«Vendemos la mitad por la lluvia»

El comercio de Gipuzkoa se resiente por las constantes precipitaciones de este invierno. El agua también ha echado a perder buena parte de la cosecha en las huertas del territorio, obligadas a cultivar en los invernaderos

Rosi en su puesto de la Bretxa, la pastelería Izar y el bar Paco Bueno. /ARIZMENDI
Rosi en su puesto de la Bretxa, la pastelería Izar y el bar Paco Bueno. / ARIZMENDI
Aiende S. Jiménez
AIENDE S. JIMÉNEZ

'Calle mojada, cajón seco'. El viejo refrán que utilizaban los tenderos para señalar que cuando llovía su cajón del dinero se quedaba vacío ha cobrado este invierno más sentido que nunca. La lluvia que lleva cayendo incesantemente en Gipuzkoa desde el comienzo del año -el observatorio de Igeldo acumula ya un tercio de la precipitación media anual- ha encogido los bolsillos de los clientes, y eso se nota en las ventas.

Así lo atestigua Edurne Pérez, dependienta en la tienda de moda femenina Kett, ubicada en la Avenida de la Libertad de Donostia. «Se nota mucho, hay mucha menos gente en la calle porque no apetece pasear con tanta lluvia, y la caja se resiente», afirma. La diferencia entre un buen sábado de ventas y otro con lluvia «puede llegar a ser de 1.000 o 1.500 euros en un comercio pequeño como este», asegura. «Cuando hace bueno, se benefician las tiendas que están a pie de calle, mientras que con el mal tiempo son los centros comerciales los que se llenan».

Aunque reconoce que tradicionalmente febrero es un mes «malo, porque la cuesta de enero perdura y la gente quiere ahorrar de cara a la Semana Santa», este año el frío y la lluvia están agravando la situación, «y se está vendiendo más de un 50% menos que un invierno menos crudo». Además, aunque en sus perchas ya cuelga la ropa de la nueva colección, con vestidos y chaquetas de primavera, lo único que se venden son «jerseys de punto, bufandas, gorros y guantes, todo lo que está en rebajas». Estibaliz Tello, presidenta de la Asociación del Calzado en Gipuzkoa, señala a este respecto que el arranque del mal tiempo coincide con el inicio de las rebajas, por lo que «el género de invierno se vende por debajo de su precio, y los beneficios para el pequeño comercio son mínimos». Asimismo, afirma que la lluvia «es la peor compañera para las compras». Julen Maiz, presidente de la Asociación del Textil de Gipuzkoa, achaca la caída de las ventas al mal tiempo y «al cambio de hábitos de compra de los clientes».

Pero no solo el sector textil está sintiendo el 'síndrome del cajón vacío'. El hostelero es otro de los más perjudicados por el mal tiempo. En la Parte Vieja de Donostia, la zona con más bares y restaurantes por metro cuadrado de la ciudad, la meteorología es una condición determinante a la hora de llenar las barras y mesas de comensales. «El 50% de las ventas dependen del tiempo que hace», afirma María Jesús Aranburu, del bar Paco Bueno, situado en la Calle Mayor. «Lo malo es que no están siendo días sueltos, es que llevamos semanas que no para de llover, y al final a nadie le apetece salir a dar un paseíto por lo viejo con un tiempo tan desagradable», señala. Su pintxo estrella es la gamba a la gabardina, «pero estamos haciendo menos masa para que sobre lo menos posible. Y aún y todo, tiramos mucha», afirma. Para María Jesús los meses de enero y febrero en Gipuzkoa han sido «nefastos». «Estamos muy cansados, esperamos tiempos mejores y que la primavera se porte bien», desea.

En la misma calle, la pastelería Izar lleva años vendiendo dulces a donostiarras y visitantes. Detrás del mostrador Marian y Juani confirman que ante la poca afluencia de gente, se han visto obligados a reducir la producción del obrador. «Traemos menos bollería, porque todos los días nos sobra mucha», señalan. «Tanto nosotros como el resto de establecimientos de la Parte Vieja dependemos de que la gente pase por aquí, pero con la lluvia las calles están vacías y no vendemos», afirman las pasteleras. Este pasado fin de semana sirve de ejemplo. «El sábado no llovió, y con el carnaval había mucha gente y trabajamos mucho. Sin embargo, el domingo no paró de llover, se suspendió el desfile, y no vendimos nada».

Con el barro por las rodillas

«Lluvia y más lluvia. Es desesperante». Así resume Iñaki su día a día en su huerta de Hernani, cuya cosecha vende en diferentes establecimientos de Gipuzkoa y también en el puesto que su mujer Rosi regenta junto a la Bretxa, en Donostia. Este año aseguran que las constantes precipitaciones «han echado a perder más de la mitad de las verduras que cultivamos. Tanta agua pudre las raíces, y no hay nada que hacer»». Además, la lluvia ha convertido el terreno en un lodazal, lo que dificulta mucho el trabajo. «Está todo lleno de barro. Hay zonas a las que no puedo llegar con el tractor porque se me queda anclado en la tierra mojada», afirma Iñaki, que pasa ocho horas diarias trabajando en la huerta. «Y no solo este año, llevamos desde noviembre casi todos los días bajo la lluvia», se queja el hortelano, para quien las katiuskas y el traje de agua se han convertido en imprescindibles.

«La mitad de las ventas dependen del tiempo que hace», confirma un hostelero de la Parte Vieja

«Un sábado con lluvia vendemos 1.500 euros menos que uno con sol», calculan en un comercio

En su puesto, Rosi vende todo lo que han podido recoger en campo libre, pero el granizo «ha dejado las verduras con marcas, y aunque hemos salvado producto, también hemos perdido mucho», afirma la hernaniarra. Las precipitaciones les han obligado a cultivar lechugas y acelgas dentro de los invernaderos, «aunque con la falta de sol apenas crecen», y hay ciertas verduras que han dejado de plantar por las lluvias, como los guisantes. Otro de los más perjudicados ha sido el puerro. «Se estropeó en cuanto lo plantamos, con las primeras lluvias de noviembre, y ya no ha remontado. Crece poco y muy corto, y sacarlo nos cuesta una barbaridad», afirma Iñaki.

A pesar de todas las críticas hacia el mal tiempo, hay ciertos sectores en los que apenas afecta a las ventas. Es el caso de las farmacias, que estos meses hacen su particular agosto con la constante venta de medicamentos para paliar la gripe y los resfriados que afectan a buena parte de la población. En la Farmacia Elena Navarro de la calle Loiola de Donostia trabajan Amaia, Marta y Melu, que aseguran que aunque en días soleados «siempre se vende mejor, la gente que compra aquí lo hace por necesidad, llueva o no si quiere curarse tiene que venir».

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