Victoria Cinto: «Si una mujer es asesinada con una orden de protección bajo el brazo, nuestro fracaso es estrepitoso»

Victoria Cinto, en la entrada de la Audiencia Provincial de Gipuzkoa, de la que fue presidenta.
Victoria Cinto, en la entrada de la Audiencia Provincial de Gipuzkoa, de la que fue presidenta. / LOBO ALTUNA
Victoria Cinto, vocal del Consejo General del Poder Judicial

La vocal del Consejo General del Poder Judicial considera que «si hay un peligro grave para la víctima se debe recurrir a la prisión provisional del maltratador, como se hace en otros ámbitos»

IGNACIO VILLAMERIELSAN SEBASTIÁN.

Victoria Cinto nació en Tarazona pero reside desde pequeña en San Sebastián. Ingresó en la carrera judicial en 1987 «siendo apenas una cría, la niña bonita en un mundo de hombres donde el tinte machista existía, aunque me ayudaron muchísimo». Ejerció en los juzgados de San Sebastián y en la Audiencia Provincial de Gipuzkoa, donde rompió «el techo de cristal» al llegar a ser la presidenta de la Audiencia durante una década. «Siempre he peleado en un mundo de hombres», reconoce la que fuera viceconsejera de Justicia con el lehendakari Patxi López. En la actualidad vive a caballo entre Donostia y Madrid debido a su trabajo como Vocal del Consejo General del Poder Judicial, y también como Vocal del Observatorio contra la Violencia de Género. «Un instrumento que promueve iniciativas y medidas dirigidas a erradicar el problema social de la violencia doméstica».

-¿Cree que los planes de acompañamiento personal a las víctimas de violencia de género funcionan bien?

-Sí, en el sentido de que suponen una mayor protección a la mujer, pero soy crítica con ellos porque no me gusta que se vulnere la libertad de la víctima. Yo he tenido escolta durante once años (en su caso por la amenaza terrorista) y sé que llevar un guardaespaldas produce una mayor tranquilidad porque es más difícil que el maltratador llegue a ti, pero cuando se adopta la decisión de poner un escolta es porque el juez está pensando que verdaderamente hay un peligro muy grave. De ahí que no me parezca bien vulnerar la libertad de la mujer cuando sabemos quién es exactamente la persona que está amenazando.

«Si una mujer lleva escolta la protección es mayor, pero se vulnera su libertad y no la del maltratador»

-¿Usted no sugirió hace poco la prisión provisional para el maltratador en este tipo de supuestos?

-La prisión provisional no hay que inventarla, está ahí desde siempre. Y es una medida excepcional a la que se acude constantemente en casos de corrupción, por ejemplo. Pues bien, actualmente se acuerdan muy pocas prisiones provisionales en los casos de violencia contra la mujer. No me refiero a todos y cada uno de los casos, lógicamente, pero sí a aquellos más graves en los que se está poniendo un escolta porque el juez percibe un peligro muy grave. De hecho, una de las tres finalidades legítimas de la prisión provisional es proteger a la víctima. Por otro lado, también llamé la atención de que cuando se asesina a una mujer el sujeto es rápidamente puesto en libertad provisional, ¡pero entonces ya no hay nadie a quien proteger! Por tanto, si nos han fallado las órdenes de protección o se han violentado, y si percibimos que hay un peligro lo suficientemente grave para una mujer, se debería manejar la prisión provisional, como en otro tipo de ámbitos la manejamos con total tranquilidad.

-¿Las órdenes de alejamiento funcionan?

-Muchas se violentan, lo que no sabemos es cuántas dan resultado porque solo nos llegan las que se quebrantan. Sin embargo, los jueces acordamos muchísimas órdenes de protección por lo que queremos presumir que dan resultado.

-¿Por qué cree que algunas víctimas se echan atrás y retiran las denuncias?

-Fundamentalmente por miedo. Suele haber una dependencia emocional muy importante. A veces más fuerte que la propia dependencia económica. La dependencia emocional hace que en el momento de la agresión te decidas a denunciar, pero luego la vida continúa y, si no estás lo suficientemente empoderada, puedes querer continuar la vida con ese hombre porque, a pesar de que te maltrata, le quieres. Pero también hay que reconocer que otras veces se retira por falta de confianza en el sistema institucional. Si las víctimas ven que un fenómeno de violencia de género grave se termina saldando con trabajos en beneficio de la comunidad, por ejemplo, pues eso frustra mucho.

«Impartir justicia es una profesión de riesgo porque hay que tomar decisiones con muy pocos datos»

-¿Cómo valora el nuevo Pacto de Estado contra la violencia de género?

-No sé mucho de él, más allá de lo que he leído en la prensa, pero creo que es importante que haya un Pacto de Estado contra este tipo de violencia, principalmente para que se deje de utilizar como un arma arrojadiza entre los partidos. Ahora han llegado a un acuerdo, aunque finalmente ha habido alguna disidencia, creo que porque no se recogen todos los tipos de violencia de género que se recomiendan desde el Convenio de Estambul. Según he podido saber, este nuevo Pacto sigue limitando la violencia de género solo a la que se produce entre parejas o exparejas. Eso ha llevado a un grupo político a abstenerse en la firma. Además, también ha habido críticas de las asociaciones feministas, alegando que muchas de las medidas adoptadas ahora ya se recogían en la Ley de 2004.

-¿Qué opina del desmarque de Podemos en la firma del Pacto al que ha hecho referencia?

