Las víctimas de bullying reclaman modernizar los protocolos de actuación

Inés Miguelañez, Julen Sesma, Tamara Martínez y Gemma Pardo, ayer en el auditorio del edificio Ignacio María Barriola./SARA SANTOS
Inés Miguelañez, Julen Sesma, Tamara Martínez y Gemma Pardo, ayer en el auditorio del edificio Ignacio María Barriola. / SARA SANTOS

Acosados y familiares relataron su experiencia en una jornada organizada por la Facultad de Psicología de la UPV/EHU

TERESA FLAÑOSAN SEBASTIÁN.

«¿En qué sociedad vivimos que es más grave ser o parecer gay que ser acosador?». La dura pregunta la verbalizaba Julen Sesma, presidente de la asociación de Pamplona Levántate contra el bullying, en la jornada sobre acoso entre iguales que se celebró la semana pasada en Donostia, organizada por la facultad de Psicología. Formaba parte de la mesa redonda donde se sentaron víctimas de acoso y familiares que se dirigieron a los asistentes, profesionales y alumnos de Psicología y docentes. Sus relatos, en ocasiones entre lágrimas provocadas por el dolor y la impotencia, no dejan indiferente a nadie y en muchos momentos estremecen.

Gemma Pardo, Inés Miguelañez y Tamara Martínez no habían coincidido hasta ese día, pero se reconocían en muchas de las vivencias por las que habían pasado, como víctimas o como sus familiares. En una charla con este periódico posterior a la mesa redonda siguieron poniendo en común sus experiencias y reclamaron «una modernización de los protocolos de actuación, tanto en los centros como en la administración; están obsoletos».

También entienden que muchas veces «los centros callan», aunque Sesma puntualiza que «hay muchos docentes que se involucran, pero una cosa es lo que quieren hacer y otra lo que les dejan hacer». Además, apunta que «es necesario dar herramientas a los niños para que no se callen. La medida más empleada es el cambio de colegio, pero esa no es la solución, es un fracaso absoluto de toda la sociedad».

Inés Miguelañez pertenece a la Asociación de Familias contra la Intolerancia por Género. Su hijo ahora tiene 33 años y sufrió acoso en la escuela, «palabra que entonces desconocía y que con el tiempo he reconocido en lo que él padeció».

Un caso reciente

Miguelañez, que lleva 22 años trabajando en la asociación, recuerda que en un caso de acoso o ciberacoso «todos estamos afectados, familias, centros, alumnos... No nos han enseñado a detectarlos. Los padres llevamos la carga de que nuestros niños tienen que cumplir con los roles estereotipados que fija la sociedad».

Esta madre no quería hablar de su caso, sino de otro que les ha llegado este año a la asociación que, a su entender, es un reflejo de que en ocasiones los protocolos no sirven y de cómo se puede convertir en víctima a un niño acusándolo de acosador.

Se trata de un chaval guipuzcoano de 11 años a quienes unos padres de su colegio denunciaron por abuso escolar sexual. «Unos meses antes se había declarado gay y su familia lo aceptó con normalidad. Al parecer estuvo jugando con dos niños sin que sucediera nada. Al cabo de dos meses llegó a oídos de la comunidad de profesores y de padres, que pidieron al colegio que interviniera, posiblemente asustados por pensar que sus hijos también podían ser gays», explicó ayer Miguelañez.

