Día contra la violencia contra la mujer

«No soporto que me odie por haber contado que me pegaba»

Una donostiarra que fue maltratada por su expareja cuenta su experiencia y afirma que para las víctimas el proceso judicial es «duro, largo y complicado»

AIENDE S. JIMÉNEZ

María (nombre ficticio para preservar su identidad), tiene 40 años y vive en Donostia. Aunque han pasado varios años desde que se separó del que fuera su pareja, las secuelas psicológicas por el maltrato que ejerció sobre ella son aún evidentes. Solo sale de casa para llevar a su hija al colegio o hacer la compra, no ha podido volver a trabajar y admite que le cuesta citarse con amigos. La razón solo tiene un nombre: miedo. «Cuando voy por la calle miro hacia atrás por si está él o algún amigo suyo».

Su historia empezó siendo muy joven, y aunque admite que desde el principio vio «cosas que no encajaban» en él, pensó que eran «manías», que con el tiempo iría cambiando. «No quería ver que aquello ya eran pequeños maltratos psicológicos», reconoce. Afirma que en una ocasión pensó en dejarlo, pero el poder que él ejercía sobre ella era tal que llegó a convencerle «de que lo mejor que me podía pasar era estar con él».

Fue pasando el tiempo, y llegaron los planes de boda. «Para entonces me daba vergüenza hasta salir de casa», confiesa María. Se casaron y con la convivencia los problemas fueron a más. «Me montaba broncas por cosas que no tenían que ver conmigo, pero se crea tal dependencia que yo acepté que mi obligación era desenfadarle, que él estuviera bien». Eso provocó que poco a poco, de forma sutil, se fuera alejando de su entorno, al que reconoce que mentía para evitarles. «Pones excusas para no tener que quedar, porque sabes que así te ahorras problemas, y te aíslas. Vas construyendo un puzzle de mentiras para que todas las piezas encajen a la perfección, y nadie sospeche», cuenta María.

Dejó de trabajar, «porque era más cómodo. Así no salía, no me relacionaba con otros, y menos problemas podíamos tener. Eso era lo que yo pensaba». El tiempo siguió pasando, un tiempo en el que María fue encerrándose cada vez más en casa. «Tengo una foto con él después de la boda, que recuerdo perfectamente que en ese momento estaba pensando: ‘¿cómo acabaremos?’. Y ahí todavía no me había puesto la mano encima».

La primera vez

El maltrato físico llegó poco después de que fueran padres. María afirma que no sabía cuándo, pero que en su foro interno sabía que ese día acabaría llegando. «Lo que ocurre es que yo me había imaginado todo de una forma más bestia, y el empezó pegándome ‘poco’», dice. No tuvo ninguna reacción, no se lo contó a nadie. «Era fácil esconderlo porque apenas me dejó marcas físicas. Además yo pensaba, ¿a dónde voy a ir?». Su memoria es incapaz de saber durante cuánto tiempo estuvo pegándole. «Me fue rompiendo a cachitos, y nunca conté nada, por miedo a que se enfadara, y porque era el padre de mi hija, del que estaba totalmente enamorada», admite. La pequeña presenció alguna de las palizas, que con el tiempo se volvieron más frecuentes y también más violentas. Hasta que llegó la última, «la más fuerte», la que provocó que María sacara por fin fuerzas para decir «hasta aquí».

Las huellas que el maltrato ha dejado en ella son aún muy profundas. En estos años ha necesitado la ayuda de psicólogos y psiquiatras, que sin embargo no han conseguido que deje de sentirse culpable por haber revelado que fue maltratada. «No soporto que él me odie, porque aún le sigo queriendo. Necesito que me perdone por haberlo contado».

«La verdad no sirve»

Hace años que María comenzó un proceso judicial que hoy todavía perdura, un proceso que es «duro, largo y muy complicado» para las víctimas, tal y como denuncia la donostiarra, que ya no confía en la justicia. Su contacto con abogados, jueces y tribunales le ha producido un desencanto tal que afirma contundente que «la verdad no sirve para nada». «Yo era muy inocente, y pensaba que en los juicios nadie mentía, pero me he dado cuenta de que eso no es así», asegura con indignación. Su crítica continúa. «Si no te ven muerta parece que no se creen que te hayan pegado. Yo no tengo pruebas físicas, pero los informes psiquiátricos que me han hecho demuestran que aún hoy sigo sufriendo estrés postraumático».

Se ha sentido juzgada en todo momento. «Mi relato siempre ha estado cuestionado. Te sientes juzgada 24 horas al día durante toda tu vida. Y no solo por los jueces, también por el resto de la sociedad», indica. «Tengo amigos y conocidos que lo único que han sabido decirme es, ‘¿y por qué no lo denunciaste antes?’». Para ellos tiene una respuesta clara. «En la tele te lo venden muy fácil. Llama y denuncia. Pero la realidad no es esa. Es muy difícil denunciar».

Como a muchas mujeres, el caso de la joven madrileña que denunció haber sido violada por ‘la manada’ durante los sanfermines de 2016 ha indignado a María. «Te das cuenta de que el tamaño de la minifalda sigue importando. Y estamos en pleno siglo XXI», recalca. Respecto al hecho de que el tribunal haya aceptado un informe sobre la vida personal de la chica, señala que «me molesta más que un detective haya aceptado realizar ese trabajo, por una cuestión ética, que la parte jurídica, que ya he aprendido cómo funciona». Además considera que «el proceso se alarga en detrimento de las mujeres, y en cambio se ayuda al que ha hecho el mal».

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