Teresa del Valle: «Soy mujer y como tal me indigna cuando esa condición me quita oportunidades»

Teresa del Valle, en la plaza de Cataluña del barrio donostiarra de Gros./MICHELENA
Teresa del Valle, en la plaza de Cataluña del barrio donostiarra de Gros. / MICHELENA

«Soy optimista porque creo que los hombres se van dando cuenta de que las relaciones igualitarias les aportan un mayor bienestar», asegura la Catedrática, antropóloga y feminista

ANA VOZMEDIANOSAN SEBASTIÁN.

Es donostiarra, tiene ochenta años que no esconde y cuenta con un historial académico y laboral tan extenso que ocupa varias páginas de la enciclopedia Auñamendi. Fue la primera profesora y después la primera catedrática de Antropología en el País Vasco, después de su experiencia en Estados Unidos y la tesis que realizó en Micronesia. Está encantada de vivir la situación actual, no mira el pasado y todavía se sorprende cuando alguien le dice en tono de advertencia eso de «yo no soy feminista, ¿eh?»

- Su currículum es impactante y más si se tiene en cuenta que usted es una mujer nacida en plena Guerra Civil hace ya unas décadas. ¿Cuántas veces se ha sentido maltratada o discriminada en su camino profesional por su género?

- Creo que la palabra exacta es ninguneada, incluso discriminada, pero no maltratada. He sido muy peleona, he luchado siempre por las cosas porque soy consciente de que tengo que hacerlo.

«El cuidado sigue asociado a la mujer, sea de niños, mayores o enfermos»

- No me imagino cuánto debe costar llegar a ser la primera profesora de Antropología Social y la primera catedrática de esta materia.

- Te tengo que decir que, pese a todo, he tenido oportunidades, gente que me ha apoyado, no a través de medios extraños, no, sino porque me reconocieron los méritos que podía tener. Creo que estudiar en Estados Unidos fue clave para mí, lo que aprendí fue importante y encontré gente que creía en mí.

- ¿Cómo era esa universidad a la que usted llegó?

- Nunca estudié en la universidad vasca ni española. Estudié en Bérriz con las Mercedarias Misioneras a las que me agregé para poder trabajar en Micronesia. Había estudiado Piano y las Mercedarias me mandaron a Estados Unidos donde estudié Arte e Historia. Por fin llegué a Micronesia donde participé en un proyecto de investigación con alumnado de Oceanía. El impacto de llegar a la universidad tres años después de morir Franco fue grande.

- Algo hemos mejorado. ¿O no?

- Han cambiado mucho las cosas, sobre todo porque muchas mujeres tienen conciencia de cuál es la situación. Lo normal es que una chica universitaria tenga una conciencia feminista muy profunda, mientras que la visión durante el franquismo era muy limitada. Hay más posibilidades.

- Sin embargo queda un camino muy largo. Parece, además, que el movimiento feminista, las reivindicaciones de la mujer han adquirido un protagonismo especial en este último año, que se ha producido una eclosión.

- Me parece que hay razones individuales y colectivas. Tú puedes estar indignada sobre cómo se accede a una promoción, pero si esa indignación la compartes con unas personas o con unos grupos, con gente que está formada, el balón empieza a rodar. En dos o tres años se ha producido esa eclosión que dices, en la que también ha influido que algunos partidos políticos se han hecho militantes. Hay manifestaciones muy amplias en la universidad, las instituciones ven que el feminismo no es pasajero, que está vinculado a los derechos humanos. Tampoco hay que olvidar el papel de algunos partidos que se han apuntado a estas movilizaciones porque saben que vende.

- Se define como feminista. Dígamé, ¿qué es ser feminista, a su juicio?

- Es tener conciencia de que eres una persona que vives en una sociedad, que perteneces a un mundo en el que tienes obligaciones pero también derechos y que quieres trabajar en igualdad. Soy mujer y como tal me indigna cuando esa condición me quita oportunidades. No creo que tenga que pensar todo el rato en ello, sino decirlo cuando debo. He impartido antropología feminista y durante uno de los cursos pedía la lectura de 'El segundo sexo', de Simone de Beauvoir. Luego debatíamos en clase. Un alumno me dijo que no estaba de acuerdo con esta lectura obligatoria, pero le pregunté si protestaría si en Economía le hicieran leer 'El Capital'. No dijo nada. Lo leyó y me dijo que entendía por qué pedía su lectura.

- Todo esto culminará con una huelga el 8 de marzo, una movilización un poco peculiar. ¿Qué opina sobre ella?

- No sé muy bien en qué consiste, aunque me imagino que antes del día 8 se aclararán las cosas. Pienso que es un intento de socializar un malestar, de protestar por todas esas promesas que no se cumplen. Nos tenemos que poner duras, sino no salimos de esta.

- Las reivindicaciones son, por ejemplo, la eliminación de la brecha salarial entre mujeres y hombres. ¿Cómo es posible que algo tan obvio deba ser exigido?

- Porque la situación se asume como si fuera normal, como se admite que los trabajos en los que predominan las mujeres estén más penalizados. No se reconoce que la hora de un hombre vale más que la de una mujer aunque sea una realidad, ni que las promociones tampoco son lo mismo para mujeres y para hombres. Creo que hay un descontento muy fuerte que antes solo se vivía en pequeños grupos.

- ¡De la igualdad de oportunidades ni hablamos!

- Es que viene ligada a lo anterior. Fíjate que el propio sistema educacional, en la UPV, hay rectora por primera vez y es la tercera de todo España. Ese descontento por la falta de oportunidades, esa indignación, ha calado entre la gente más joven y las redes sociales también han tenido importancia.

- O de conciliación. ¿Cómo lo consiguió usted con una carrera profesional tan exigente?

- Tengo dos hijas, pero no es cuestión de hablar de mi caso concreto, sino de algo tan importante como es el cuidado, de quién cuida a los niños, a los enfermos o a los mayores. Las mujeres tenemos incorporado de una forma tan fuerte que es cosa nuestra que todavía queda mucho trabajo por hacer. El peso del catolicismo, del cristianismo, al vincular estos deberes a la madre ha quedado tan incrustado en la sociedad que resulta muy difícil conciliar el trabajo con la responsabilidad. Más allá de los niños... ¿A quién ves en una residencia de ancianos o en un hospital?

- ¿Dónde radica la verdadera igualdad entre sexos?

- ¿Dónde? En la capacidad de negociación y en responsabilidad compartida, tanto en la vida cotidiana como en las relaciones en el trabajo. Cuando creas una conciencia de lo que tú eres, de que tienes tus derechos y eso tú te lo crees y te lo trabajas, ya das pasos importantes.

- Tengo seis sobrinas, ¿qué les digo sobre cómo encarar sus aspiraciones, sean las que sean, para que ser mujer no les perjudique?

- Para empezar no decirles que ser mujer les puede perjudicar para que ellas puedan seguir el camino que les interesa sin ponerles en situación de alerta. Deben tomar las riendas y tirar para adelante si hay cosas que les gusta. Diles ¿cómo es que no puedes hacer eso porque eres chica?

- ¿Y qué les digo a mi hijo, a sus primos y a sus amigos para que les permitan hacerlo y consigan esa sociedad igualitaria?

- Ponles ejemplos, aunque en el caso de los chicos la cuadrilla puede influir negativamente. Cada vez hay más mujeres dispuestas a debatir y a administrar bien el poder y cada vez hay más hombres que se han dado cuenta de que unas relaciones igualitarias les proporcionan mayor bienestar.

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