-Creo que el problema fundamental ha sido que querían considerar como violencia de género el atentado contra cualquier mujer por el mero hecho de serlo, y no solo la violencia dentro de la pareja. Es decir, cualquier violencia física, sexual o del motivo que sea contra la libertad de cualquier mujer. Hay que recordar que la ley de 2004, que era avanzadísima para la época, quedó limitada solo al ámbito de las parejas y exparejas, y con este nuevo Pacto de Estado va a seguir siendo así. No sé cómo piensan articular el resto de violencias de género y considero que el desmarque de Podemos viene de ahí. En consonancia con lo que dicen muchos grupos feministas, que además opinan que el dinero es insuficiente.

«El ámbito judicial tiene poco margen para solventar la violencia de género, la clave está en la educación»

-¿Usted cree que es necesario más dinero para desarrollar la Ley en su totalidad y para poder atender mejor a las víctimas?

-Que se necesita más dinero, sin ninguna duda. Pero no pensemos solo en dinero para la Justicia. También se requiere en el ámbito educativo y en el de los Servicios Sociales. Yo no creo que sean necesarios más juzgados de violencia de género, por ejemplo, pero sí más profesionales dentro de los juzgados, y todo eso conlleva dinero.

-Ha mencionado que no hacen falta más juzgados, sin embargo en Bilbao se quejaban recientemente de que había un colapso en los juzgados de violencia de género.

-Quizás habrá que reforzar algunos lugares, pero sé que en otros sitios el volumen de entrada llega al 40%. A lo mejor en Bilbao hacen falta, no lo sé. Lo que sí que es verdad es que el Consejo tiene pendiente hacer un nuevo mapa judicial. Ver cuáles son las necesidades reales y rentabilizar todos los recursos que tenemos, porque no podemos tener algunos juzgados al 30% y otros al 200%. Hay que reorganizar el mapa judicial.

-¿Cuando una mujer es asesinada y tenía una orden de protección les duele especialmente a los jueces ?

-Sin duda, cualquier asesinato de una mujer es un fracaso del sistema institucional, porque no hemos sido capaces de atraerle. No hemos sido lo suficientemente sugestivos para asegurarle a esa mujer que era posible que le fuéramos a ayudar. Ahora bien, cuando una víctima ha confiado en nosotros, le hemos dado una orden de protección, y aún así 'nos' la han matado, el fracaso es estrepitoso porque ella misma se había acercado al sistema institucional.

-¿Ese sistema es efectivo a la hora de evaluar los riesgos?

-Hay veces en que el sistema no ha evaluado bien el riesgo, o una orden de protección ha sido ineficaz, pero hay que tener en cuenta que las órdenes de protección nadie las vigila porque no tenemos policía suficiente. Así que tenemos que confiar en que un papel sea lo suficientemente disuasorio para un maltratador. E incluso también para las propias víctimas, porque a veces son ellas mismas las que dejan acercarse de nuevo a sus maltratadores por la dependencia emocional que tienen.

«Nadie vigila las órdenes de protección porque no tenemos policía suficiente»

-¿Los jueces tienen ayuda a la hora de hacer una evaluación del riesgo?

-Lamentablemente no contamos a nuestro alrededor con muchos profesionales que nos hagan una evaluación del riesgo. Eso es algo en lo que hay que incidir para ayudar a los jueces a acertar. A veces, cuando se produce un asesinato, se cargan las tintas contra un determinado juez que no acordó una orden de protección y al final el caso acaba en asesinato. Pero conviene señalar que, en la mayoría de los casos, el juez no ha contado con instrumentos importantes para acertar. Siempre digo que el impartir justicia es una profesión de riesgo porque tienes que tomar decisiones en muy poco tiempo, con muy pocos datos, y encima tienes que acertar. Por ello, sería bueno que tuviéramos criminólogos en los juzgados para que nos ayudasen a tomar una decisión más rigurosa.

-¿Cada vez que se asesina a una mujer asistimos a un atentado social?

-Por supuesto, en lo que va de 2017 llevamos ya más de una treintena de asesinadas. Esto constituye un problema social de primera magnitud. No estamos ante un fenómeno puntual, sino estructural, y que por supuesto afecta a toda la sociedad.

-¿Cómo valora el hecho de que crezca el número de menores enjuiciados en Euskadi por violencia de género?

-Es un fenómeno verdaderamente preocupante, porque esos menores nacieron cuando ya la violencia de género era un problema visibilizado y sobre el que se estaba hablando mucho. Desde su más tierna infancia están escuchando que es algo repudiable y, sin embargo lo hacen. En cuanto a las medidas para este tipo de casos, son las mismas que se acuerdan para otro tipo de delitos; trabajos en beneficio a la comunidad, libertad vigilada o internamiento, dependerá del tipo de delito y de su gravedad.

-¿De qué manera cree que la sociedad debe actuar ante la violencia de género?

-Creo que ahora hay una mayor concienciación y sensibilización. Son comportamientos que la sociedad rechaza mayoritariamente, pero a veces sucede que nos vamos acostumbrando al fenómeno; salimos en una manifestación pero al día siguiente la vida continúa. Desde luego, la sociedad tiene que estar ahí, pero la mayor responsabilidad es de los poderes públicos. No podemos trasladar el problema a la sociedad.

-A pesar de los pasos que se están dando desde la sociedad para una mayor visibilidad de este problema, ¿cree que aún queda camino por recorrer?

-Sí, hemos avanzado mucho desde la 'no concienciación' de su existencia, porque es un problema que ha existido siempre, solo que antes se trataba de un problema privado al que ni siquiera se le había puesto nombre. Pero la realidad nos pone de manifiesto que nos queda mucho camino por recorrer. A veces se pone el acento solamente en la Justicia, sin embargo el ámbito judicial tiene un margen de actuación muy estrecho que no solventa la violencia de género. El secreto está en prevenirla mediante la educación en la infancia, en la familia, y con los propios ejemplos que damos en el hogar. La educación minimiza la violencia de género, pero para combatirla, el sector Servicios Sociales y la Justicia son muy importantes.

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