Un verano normal pese al preludio húmedo y fresco

Todo es consecuencia de la posición que ocupa el anticiclón en Azores, dicen desde Aemet

Javier Peñalba
JAVIER PEÑALBA

¿Quién es el culpable de las condiciones meteorológicas que se vienen dando este mayo? Al margen de la posible incidencia del cambio climático, Margarita Martín, delegada de la agencia Aemet, no alberga la mínima duda de que todo es consecuencia de la posición que ocupa el anticiclón en Azores. «Permanece precisamente en Azores y esta situación permite la llegada hasta el Cantábrico de los frentes fríos situados al oeste de Irlanda. Esto se ha producido de forma persistente en mayo, pero no en abril. En primavera, lo típico son las borrascas en el Golfo de Cádiz y al oeste de Portugal, que hacen que a nosotros nos lleguen vientos del sur y luego se produzcan giros al oeste y noroeste, en forma de galernillas. Es lo que sucedió en la decena central del abril cuando subió el mercurio», explica.

La meteoróloga destaca que en la mayor parte de esta primavera «nos hemos mantenido con vientos prevalentes del norte y noroeste. Estos aportan mucha nubosidad a la costa, que es la causa de que las temperaturas máximas no suban, aunque tampoco bajan mucho las mínimas. Las nubes, sin embargo, no llegan tanto a Álava, de forma que los cielos permanecen despejados y el calor que la tierra ha almacenado durante el día se pierde y la temperatura allí se desploma».

Margarita Martín explica que el posicionamiento del anticiclón determina el clima en Euskadi. «El verano nos llega porque las altas presiones se sitúan en las Islas Británicas. De esta forma, entran masas cálidas desde Marruecos que atraviesan la Península Ibérica. En verano, el viento del norte no llega hasta el Cantábrico porque se debilita, vienen del sur y sureste. Y también del este, el que se conoce como viento francés, que en la estación estival es cálido, aunque en invierno muy frío. Actualmente, estamos en una situación intermedia y ese viento del este no aporta todavía calor».

Martín señala que el comportamiento de este mayo no resulta tan anómalo y añade que «una primavera fresca no predice que el verano también lo sea. Los veranos más lluviosos se han estropeado entre junio y julio, y han venido precedidos por primaveras cálidas y secas. Por ello, el hecho de que la primavera no esté siendo seca y cálida, estadísticamente, apuntaría a un verano normal».

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