Más de 4.000 guipuzcoanos piden ayuda para pagar la luz y el gas

Unas 140.000 personas en Gipuzkoa, según el último observatorio de 2014, se declaran incapaces de mantener su vivienda a una temperatura adecuada./RAMÓN L. PÉREZ
Unas 140.000 personas en Gipuzkoa, según el último observatorio de 2014, se declaran incapaces de mantener su vivienda a una temperatura adecuada. / RAMÓN L. PÉREZ

El 11% de los hogares desembolsa una cantidad desproporcionada, por el alza del precio eléctrico y los problemas de aislamiento de los pisos

ARANTXA ALDAZSAN SEBASTIÁN.

Para combatir el frío dentro de un hogar basta con encender la calefacción, un gesto aparentemente sencillo que cerca de 4.000 personas en Gipuzkoa no pueden hacer siempre que lo necesitan. El riesgo de no poder afrontar la factura energética impide a muchas familias mantener sus hogares a temperaturas adecuadas. Cada vivienda consume al año una cantidad de energía que asciende a 410 euros por persona, según datos recogidos por el Gobierno Vasco. Casi la mitad de esa factura se debe al uso de la calefacción, aunque en verano la pobreza energética no desaparece. El agua caliente de la ducha, el consumo de electrodomésticos, la cocina y la iluminación, por este orden, se reparten el resto del desembolso. Y hay más cifras que ponen a temblar al bolsillo: esa factura ha crecido en los últimos ocho años muy por encima de otros parámetros económicos, ya que ha pasado de 718 euros por hogar a 1.037 euros en 2015, advierte el Ararteko, Manuel Lezertua, que ha situado el problema en su lista de prioridades como defensor del pueblo.

La pobreza energética no es un fenómeno nuevo, pero sí es reciente su abordaje específico desde las políticas públicas. Casos como el de la anciana de Reus, que murió hace un año en un incendio al olvidar apagar las velas de su casa, después de que Gas Natural Fenosa le cortara el suministro, reabrieron el debate y pusieron bajo el foco la vulnerabilidad de las personas sin recursos a la hora de afrontar el gasto energético. No hay una estadística oficial para medir la extensión del fenómeno. De hecho, la propia definición de pobreza energética se ha ido ampliando y ahora se entiende que va más allá de la dificultad económica que padecen muchas personas para mantener su hogar a una temperatura adecuada. A la falta de renta, se suman otros factores como la eficiencia energética de la vivienda -en Euskadi el parque inmobiliario es muy antiguo y sufre problemas de aislamiento- y el incremento del precio de la factura de la energía, plasmó en unas jornadas recientes el Ararteko. El Observatorio de la Pobreza Energética de Gipuzkoa constató que un 20% de la población del territorio (unas 140.000 personas) en 2014 -los últimos datos publicados- era pobre desde el punto de vista energético: bien porque tenía un gasto excesivo en energía en relación a sus ingresos, bien porque no podía mantener su hogar a temperatura adecuada o acumulaba retrasos en el pago de la luz y el gas.

Consejos de Argitu

Electrodomésticos
Si tus electrodomésticos tienen más de 10 años estás consumiendo el doble de electricidad que con los modelos actuales, especialmente con los de etiqueta energética A +++.
Termostato
Un sistema que encienda y apague la calefacción de forma automática teniendo en cuenta la temperatura de la casa es «casi imprescindible». La temperatura recomendada oscila entre los 19 y los 21 grados. Para dormir, va de los 15 a los 17 grados.
En Navidad
Lo recomendable para no aumentar el consumo es no recurrir a guirnaldas de luces de decoración, pero para aquellos que no quieran prescindir de este ornamento se aconseja utilizar luces LED, que aunque son un poco más caras ahorran consumo

Una partida concreta

Uno de los barómetros más utilizados sigue siendo el de la demanda de ayudas de emergencia social (AES), las subvenciones que financia el Gobierno Vasco y que luego los ayuntamientos completan con fondos propios y distribuyen desde los servicios sociales de base. Desde este año, existe una partida concreta destinada a energía, lo que permite saber con exactitud cuántas personas necesitan ayuda económica para pagar las facturas y evitar un corte de suministro. No se trata en sí de una nueva prestación, porque hasta ahora también se concedían, pero estaban recogidas en otro epígrafe junto con otros gastos de mantenimiento del hogar.

El retrato actual sí permite ver la magnitud concreta del problema. Un tercio de estas subvenciones ya se destinan a sufragar el gasto energético. En total, en lo que va de año en Euskadi se han recogido 13.129 solicitudes, que han supuesto un desembolso de 5,6 millones de euros. En Gipuzkoa, han sido 3.988 demandantes que se han repartido 1,8 millones, lo que arroja una media de 448 euros por persona. Además, en 2015 Euskadi introdujo por primera vez una partida en el presupuesto del Gobierno Vasco para ayudar a familias con dificultades para pagar el gasto de calefacción y que no tuvieran acceso ni a las ayudas de emergencia ni a la Renta de Garantía de Ingresos (RGI). El Gobierno Vasco también aporta otro dato revelador. 42.291 personas en Euskadi sufrieron cortes de suministro de agua, luz o teléfono en 2016, un 19% menos que en 2014, cuando fueron 52.413 afectados.

Si complejo es el problema, también la solución. A medida que se ha ido extendiendo la preocupación social, se han ido adoptado estrategias públicas para proteger a los consumidores vulnerables dentro del mercado energético, repasa Lezertua. Esas directivas, en resumen, obligan a los Estados miembros a desarrollar planes de acción para hacer frente a la pobreza energética, que garanticen el suministro de energía necesario para esos clientes ante la imposibilidad de pagar las facturas.

El nuevo bono social

En España, se acaba de actualizar la regulación del llamado bono social, un descuento en la factura eléctrica que las empresas comercializadoras deben aplicar a esos clientes vulnerables que cumplan los requisitos por su nivel de renta y determinadas circunstancias personales. En resumen, se establecen tres tramos de descuentos del 25%, 40% y 50%, y se amplía a nuevos colectivos como son los pensionistas con rentas mínimas, las familias numerosas -con independencia de su nivel de renta-, y víctimas de violencia de género o terrorismo. A los consumidores más vulnerables, aquellos que estén en riesgo de exclusión social, no se les podrá cortar el suministro de electricidad. La normativa, sin embargo, se vincula exclusivamente al sector eléctrico y no se aplica, de momento, al del gas, cuyas obligaciones derivadas de la directiva europea de 2009 continúan sin transposición, lamenta desde la Defensoría del Pueblo Vasco.

El Ararteko se felicita por los pasos dados y remarca el esfuerzo en ayudas que viene haciendo Euskadi, pero insiste en la necesidad de seguir afrontando el problema con una estrategia común entre todos los poderes públicos, que requiere identificar a los colectivos más vulnerables, reconocer el deber de información sobre cómo ahorrar en la factura e incrementar la eficiencia energética de las viviendas. «Las políticas sociales han mejorado, y mucho, la situación -concluye Lezertua-. Sin embargo, el número de afectados por la pobreza energética evidencian que no se han evitado las dificultades de los consumidores más vulnerables».

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