«Mis trillizos lo son todo para mí»

Los trillizos Mireia, Andoni y Maddi, junto a sus padres./
Los trillizos Mireia, Andoni y Maddi, junto a sus padres.

Asun, una madre hernaniarra, relata su aventura de ser madre con reproducción asistida

JUDITH URQUIJO

La edad para ser padres se ha retrasado mucho en Euskadi en estas últimas décadas y, con ello, han aumentado las dificultades para que tenga lugar un embarazo. Por ello, cada vez más parejas recurren a la reproducción asistida a la hora de lograr el sueño de la maternidad.

Muchas mujeres se someten a entre tres y siete inseminaciones antes de lograr quedarse embarazadas. El tratamiento entraña, además de las molestias físicas, consecuencias psicológicas importantes. Las fecundaciones o inseminaciones rara vez funcionan a la primera, una situación que va minando la esperanza de las personas sometidas al proceso. La hernaniarra Asun Ugalde sabe bien lo que es pasar por ello y, con motivo del Día de la Madre que se celebra hoy, recuerda aquella aventura cuando se cumplen 21 años del feliz nacimiento de sus trillizos: «Lo son todo para mí». Asun se casó joven y trató de ser madre pero sin éxito. Finalmente, tras muchos intentos y largos tratamientos, lo consiguió. Por partida triple: Mireia, Andoni y Maddi Otxoterena.

Son tres de los 5.010 niños que han nacido ya en Gipuzkoa mediante las técnicas de reproducción asistida de Hospital de Día Quirónsalud de Donostia, cuyo equipo es pionero en todas estas técnicas en el territorio. «Empezamos hace 25 años y hasta ahora. En 1994 tuvimos el primer nacimiento por fertilización in vitro y en 1996 el primero con micro inyección espermática. Desde entonces, hemos participado en el inicio de cualquier técnica y eso es un auténtico privilegio. Al principio nos costó ocho años llegar a los primeros mil embarazos y ahora, al optimizarse todo cada vez más, cada cuatro años logramos llegar a los mil. Se puede decir que hemos contribuido a aumentar la fertilidad en Gipuzkoa», explica Koldo Carbonero, responsable del Servicio de Ginecología y Obstetricia de Quirónsalud.

«Tenía 33 años cuando me dijeron que estaba embarazada, fue algo mágico», explica Asun

Asun y su marido empezaron el tratamiento tras varios años intentándolo y tras haber probado diferentes técnicas naturales poco exitosas. «Siempre he tenido problemas con la regla y he de reconocer que intuía que algún problema podría llegar a tener para poder quedarme embarazada. Al principio empezamos con tratamientos sencillos pero a medida que pasaba el tiempo se iba haciendo más cuesta arriba y decidimos probar en Quirónsalud», recuerda la hernaniarra.

Tenía tan claro que quería ser mamá que se sometió dos veces a este proceso. No dejó de intentarlo a pesar de que la primera vez no saliesen las cosas como esperaban.

«A la segunda fue la vencida y lo logramos. Tenía 33 años cuando me dijeron que estaba embarazada, fue un momento mágico», explica Asun.

Aunque la verdadera sorpresa se la llevó cuando le dijeron que venían tres en camino. «Nunca dudamos en tenerlos a pesar de lo que te cuentan y de los problemas que te dicen que te puede conllevar. Me dijeron que podría ser peligroso y que podría no salir como esperábamos, pero en ningún momento lo dudamos y seguimos con el proceso hasta el final».

«Hace años no había límite en el número de embriones que se podían transferir pero las condiciones y los equipos han mejorado mucho y se procura que no haya embarazos múltiples. Es preferible elegir muy bien un embrión o dos como muchos para evitar riesgos», explica la Miren Mandiola, directora del Laboratorio de Reproducción Asistida del centro.

«Repetiría el proceso»

A pesar de la ilusión de esta madre y de haber tenido un embarazo «bastante bueno y normal», las cosas se complicaron un poco al dar a luz. «Nacieron con seis meses y pesaron muy poco, por lo que tuvieron que estar dos meses en la incubadora. Si me volviera a pasar ahora no te voy a negar que estaría muy preocupada, pero bueno, tuve la suerte de tener al mejor equipo conmigo y todo fue bien, por lo que volvería a repetir el proceso con los ojos cerrados».

«Ahora tienen 21 años y no puedo estar más orgullosa de ellos. Son chavales maravillosos, sanos y no sé qué haríamos sin ellos. Lo son todo para mi marido y para mí», apostilla.

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