«Hay que trabajar el cerebro para que funcione con calidad»

Los olvidos son el primer signo que alerta sobre un posible caso de alzhéimer, ya que la pérdida de memoria es su síntoma cardinal

A.S.J.SAN SEBASTIÁN

No se trata de alarmar, pero sí de concienciar. Los olvidos o los pequeños despistes no tienen por qué ser síntoma de un deterioro cognitivo grave, pero sí pueden ser un aviso que conviene consultar con un especialista. La premisa es sencilla: si tiene olvidos, consúltelo, porque puede no ser nada preocupante y, en caso de que lo sea, hay muchas cosas que se pueden hacer para mejorar la memoria.

Los olvidos son el primer signo que alerta de un posible caso de alzhéimer, ya que la pérdida de memoria es el síntoma cardinal de la enfermedad. Al principio, en los primeros estadios, se traduce en no recordar hechos o datos recientes o hacer preguntas de forma repetitiva. Los afectados empiezan por olvidar fechas señaladas, los nombres de personas conocidas o pierden objetos por no recordar dónde los colocaron por última vez. No es el caso de Ana Flores ni de Ernesto Gurrutxaga, que hasta el día de hoy no han sufrido situaciones de este tipo.

Entonces, ¿por qué nos ocurren esos pequeños olvidos o despistes? El proceso de la memoria se divide en cuatro fases: adquisición, integración/consolidación, almacenamiento y recuperación. La disfunción de cualquiera de ellas se manifiesta en forma de olvidos. Pero su causa y significado son bien distintos: olvidar por no prestar atención es muy diferente a olvidar por no tener acceso al recuerdo. O lo que es lo mismo, los olvidos generados por el estrés de Ana no son equiparables a los que tiene Ernesto, fruto de la edad.

Existen ‘clases’ de memoria que clasifican los recuerdos:a corto plazo, emocional, espacial...

Además, existen diferentes ‘clases’ de memoria que se ocupan de clasificar los recuerdos. Lo que conocemos como memoria a corto plazo permite recordar un puñado de datos, como un número de teléfono o una dirección, durante 15 ó 20 segundos, el tiempo necesario para apuntarlos. Es la base de la memoria de trabajo, esencial para desenvolvernos con éxito en el día a día. La información importante que se genera en ese espacio es transferida a la memoria a largo plazo, donde permanece durante años. Esta nos permite saber que París es la capital de Francia o recordar un día concreto importante en nuestra vida, como el cumpleaños de un hijo o el día de nuestra boda. Asimismo, hay una memoria espacial gracias a las neuronas GPS y una memoria procedimental, automatizada, que es la que posibilita que no se nos olviden actos aprendidos como nadar, conducir o andar en bici. Existe también una memoria emocional, gracias a la cual se recuerda con nitidez lo que hacíamos en fechas como el 11-S.

Pensar en el futuro

Los expertos recomiendan cuidar la memoria. Al fin y al cabo, es la que nos permite ser protagonistas de nuestro pasado, presente y futuro. Tanto Ana como Ernesto coinciden en que la prevención y la búsqueda de técnicas que fomenten su desarrollo intelectual contribuyen a que su cerebro tenga una mayor salud en un futuro.

«Aunque no tengamos alzhéimer, nunca se sabe qué ocurrirá dentro de un tiempo, y es importante que trabajemos el cerebro para que pueda seguir funcionando con calidad la mayor cantidad de años posible». Ellos lo hacen, de maneras distintas, pero eficaces en cada caso.

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