«El trabajo se adapta a ellos, y no al revés»

Isabel es la encargada de repartir las pulseras de las cabinas colectivas a los usuarios de La Zurriola.
Isabel es la encargada de repartir las pulseras de las cabinas colectivas a los usuarios de La Zurriola. / SARA SANTOS

Las cabinas colectivas de las tres playas donostiarras se coordinan con personal de Gureak. El aumento de hurtos en la arena ha incrementado el número de usuarios de las taquillas, en las que por euro y medio se pueden depositar las pertenencias

OLAIA OYARZUN SAN SEBASTIÁN.

En temporada estival la banda sonora entre los bañistas de las tres playas donostiarras no es otra que la hora de apertura y cierre de las cabinas colectivas. Un servicio muy extendido en La Concha, Zurriola y Ondarreta, que con el paso de los años, ha ido adaptándose a la oleada de turistas que también las frecuentan. Casi una treintena de trabajadores de Gureak, la mayoría con alguna discapacidad, se encargan de gestionar la limpieza y la atención a los clientes en estos arenales.

Los vaivenes meteorológicos han sido la tónica habitual durante estos meses de verano en la capital guipuzcoana, un factor que determina «completamente» cómo transcurre la jornada laboral para Loren, Aitor e Isabel: la plantilla de la cabina colectiva de la playa de la Zurriola. «Despertamos mirando al cielo», aseguran, porque de él dependerá su jornada. Los días que amenacen despejados tienen una consecuencia directa en su oficina: «Los días de calor no para de venir gente cada minuto, casi no damos abasto», cuenta Loren, la encargada de las instalaciones. Incluso, «han sido muchas las veces que nos hemos quedado sin pulseras debido a la gran demanda que hay».

Las cabinas colectivas, situadas en los bajos de las tres playas, llevan 16 años ofreciendo servicios de taquillas y duchas. Una demanda que ha ascendido «muchísimo» en los últimos años por el aumento de turistas extranjeros que aterrizan en la capital guipuzcoana. Así lo constata Loren. Después de seis años ayudando y coordinando a estos trabajadores asegura que «ellos han vivido de cerca la evolución del turismo, y han tenido que aclimatarse a esta nueva etapa en las playas». Aunque, a la postre, aprender idiomas ha sido el gran reto al que se han enfrentado.

«El verano es de mi querida Zurriola», dice Aitor, que el resto del año trabaja en las otras cabinas

Nada más salir de la arena y cruzar el largo pasillo por el que se accede a las cabinas colectivas se encuentra Isabel, sentada tras la ventanilla de atención al cliente. Ella se encarga de repartir las pulseras para las taquillas y las duchas. A su vez, recauda el dinero de las fianzas que depositan los clientes por si extravían las llaves de las consignas.

Frente a la garita se encuentra la información que con mayor frecuencia se requiere entre los turistas. El Ayuntamiento donostiarra detalla las tarifas de precios en él, algo que «ayuda y facilita mucho mi trabajo», explica Isabel. A sus 58 años, ha pasado por empleos muy diversos con Gureak: desde residencias de ancianos hasta polideportivos. Sin embargo, entre todos ellos, escoge las cabinas colectivas. «Disfruto mucho aquí, se forman muchas anécdotas entre tanta gente», afirma. Y es que, depués de cuatro veranos trabajando en la Zurriola, Isabel ha encontrado su lugar en el mundo laboral, un trabajo adaptado a sus capacidades. Precisamente, el objetivo que pretende cumplir este grupo empresarial vasco.

«Trabajar con ellos es un tesoro», se felicita Loren, «tengo muy asumido que ellos no se adaptan al trabajo, el trabajo se adapta a ellos». Gracias a los análisis que realizan los psicólogos e integradores sociales del personal de Gureak, encuentran un puesto específico para cada persona, «intentan que cada cuál se sienta a gusto en la labor que tiene que realizar», dice.

Algo que también constata Aitor, trabajador en la cabina colectiva de la Zurriola desde hace once años. Un auténtico experto. Él trabaja en las cabinas colectivas de La Concha y Ondarreta durante todo el año, excepto en junio, julio y agosto: «El verano es de mi querida Zurriola, la más tranquila de las tres», afirma muy sonriente. Durante los tres meses de temporada estival su trabajo consiste en «mantener limpios los tornos, controlar la entrada de personas y echar un manguerazo a toda la cabina». A sus 44 años, afirma haber visto «de todo» en las tres playas, pero destaca el aumento de hurtos en los enseres personales. Por eso, «cada vez más bañistas prefieren pagar un euro y medio y mantener en un lugar seguro sus pertenencias», comenta, «así disfrutan tranquilos del rato que están en la playa».

Cabinas en invierno

Las cabinas, además de ser lugar de encuentro entre bañistas y trabajadores de Gureak, también se utilizan para consignar los objetos perdidos o ayudar a los padres a buscar a niños extraviados entre el tumulto. Todo ello mediante la megafonía, de la que también se encarga el personal de Gureak.

A pesar de que afirman no tener 'casi' nunca malas experiencias con los clientes, la tensión y los nervios por los que han pasado algunas personas al haber sufrido robos, han causado algún que otro episodio desagradable. «Hace poco una mujer dejó su anillo de compromiso encima de una taquilla mientras se duchaba, y cuando volvió ya no estaba», relata Aitor. «Vino a pedirnos explicaciones a nosotros muy cabreada, pero más tarde nos pidió perdón por las malas formas». No obstante, «son casos aislados, la gente es muy educada con nosotros», afirma.

Un clima que también es excepcional entre los trabajadores. Como novedad, este año se abrirá la cabina colectiva de la Zurriola durante todo el año, como se hace en las demás playas de Donostia. Noticia que les ha alegrado muchísimo a Isabel y a Aitor. «Somos como una pequeña cuadrilla, en invierno solía ir a visitar a Aitor a La Concha. Este año no hará falta», celebra Isabel. Se queda en su «querida» Zurriola.

Fotos

Vídeos