«Vendemos todos los chubasqueros y paraguas»

La lluvia obliga a los comerciantes de la Parte Vieja donostiarra a adaptarse a la meteorología y hacer un agosto particular

PABLO GUILLENEA SAN SEBASTIÁN.

La lluvia no ha pillado desprevenidos a los comercios de la Parte Vieja y Boulevard donostiarras, que saben sacar partido a los días de cielo gris y chaparrones repentinos. «Con la lluvia vemos que hay menos gente en la calle, pero vendemos muchos más paraguas y chubasqueros», valoran los comerciantes. Sus escaparates son representativos de un verano tal vez singular en otros territorios, pero no del todo desconocido para los guipuzcoanos. No están llenos de sombrillas, balones hinchables y cremas de sol sino de paraguas plegables y de cualquier tipo de objeto que sirva para parapetarse del agua.

Y es que ya están acostumbrados a la especial demanda que resulta del clima guipuzcoano. «Llenamos el almacén porque ya sabemos qué es lo que toca», explican. «Por ahora hemos vendido más que el año pasado por estas fechas, pero la diferencia no ha sido para tanto». Con los días de lluvia, la demanda llega a comerse a la oferta: «Cuando empieza a llover nos quedamos sin existencias», cuenta la gerente de una de las muchas tiendas adornadas con la parafernalia donostiarra más tradicional, que sabe que dar prioridad a los paraguas y chubasqueros es la única forma de sacar beneficio a un clima que hace que las ventas de otros productos disminuyan.

A la espera de la Semana Grande, los comercios aún no se atreven a sacar un balance claro. «El año pasado llovió durante las fiestas y por ahora tenemos que esperar a ver qué pasa». Saben que pese a la lluvia la Aste Nagusia llenará las calles de personas que, por imprudencia o exceso de optimismo en una meteorología que no entiende de festividades, saldrán de casa sin sus paraguas. Así, los vendedores sacan a la calle columnas llenas de paraguas y chubasqueros. Saben que será este el mejor reclamo para, gracias a estos obligados compradores, poder seguir haciendo un agosto que presumiblemente estará pasado por agua.

En definitiva, la misma lluvia que obliga a los comerciantes de la Parte Vieja donostiarra a adaptar su oferta nos convierte al resto, turistas y locales, en clientes potenciales -y constantes- de un producto que parece no tener temporada baja en Euskadi, pero que en cualquier caso no deja de ser otra seña de nuestra identidad.

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