cierto es que Félix, Josu y la irundarra Arantxa Prieto no sufren de gigantismo pero siempre han llamado la atención entre la gente. Caminan por encima de todos los demás con la cabeza en alto y con la ventaja de ver más allá de lo que la otra gente no ve. Pero a veces esa bendición también puede ser una maldición.

Ellos tienen sus propias problemáticas en este país donde el promedio de estatura masculina es de 1,70, y la femenina de 1,60 metros: los viajes en autobús o en avión son incómodos, levantarse del asiento del metro requiere precaución y hasta comprarse una cama implica un esfuerzo extra porque la mayoría están diseñadas para personas más pequeñas.

Y es que este trío de exjugadores de baloncesto sabe lo que es sentirse observado por la calle. «Cada persona reacciona de forma diferente a mi altura. Muchos se me acercan por curiosidad y otros porque simplemente no pueden creerlo. Algunos incluso me preguntan si puedo hacerme una foto con ellos. Lo primero que hacen las personas que acabo de conocer es mirarme de arriba abajo y a continuación disparan los mismos clichés de siempre, como: ‘¿Qué tal el clima allí arriba?’, ‘Juegas a baloncesto?’ y la clásica: ‘¿Cuánto mides?’», explica el más alto de los tres. «Llevo toda la vida así por lo que intento tomármelo con humor», apostilla.

Comprar ropa o intentar ir a la última es también es un asunto complejo para ellos. «Casi no hay tiendas» que manejen sus tallas y cuando encuentran una, las pocas prendas que tienen asegura que «son espantosas».

«A las personas altas también nos gusta la moda. Y no, no todos tenemos sobrepeso, es más, yo soy delgadito. Todos los pantalones que tengo los compré por internet o aprovecho cuando viajo para acercarme a alguna tienda especializada», lamenta Josu. Por si fuese poco, a esto tienen que sumarle la dificultad de encontrar calzado, ya que ambos calzan entre un 47 y un 48.

«Estoy feliz con mi altura. He de reconocer que me ha ayudado criarme en una familia de altos» Arantxa Prieto, Irundarra, 1.93 metros

En el caso de Arantxa, que a sus 43 años mide 1,93, tampoco es coser y cantar. Cuando se sobrepasa la altura media, la falda con el largo perfecto se puede transformar en una mini falda. «Los vestidos que veo en las tiendas son como camisetas para mí. Lo que suelo hacer es comprar vestidos largos y cortarlos a mi gusto», apunta esta irunesa.

Aunque, al parecer, esta técnica no le sirvió de mucho el día de su primera comunión. «Fue gracioso porque mi madre temía que pareciese una novia e intentó vestirme lo más sencillita posible. Era más alta que muchas de las madres de mis compañeras», cuenta entre risas.

Otro gran problema con el que se han encontrado los tres a lo largo de sus vidas ha sido encontrar una cama en condiciones. «Estuve en Madrid hace poco y al llegar al hotel vi que la cama no estaba hecha para mí. Tuve que coger el colchón y tirarlo al suelo porque no había manera de entrar ahí», reseña Josu.

Lo cierto es que ser alto tiene sus inconvenientes, pero no se puede negar que también tiene sus ventajas, o al menos así lo confirma este trío. Un ejemplo de ello es el caso de Arantxa, que asegura no tener tampoco ningún tipo de complejo por haber destacado siempre entre sus compañeros y amigos: «Estoy feliz con mi altura. El hecho de practicar un deporte en el que los centímetros cotizaban al alza me hizo sentir cómoda. Mi monitora me cogió con 14 años cuando empecé a jugar y me dijo que la altura era lo único que en el basket no se podía aprender, y eso yo lo llevaba de serie. He de reconocer que también me ha ayudado criarme en una familia de altos», cuenta.

Es más, a esta irunesa no hay nada ni nadie que le frene, ya que ha llegado a participar en programas de televisión como ‘El Conquistador del Fin del Mundo’ de ETB y en el conocido programa de citas a ciegas ‘First Dates’.

Josu tampoco se queda corto (nunca mejor dicho) en eso de llamar la atención sin ningún tipo de tapujos. Estos carnavales se paseó por las calles de Donostia «vestido de Blancanieves» mientras sus amigos le acompañaban caracterizados de «los siete enanitos» de la película de Disney.

«Estos carnavales me disfracé de Blancanieves y mis amigos, de los siete enanitos» josu Azanza,Donostiarra, 2.04 metros

Y es que suele decirse que siempre se quiere lo que no se tiene. Los bajitos quisieran tener unos centímetros más de altura, y los altos, en ocasiones, desearían que les quitasen unos pocos.

Mientras ellos miran al resto de los mortales por encima del hombro, otros tienen que ponerse de puntillas para sentarse en el taburete de un bar.

«Tenía que haber sido yo el que hizo del gigante»

Aunque no todo el mundo ha tenido la oportunidad de ver la película ‘Handia’ en la gran pantalla, gracias a este filme y su repercusión la historia del gigante de Altzo ha sido rescatada del olvido. A Josu, Félix y Arantxa, que confiesan no haber visto la película, les ha sido inevitable haber oído hablar de este conmovedor relato que aborda el trastorno del gigantismo. Con nada menos que 10 premios Goya, esta historia basada en hechos reales ha cautivado a todo su público.

La capacidad para adaptarse a los cambios o el conformismo; la necesidad de ser aceptado por los demás o la indiferencia y preservar o exhibir la intimidad son algunos de los focos en los que se centraron los cineastas vascos.

«No he podido verla pero la tengo pendiente, me han dicho que está muy bien», asegura Arantxa. Puede que estos guipuzcoanos, aunque no sufran de gigantismo, lleguen a sentirse identificados con el protagonista en algunos aspectos. Sobre todo Félix, que siempre le quedará el recuerdo de haber pasado por el casting de la premiada película, a pesar de haberse quedado a las puertas en el último momento. «Tenía que haber sido yo el chico que salía en la gran pantalla haciendo de gigante», comenta entre risas.

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