«Los acosadores pasivos son como quien ve un asesinato y no lo denuncia» Tamara Martínez

«Los padres llevamos la carga de que nuestros hijos deben cumplir los roles fijados por la sociedad» Inés Miguelañez

«A mi hija le llenaban la cabeza de hormigas y después le ponían la capucha» Gemma Pardo

«En qué sociedad vivimos que es más grave ser gay o parecerlo que ser un acosador» Julen Sesma

La Fiscalía dijo que se trataba de un juego de niños. Entre tanto el chaval estuvo fuera de clase durante seis días, «que coincidió con los Carnavales», se le cambió de aula y en los últimos meses el tema ha pasado a la Diputación y a la Inspección de Educación «sin que nadie sepa como asumir el tema». Entre tanto, «un psicólogo le ha tratado para ver si en la infancia tuvo alguna agresión, antes de investigar si realmente hubo algún abuso». Ahora «el niño no entiende por qué le han cambiado de aula, se ha convertido en la diana de todos y en los libros se encuentra amenazas como 'maricón de mierda' o 'te vamos a matar'. Los padres no sabían que hacer y han recurrido a nuestra asociación. Es un caso en el que está involucrado todo el sistema, pero no saben cómo resolverlo».

Pensamientos suicidas

Tamara Martínez tiene ahora 26 años y está estudiando su segunda carrera, además de trabajar desde Bilbao en Nace (No al acoso escolar) Barcelona. Desde 3º de Primaria, recién llegada de una escuela pública a un colegio privado, hasta 2º de Bachiller sufrió bullying. Llevaba un diario en el que ahora que lo ha vuelto a releer se ha encontrado frases como: «Si no llevo chuches nadie va a saber que es mi cumpleaños».

Zorra, puta, monstruo... fueron algunos de los calificativos que escuchó durante años, además de robarle, mojarle ropa en la ducha tras el gimnasio y, finalmente, empujarle por las escaleras. Todo esto le llevó en 2º de la ESO a «querer tirarme de un puente». Pero entonces pensó «para qué, si les va a dar igual».

Solicitó a sus padres que le cambiaran de colegio pero «estaban en un proceso de divorcio y yo era un problema más» y se ampararon en que «es un centro muy bueno». Tamara sintió que le faltaba el apoyo de su madre, a quien todavía sigue culpabilizando en parte. Repetir curso tampoco le ayudó porque en la nueva clase se encontró con el hermano de una de sus agresoras que repitió el rol.

La situación mejoró «un poco» cuando sus padres le apuntaron a taekwondo y pudo hacer frente a algunas de las acometidas que sufría por parte de sus compañeros a quienes culpa, -«aunque si me los encuentro les diría que les perdono»-, lo mismo que a los que llama «acosadores pasivos, porque es como quien ve un asesinato y no lo denuncia».

Tamara escuchó varias veces de boca de un profesor, «con quien todavía me encuentro y baja la cabeza», que no iba a ser «nada en la vida». Ahora, además de seguir estudiando, es asistente social y ayuda a víctimas de acoso desde la asociación Nace como «el caso de un niño de 3 años que acabó en el hospital de Basurto con la cabeza abierta».

Encerrada por la profesora

«Muerta en vida y sé que no me voy a recuperar. Cuando oigo un caso de bullying me pongo mala. Mi marido también lo ha pasado muy mal y ha dicho cosas como 'las escopetas están para usarlas'». Así resume la navarra Gemma Pardo los quince años de sufrimiento que ha vivido junto a su hija, quien le ha pedido que no dé su nombre porque «cree que a la gente no le importa lo que ha padecido». Asegura que su pequeña desde los tres años recibió burlas e insultos constantes de sus compañeros, que le aislaban o, entre otras cosas, «le llenaban el pelo de hormigas y le ponían la capucha». Pero también arremete contra el sistema, «al menos en Navarra», que permite sigan ejerciendo profesores como la que encerró a su hija «por no saber hacer un triángulo». Consiguieron que la chica «fuera un fracaso escolar».

Pardo reclama mayor apoyo de las instituciones «porque en mi caso solo he recibido la ayuda de mi cuñada que es profesora», cuando se encontró con situaciones como la de «querer calificarla de discapacitada intelectual o como sorda, cuando no lo era».

Gemma ha sufrido mucho pero ahora dice con orgullo que «mi hija está sana, y es la empresaria más joven de nuestro pueblo. Lleva conmigo una cafetería-panadería. Me siento muy orgullosa».

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