En vacaciones, también al garagune

Ibón y Javi se han hecho muy amigos este agosto.
Ibón y Javi se han hecho muy amigos este agosto.

Goyeneche mantiene abiertos dos centros para adultos con discapacidad intelectual

TERESA FLAÑOSAN SEBASTIÁN.

Ibón y Javi se han hecho muy amigos este verano. Se han visto prácticamente a diario, salvo los fines de semana, durante el mes de agosto. Han intercambiado sus teléfonos porque, aunque Javi volverá de San Sebastián a Oñati, donde vive el resto del año, están decididos a mantener el contacto. El garagune de Gros que la Fundación Goyeneche gestiona, en colaboración con la Diputación de Gipuzkoa, ha sido el escenario de este encuentro, pero no ha sido el único. Los garagunes son centros diurnos de atención para personas adultas con discapacidad intelectual. Hasta el año pasado todos cerraban sus puertas durante agosto, pero ahora, conscientes de que sus necesidades son las mismas aunque sean vacaciones, se ha decidido abrir dos -el de la calle Usandizaga y otro en Ibarra- durante el mes que ahora acaba en turnos de quince días, aunque bastantes se han apuntado a ambos.

Lupe Abad también ha disfrutado de este servicio durante el último mes. Su hermana Marisa, con quien vive en el Parte Vieja donostiarra, no tiene más que buenas palabras para esta iniciativa veraniega, especialmente para los responsables y los voluntarios. «Es una manera de que sigan entretenidos, motivados y de que realicen actividades que nosotros normalmente no podemos ofrecerles. Salen, conocen gente y disfrutan de cosas distintas, en lugar de quedarse en casa viendo la tele y comiendo. Como es verano, oscurece más tarde y es mucho el tiempo que hay que llenar. Además, los horarios son muy buenos porque, a diferencia del resto del curso, empiezan un poco más tarde y así ven que también es algo distinto, como de vacaciones. Lupe ha ido más contenta que unas castañuelas».

A Lore Toki

Son muchas y variadas las actividades que realizan. Una a la que se apuntan casi todos es la de acudir a Lore Toki para dar de comer a los caballos, ayudar a limpiarlos e incluso montarlos. Hay que hacer hincapié en la palabra 'apuntar' porque son las personas que acuden a este centro quienes deciden en qué actividades quieren participar. María Muñoz, una de las pedagogas que ha estado al frente de este centro durante agosto junto a Karol González y Cris Salvador, explica que «el primer día nos reunimos todos para conocernos y ver cuáles son las inquietudes de cada uno y organizar los planes, siempre dentro de nuestras posibilidades». El objetivo es que «tengan una vida durante el día y que personas con menos autonomía tengan un apoyo», añade el director de la Fundación Goyeneche, José Ángel Mendiluce.

Muchas veces esos planes previos se trastocan bien por el tiempo o bien porque simplemente les apetece hacer otra cosa. Eso se decide en pequeñas reuniones que realizan cada mañana. Una visita al mercado de Ordizia para adquirir los productos necesarios para luego preparar la comida en el centro, un día de playa en la Zurriola, un recorrido por el Aquarium o clases de repostería son algunas de las alternativas de las que pueden disfrutar.

A Dani Rubio, por ejemplo, le encanta el pintxo pote por el barrio y es que, como comenta, le gusta salir con su cuadrilla de Trintxerpe, a la que suele ver los sábados y domingos, cuando vuelve a su casa familiar desde el piso de Intxaurrondo donde reside durante el resto de la semana. Pero además del aspecto lúdico, Dani, como otros de sus compañeros, también hace labores de voluntariado. «Ayudo a Mohamed en Hernani con el servicio de catering que lleva comida a los garagunes». En este sentido, Muñoz destaca que «tienen muchas ganas de hacer cosas».

«Me gustó ir a Ordizia. Compramos tomates para hacer una ensalada que me sale muy bien» Javi Igartua, Usuario del garagune

«Es una manera de que sigan entretenidos, motivados y realicen actividades distintas» Marisa Abad, Familiar

«Buscamos que tengan una vida durante el día y que personas con menos autonomía tengan apoyo» José Ángel Mendiluce, Director de Goyeneche

«Vengo muy contenta, pero salgo el doble de satisfecha. Recibo más de lo que doy» Belén Prieto, Voluntaria

La piscina es otra de las alternativas. Ane suele ser una de las fijas. Se trata de una nadadora que acumula en su casa un montón de medallas. «Me gustan todas las modalidades», afirma sonriente. También se suelen programar visitas a museos como el del Camino de Santiago en Orio o al de la Real en el Estadio de Anoeta. Tomás, donde más disfruta es cuidando la huerta que tienen cerca de Garbera, e Ibón apuesta por la playa. El oñatiarra Javier Igartua, que durante el resto del año acude al garagune de Arrasate, es uno de los más activos. «Me gustó mucho ir a Ordizia. Compramos cosas para hacer una ensalada de tomate, que me sale muy bien».

Los buenos resultados de la experiencia veraniega, que se inició el año pasado en el centro de la calle Usandizaga y que este se ha extendido a Ibarra, ha llevado a la fundación a ampliar las plazas -han pasado de doce a catorce- concertadas con la Diputación y tienen claro que el año que viene intentarán abrir alguno más. Satur, de Altza, afirma rotundo que él piensa repetir.

Mendiluce comenta que «a diferencia del resto del año, cuando acuden al garagune de la zona donde viven, ven que ahora vienen personas de distintos barrios o municipios y así se conocen y se entablan nuevas amistades» como la de Ibón y Javi que han ido juntos a todas partes este mes. El director de la fundación quiere incidir en que «se trata de un servicio abierto a la sociedad, con una visión horizontal, de igual a igual. Para nosotros es muy motivador ver que vienen con mucha ilusión y que vuelven a casa satisfechos de cómo han pasado el día».

Una figura clave para que estos centros funcionen es la del voluntario, que realiza tareas de apoyo. Han sido cinco personas las que han ayudado y una de ellas es Belén Prieto, que normalmente desempeña la misma tarea en Errenteria. Explica que «vengo muy contenta, pero salgo el doble de satisfecha. Recibo más de lo que doy. Está muy bien organizado. No soy una profesional, pero siempre estoy dispuesta a hablar con ellos. Nos encanta cotillear y charlar de cosas que vemos en la calle». Este detalle, aunque pueda parecer poco relevante, es para Marisa Muñoz muy importante porque «nosotros tenemos una perspectiva de las cosas más profesional, pero los voluntarios nos dan vidilla y nos aportan realidad, además de la calidez que nos trasmiten».

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